Mostrando entradas con la etiqueta la llorona. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta la llorona. Mostrar todas las entradas

3 de julio de 2018

Brujería, paganismo, sectas, esoterismo y santería detrás de los presidentes mexicanos


La presencia de brujería, paganismo y esoterismo en la política mexicana para obtener poder y conservarlo, es una vieja tradición que se remonta a la época de los mayas y los aztecas. Por ejemplo, de estos últimos el emperador Moctezuma II tenía una corte de Espiritistas a los que consultaba para tomar decisiones importantes sobre su reino. Con la llegada de los españoles aquello no cambió, y por el contrario, comenzó a usarse también para deshacerse de los enemigos.

Del dictador que gobernaba al país en el año 1900 no se conoce mucho sobre prácticas esotéricas, pero sí de su creatividad para crear demonios como “La bestia” (que asesinaba de madrugada decapitando a sus víctimas) o manipulando leyendas como “La Llorona” (que no fue una mujer que asesinara a sus hijos y penara por los noches con cargo de conciencia: se trataba de una indígena que ante el inminente ataque de los españoles a Tenochtitlan, lloraba preguntándose por el futuro de sus vástagos), leyendas con las que asustaba a sus gobernados.

El hacendado nacido en Coahuila que derrocó a ese dictador, organizó su insurrección a partir de sesiones espiritistas en las que el llamado prócer de la patria (ya pasado a mejor vida), lo contactó para convencerlo de que era el elegido para encabezar el fiasco llamado revolución mexicana. Dos presidentes posteriores, uno sonorense y otro veracruzano, también son reconocidos por sus artes médiums al momento de gobernar.

Otros presidentes incurrieron en prácticas más radicales: el que está catalogado como represor de estudiantes, gran amigo de Henry Kissinger, compartieron secretos que les han permitido llegar a viejos con gran salud. Su sucesor, obsesionado con el llamado “cine de encueratrices”, se divorció para casarse con una de sus protagonistas a la par que mandaba a sustituir las representaciones de Quetzalcóatl (por copias baratas), para rendirles culto particular luego de que un astrólogo lo convenciera de que era la reencarnación de la “serpiente emplumada”.

Años después las religiones afrocubanas llegarían a dirigir el país de la mano del presidente más odiado de méxico, cuya iniciación en Ifa propició que varios de sus allegados abrazaran prácticas que iban desde el Palo Mayombe hasta el Vudú: es conocido el caso de gobernadores de oaxaqueños o tabasqueños que tenía un grupo de asesores constituido por Santeros, quienes asistían vestidos de blanco y portando sus elekes a las reuniones del gabinete y tenían la última palabra al momento de cualquier decisión. Pero lo mejor estaba por llegar.

En el cierre de campaña del que se sería el primer presidente de la oposición del méxico moderno, realizada en el zócalo de la ciudad de méxico, su polémico publicista se encontraba el Templo mayor realizando rituales ante el monolito de Coyolxauhqui para manipular el espíritu de “la mexicanidad”. Los rituales funcionaron, este inculto llevó a la extrema derecha al poder (tras 70 años en manos del pri), y junto con su esposa desmadraron la identidad nacional con otra ceremonia: cortarle las patas al águila que representa el escudo nacional con la intención de borrar el vínculo de los mexicanos con sus raíces guerreras y rebeldes antecesoras: los Aztecas (después él a su vez fue embrujado por su mujer para manipularlo y que los hijos del anterior matrimonio (de ella) pudieran hacer y deshacer oscuros negocios, mientras la exmujer (de él) y para que sus hijos adoptivos nunca se acercaran a su “padre”.

Debe mencionarse que los presidentes mexicanos pertenecen a la Masonería, así como varios diputados, senadores, secretarios, policías, gobernadores y militares, dejando para actrices, futbolistas, chefs, modelos, cantantes, periodistas, actores, banqueros y deportistas vínculos con la Osha, Ifa, Palo Mayombe, La Santa muerte, Jesús Malverde, Satanás, Majishásura o una extraña devoción a la figura del narcosatánico Jesús Constanzo.

Y mientras eso sucede, Orishas, Desencarnados, Deidades, Mpungos, Loas y Demonios permiten a unos pocos dominar a millones a través de la música, las telenovelas y el futbol, mientras el país ve hipotecar el destino de hijos, nietos, bisnietos y tataranietos, al tiempo que los ya citados diputados, senadores, secretarios y demás garantizan a su descendencia vivir como reyes producto de la corrupción.

A partir del 1 de julio de 2018 en méxico “habemus presidente” que gobernará los próximos 6 años, uno que no es Masón (o lo tiene muy escondido), pero sí iniciado en la Osha. Creo que no se necesita exaltar sus características físicas para saber que es hijo de Obatalá. Sí, otro más favorecido por los Orishas que esperemos no se pongan en contra de los 56 millones que votaron por él buscando democracia, equidad social, mejor nivel de vida y fin al derramamiento de sangre.

Cuenta la leyenda que su primer acercamiento con la Osha el nuevo presidente lo tuvo en un viaje a Cuba, donde se consultó con un Santero recomendado por uno de los altos dirigentes del gabinete de castrista, quien le sugirió iniciarse si es que quería que tener éxito en la política mexicana, más no tomó muy en serio la sugerencia.

Durante su segunda campaña por la presidencia, concretamente en el año 2012, una serie de atentados disfrazados de accidentes viales en carretera durante sus giras, lo pusieron sobre aviso de que se buscaba su muerte (incidentes que los chamanes protectores de Catemaco, "Lobo Negro" y "Chabelita", no podían evitar), así que finalmente aceptó iniciarse en la Osha, razón por la cual, si algún curioso lo investiga, descubrirá que en su última etapa de aquella contienda presidencial se registraron más accidentes, pero de personas a su alrededor (incluyendo caravanas), nunca de él.

