sea blue & ujule
rachid
1.
- me dio gusto saludarte, tía – dije a la hermana de mi madre con quien
había conversado poco más de media hora esa tarde del sábado.
- a mi también – dijo y estábamos a punto de cortar la llamada cuando
agregó – mañana te llegará un regalo que te mandé con el chofer.
- vaya – dije extrañado pues no somos de tener esos detalles.
- ya lo verás - dijo con aire misterioso – es una sorpresa y te sentirás
orgulloso – y añadió – ya sabes: el día que quieran venir a descansar a la
hacienda tú y tu esposa, me avisan para organizarles todo.
- claro – dije evasivo – lo vemos con calma.
- tú me dices el día y mando al chofer por ustedes – ofreció – así te
olvidas de pasarte cinco horas en un autobús.
- muchas gracias – dije, nos despedimos y cortamos.
Me quedé pensativo y decidí que en cuanto llegara mi esposa de cenar con
sus amigas, le propondría irnos de vacaciones con mi tía: una millonaria con quien me une desde niño un profundo lazo que nunca repetí con los
demás hermanos de mi madre.
2.
Esa madrugada de sábado para amanecer domingo no podía conciliar el sueño
y al poco escuché una voz que me dijo: “levántate,
enciende tu laptop y entra a Facebook”.
“No chinguen”, me quejé, ignoré
el consejo, seguí dando vueltas en la cama y pensé: “¿levantarme para revisar Facebook a esta hora?”, pero tras escuchar
otra vez la sugerencia, decidí bajar temiendo que de no hacerlo no me dejarían
dormir.
Una vez en mi cuenta navegué sin ver nada interesante, más cuando me
disponía a salir di con una publicación de Ediciones
Era que me intrigó: una noticia sobre la presentación del libro “Historias
desconocidas de la revolución mexicana en El Paso y Ciudad Juárez”, del investigador
David Dorado Romo (San José, California, 1961).
Abrí el link y me remitió a un boletín de prensa donde vi la portada y me
dejó perplejo: una fotografía (conocida ya por toda mi familia) donde a lado
del famoso revolucionario Pancho Villa está mi abuelo materno (en el círculo
rojo en la foto que acompaña esta entrada). Busqué información en la web, más
no la hubo, tal como sucede con los libros de esa editorial, lo cual me parece
una infamia dado el esfuerzo que realizan por preservar la memoria histórica de
este olvidadizo país.
3.
La mañana del mismo domingo me levanté con la intensión de ir a comprar
el libro, idea que le comuniqué a mi esposa durante el desayuno, más de rato
sonó el timbre, abrí y era el chofer de mi tía, me entregó un paquete y se
despidió con su eterna sonrisa.
- y eso? – me preguntó.
- un libro.
- ya le vi la forma – obvió – qué compraste?
- yo nada, me lo mandó mi tía – señalé y le conté brevemente la llamada
de la tarde/noche anterior.
- ábrelo – dijo intrigada, rompí la caja y descubrí el libro “Historias
desconocidas de la revolución mexicana…”.
4.
Tras hojearlo llamé por teléfono a mi tía para agradecerle el detalle,
más me respondió con su habitual cinismo.
- ojalá lo termines rápido para que me digas en qué páginas hablan de mi
padre – y justificándose, agregó – es que mi vista cansada ya no me ayuda mucho
a leer.
Por la tarde comencé su lectura, no tanto por la solicitud, sino porque en
el fondo deseaba encontrarme con el nombre de un familiar más plasmado en
textos de historia, tal como sucedió con el libro la “Banda del Automóvil Gris”
de Carlos Isla, o “Testimonio cristero: Memorias del autor”, de Ezequiel
Mendoza Barragán.
Y sorpresa: no había mención a mi abuelo (no porque yo creyera que se había
ganado un lugar como insigne participante
en la Revolución mexicana, ni porque en su calidad de extranjero – un español
nacido en Santander – tuviera anécdotas dignas de difundirse), pero qué les
costaba hacer mención de los personajes que aparecían en la foto de la portada?,
así que indignado decidí escribir a Ediciones
Era.
5.
La primera comunicación la intenté vía su página de Facebook, la cual no
sólo fue ignorada, sino que tras publicarse fue eliminada a los pocos minutos por
el administrador de la cuenta.
Ni que decir que mi mensaje era sobradamente diplomático y en él daba
información sobre el origen de la fotografía (junto con otra menos conocida), así como datos que darían luz
sobre el suceso histórico que la imagen captura (en internet se señala que el
autor es desconocido, pero que forma parte del catálogo de la Biblioteca de
investigación de la Getty Research Institute), y que podría incluirse en
futuras ediciones, más la indiferencia mostrada por la editorial lejos de desalentarme
hizo aflorar, ahora sí, mi irritación.
Así, mi siguiente conato de comunicación fue doble: a través de la
sección de contacto de su página web y vía mail, donde además de repetir la información,
me quejaba de los sucedido en su página de Facebook, más el resultado fue el
mismo: me ignoraron.
Mi última intentona fue tratar de contactar al autor, más parecía que los
astros estaban en mi contra y pese a ser académico nunca encontré algún mail
para escribirle. Desistí.
6.
Y a todo esto se preguntarán: ¿qué tal está “Historias desconocidas de la
revolución mexicana en El Paso y Ciudad Juárez”?, a lo que respondería que
interesante, aunque hay secciones a las que no les encontré sentido, como narrar
el desarrollo musical de la frontera influenciado por el jazz y el blues yanqui
(será que aparte de escritor, traductor e historiador, el autor es músico?).
El libro contiene interesantes capítulos sobre médiums locales que
contribuyeron a la organización de la lucha en la frontera norte del país,
espiritistas que al igual que su líder, el chapucero Francisco I. Madero,
usaron sus dones para organizar una insurrección que fracasó estrepitosamente por
los malos consejos de los desencarnados (por ejemplo, para el caso de Madero, a
través de sus sesiones espiritistas el alma del expresidente Benito Juárez lo
convenció de levantarse en armas contra el “dictador” Porfirio Díaz, tras
hacerle creer que con ello se convertiría en el gran libertador de méxico).
David Dorado Romo, Historias desconocidas de
la Revolución Mexicana en el Paso y Ciudad Juárez (1893-1923), 430 págs. Ediciones
Era, 2017


