La presencia de brujería, paganismo
y esoterismo en la política mexicana para obtener poder y conservarlo, es una
vieja tradición que se remonta a la época de los mayas y los aztecas. Por
ejemplo, de estos últimos el emperador Moctezuma II tenía una corte de
Espiritistas a los que consultaba para tomar decisiones importantes sobre su
reino. Con la llegada de los españoles aquello no cambió, y por el contrario,
comenzó a usarse también para deshacerse de los enemigos.
Del dictador que gobernaba al
país en el año 1900 no se conoce mucho sobre prácticas esotéricas, pero sí de
su creatividad para crear demonios
como “La bestia” (que asesinaba de madrugada decapitando a sus víctimas) o
manipulando leyendas como “La Llorona” (que no fue una mujer que asesinara a
sus hijos y penara por los noches con cargo de conciencia: se trataba de una
indígena que ante el inminente ataque de los españoles a Tenochtitlan, lloraba
preguntándose por el futuro de sus vástagos), leyendas con las que asustaba a
sus gobernados.
El hacendado nacido en Coahuila que
derrocó a ese dictador, organizó su insurrección a partir de sesiones
espiritistas en las que el llamado prócer
de la patria (ya pasado a mejor vida), lo contactó para convencerlo de que
era el elegido para encabezar el fiasco llamado revolución mexicana. Dos presidentes posteriores, uno sonorense y
otro veracruzano, también son reconocidos por sus artes médiums al momento de
gobernar.
Otros presidentes incurrieron en
prácticas más radicales: el que está catalogado como represor de estudiantes,
gran amigo de Henry Kissinger, compartieron secretos que les han permitido llegar
a viejos con gran salud. Su sucesor, obsesionado con el llamado “cine de encueratrices”,
se divorció para casarse con una de sus protagonistas a la par que mandaba a
sustituir las representaciones de Quetzalcóatl (por copias baratas), para
rendirles culto particular luego de que un astrólogo lo convenciera de que era
la reencarnación de la “serpiente emplumada”.
Años después las religiones
afrocubanas llegarían a dirigir el país de la mano del presidente más odiado de
méxico, cuya iniciación en Ifa propició que varios de sus allegados abrazaran
prácticas que iban desde el Palo Mayombe hasta el Vudú: es conocido el caso de
gobernadores de oaxaqueños o tabasqueños que tenía un grupo de asesores
constituido por Santeros, quienes asistían vestidos de blanco y portando sus
elekes a las reuniones del gabinete y tenían la última palabra al momento de
cualquier decisión. Pero lo mejor estaba por llegar.
En el cierre de campaña del que
se sería el primer presidente de la oposición del méxico moderno, realizada en
el zócalo de la ciudad de méxico, su polémico publicista se encontraba el Templo
mayor realizando rituales ante el monolito de Coyolxauhqui para manipular el
espíritu de “la mexicanidad”. Los rituales funcionaron, este inculto llevó a la
extrema derecha al poder (tras 70 años en manos del pri), y junto con su esposa
desmadraron la identidad nacional con otra ceremonia: cortarle las patas al
águila que representa el escudo nacional con la intención de borrar el vínculo
de los mexicanos con sus raíces guerreras y rebeldes antecesoras: los Aztecas
(después él a su vez fue embrujado por su mujer para manipularlo y que los hijos
del anterior matrimonio (de ella) pudieran hacer y deshacer oscuros negocios, mientras
la exmujer (de él) y para que sus hijos adoptivos nunca se acercaran a su
“padre”.
Debe mencionarse
que los presidentes mexicanos pertenecen a la Masonería, así como varios diputados,
senadores, secretarios, policías, gobernadores y militares, dejando para actrices,
futbolistas, chefs, modelos, cantantes, periodistas, actores, banqueros y
deportistas vínculos con la Osha, Ifa, Palo Mayombe, La Santa muerte, Jesús Malverde,
Satanás, Majishásura o una extraña devoción a la figura del narcosatánico Jesús
Constanzo.
Y mientras eso sucede, Orishas,
Desencarnados, Deidades, Mpungos, Loas y Demonios permiten a unos pocos dominar
a millones a través de la música, las telenovelas y el futbol, mientras el país
ve hipotecar el destino de hijos, nietos, bisnietos y tataranietos, al tiempo
que los ya citados diputados, senadores, secretarios y demás garantizan a su
descendencia vivir como reyes producto de la corrupción.
A partir del 1 de julio de 2018 en
méxico “habemus presidente” que
gobernará los próximos 6 años, uno que no es Masón (o lo tiene muy escondido),
pero sí iniciado en la Osha. Creo que no se necesita exaltar sus
características físicas para saber que es hijo de Obatalá. Sí, otro más
favorecido por los Orishas que esperemos no se pongan en contra de los 56 millones
que votaron por él buscando democracia, equidad social, mejor nivel de vida y
fin al derramamiento de sangre.
Cuenta la leyenda que su primer
acercamiento con la Osha el nuevo presidente lo tuvo en un viaje a Cuba, donde se
consultó con un Santero recomendado por uno de los altos dirigentes del
gabinete de castrista, quien le sugirió iniciarse si es que quería que tener
éxito en la política mexicana, más no tomó muy en serio la sugerencia.
Durante su segunda campaña por la
presidencia, concretamente en el año 2012, una serie de atentados disfrazados
de accidentes viales en carretera durante sus giras, lo pusieron sobre aviso de
que se buscaba su muerte (incidentes que los chamanes protectores de Catemaco, "Lobo
Negro" y "Chabelita", no podían evitar), así que finalmente
aceptó iniciarse en la Osha, razón por la cual, si algún curioso lo investiga,
descubrirá que en su última etapa de aquella contienda presidencial se registraron
más accidentes, pero de personas a su alrededor (incluyendo caravanas), nunca
de él.
Con el tiempo, dicha iniciación
le han permitido salvarse dos veces de morir por sendos infartos y le han
facilitado el control de diabetes e hipertensión; pero además, tras su
iniciación (su grupo cercano de asesores incluye, obviamente, Santeros), se
percibió un cambio en su actitud belicosa hacia una más tolerante y razonada,
que fue la que le permitió ganar simpatizantes.
Sobre la casa religiosa que lo
acogió y demás detalles de su ceremonia, así como de los religiosos que
participaron, por obvias razones se mantienen (por el momento), en absoluto
hermetismo.
Como sea: tenemos presidente
amparado por los Orishas, por lo que cabe preguntarse: ¿esta vez las deidades
Yoruba darán la ansiada justicia y beneficiarán a los que votaron por él? o
como siempre sucede, al gobernante le harán “perder el piso” en detrimento de 56
millones de personas que aún creen en la democracia… y unos milloncitos más que le están dando el
beneficio de la duda?