Con el tiempo, dicha iniciación le han permitido salvarse dos veces de morir por sendos infartos y le han facilitado el control de diabetes e hipertensión; pero además, tras su iniciación (su grupo cercano de asesores incluye, obviamente, Santeros), se percibió un cambio en su actitud belicosa hacia una más tolerante y razonada, que fue la que le permitió ganar simpatizantes.

Sobre la casa religiosa que lo acogió y demás detalles de su ceremonia, así como de los religiosos que participaron, por obvias razones se mantienen (por el momento), en absoluto hermetismo.

Como sea: tenemos presidente amparado por los Orishas, por lo que cabe preguntarse: ¿esta vez las deidades Yoruba darán la ansiada justicia y beneficiarán a los que votaron por él? o como siempre sucede, al gobernante le harán “perder el piso” en detrimento de 56 millones de personas que aún creen en la democracia… y unos milloncitos más que le están dando el beneficio de la duda?

4 de noviembre de 2016

Bernardo Esquinca: Carne de ataúd

“la comunicación con los muertos funciona mejor con el
estómago lleno: ellos comen a través de nosotros. ¿No
se trata de eso la celebración del 2 de noviembre?”
(fragmento)

Nadie se pone de acuerdo con el género: negra, sobrenatural, thriller, esotérica, histórica, macabra, policiaca, terror o ficción, el caso es que Carne de ataúd, el nuevo libro de Bernardo Esquinca, lo consolida como uno de los escritores más creativos dentro del literatura nacional.

Nacido en Jalisco en 1972, ha publicado: Demonia (cuentos), Belleza roja y Los escritores invisibles(novelas) y Ciudad fantasma(antólogo), etc… en 2011 puso en circulación La octava plaga y tras aparecer Toda la sangre se convierte en la saga “de la familia Casasola, una estirpe periodística dedicada a los temas sobrenaturales”, y en el que Carne de ataúdes el tercer texto de la serie.

La trama gira alrededor de dos personajes: Francisco Guerrero Pérez, mejor conocido como “el Chalequero” (un asesino serial de prostitutas, contemporáneo de “Jack El Destripador”, cuyas fechorías ocurren en el gobierno de Porfirio Díaz poco antes de ser derrocado), y Eugenio Casasola, periodista perjudicado por las andanzas del criminal.

Sobre la etapa en que sucede la trama, Esquinca dice: “El Porfiriato es una época particular porque por un lado ha sido muy estudiada, pero no muy reproducida en la ficción… que yo sepa no había una novela policiaca situada en el Profiriato”… y acepta: “me preparé mucho para esta novela, hice una investigación muy seria porque para situar a mis personajes en estas calles primero me tenía que situar yo”.

Así, se describen con maestría rumbos como Salto del Agua, el Centro Histórico, Tlalpan, la Alameda central, Peralvillo y el Manicomio La Castañeda, escenarios en los que se realizan las investigaciones tras brotar en Río Consulado los cadáveres degollados atribuidos a “El Chalequero”, un zapatero del que como todo asesino serial los móviles de sus asesinatos tienen una tendencia misógina.


Aparte del dictador Díaz, personajes reales como el pintor Julio Ruelas, el periodista Irineo Paz, el militar Sóstenes Rocha, el revolucionario y espiritista Francisco I. Madero, el ocultista Aleister Crowley y el detective Carlos Roumagnac se mezclan con Eugenio Casasola, su amante Murcia Gallardo (prostituta asesinada por “El Chalequero”) y la espiritista Madame Guillot, a quienes se une la ambigua presencia de “La Llorona”, “La Bestia” y “La Alfajorera” (una asesina más perversa que “El Chalequero”), para dar tétrico equilibrio a la trama.

Destaca la manera en que Bernardo aborda el espiritismo: ni lo enfatiza ni reduce, le da igual peso que otras artes (como la maldad, la mentira o el miedo en los protagonistas), mostrando con esa objetividad que sabe de lo que habla y como ejemplo está Madame Guillot (enamorada de Casasola), y esa perversa escena en la que la médium permite que el espíritu de Murcia la posesione para tener sexo con Eugenio.

El libro también es una feroz crítica a la represión, a la manipulación del gobierno para desviar la atención de asuntos graves, a la corrupción en la policía y el ejército, a los excesos del gremio periodístico y sobre todo al pueblo: esa masa embrutecida por el alcohol y drogas que se deja ningunear de acuerdo a las necesidades de los poderosos… Esquinca se queja de que un siglo después el mexicano sigue igual: “parecería que estamos en un café, sale en el televisor rodeado de moscas un conductor hablando de una atrocidad en algún lugar del país, lo oímos y después pedimos otro café: estamos acostumbrados a eso”.

Estructurada sin dejar cabos sueltos, llena de ironía, sin descripciones innecesarias o dando detalles si lo amerita, Bernardo desarrolla una historia con impecable ritmo narrativo y bastos recursos literarios que describen una tenebrosa personalidad de la sociedad mexicana inmersa en asesinatos, sesiones espiritistas, borracheras, impunidad, pesquisas policiacas, mensajes de ultratumba, corrupción y una incipiente rebelión que se convertirá en ese fiasco llamado “la revolución mexicana”, lo que hace de Carne de ataúd uno de los mejores libros de 2016.

Bernardo Esquinca, Carne de ataúd, 290 páginas, Editorial Almadía, 2016.