Mostrando entradas con la etiqueta village café. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta village café. Mostrar todas las entradas

29 de abril de 2026

En la cama con el diablo (última parte)

 


8.
—Esto sucedió dos años atrás; sin embargo, hace seis meses sufrió un bloqueo intestinal. La hospitalicé, le detectaron un tumor y murió, antes de que pudieran operarla, a consecuencia de una septicemia que le provocó un infarto.
—¡Felicidades! Eres millonaria — me burlé.
—No tanto, sí había dinero, alhajas y esas cosas, pero tampoco da para ir a desayunar a París unas crepas y regresar el mismo día.
—¿Qué quieres de mí?
—Darle luz a espíritu su espíritu. Más allá de si fue buena o mala persona, ella me llevo en su vientre durante nueve meses y…
—Yo no doy luz, eso lo hace otra persona. Yo solo lucifico desencarnados chocarreros cuando se creen dueños de una casa.
—Suena a que es lo mismo.
—Casi, pero no — dije con vaguedad mientras pedía otro café.
 
9.
Sofía me observó esperando detalles, pero no pensaba dárselos.
 
—¿Podrías decirme en dónde se encuentra en este momento? — pidió.
 
Cerré los ojos para usar mi videncia. Tardé un par de minutos en “localizarla” y lo que vi me desconcertó.
 
—Muéstrame una foto suya. Una que traigas en tu teléfono — pedí.
—Ésta es una de las más recientes — dijo tras buscar un rato. Colocó su celular frente a mí, miré la imagen (parecía que la habían tomado a escondidas) y solté una carcajada.
 
Regresé el aparato empujándolo lentamente hacia ella con el dedo índice, miró la foto y levantó la vista para verme. Le di unos segundos para que diera alguna explicación, pero permaneció en silencio.
 
—Acabas de cometer un gran error — avisé — paga la cuenta, que es lo que la gente decente debe hacer cuando me busca para que les consulte...
—¿Qué sucede? — se fingió contrariada tras mirar la foto de nuevo.
—… y dile a Jade que la próxima vez que quiera que atienda a una de sus recomendadas, solo será a gente honesta.
 
Me levanté y comencé a bajar las escaleras rumbo a la salida mientras Sofía me pedía a gritos volviera a la mesa. Una vez fuera hice la parada al primer taxi que se cruzó en mi camino y le indiqué el destino.
 
En el trayecto Sofía marcó tres veces a mi celular, mas no contesté. Luego envió una imagen, la vi y un escalofrío recorrió mi espalda. A los pocos segundos envió un whats, pero tampoco le respondí.
 
10.
Llegué a mi casa al mismo tiempo que mi esposa volvía de su trabajo.
 
—¿Cómo te fue? — preguntó al ver que no tenía el buen humor con el que acostumbro volver de una consulta espiritual.
—Los terrícolas no tienen remedio — dije y le di los detalles.
—No termino de entender — aceptó.
—Me enseñó una foto que no era de su madre.
—Quizá se equivocó.
—No, por eso le regresé el teléfono de manera que viera la imagen, pero además de verla, se quedó esperando que yo dijera algo.
—¿Para qué le pediste la fotografía?
—Quería confirmar que la mujer que vi era efectivamente su madre.
—Tú no necesitas fotos, con tu videncia lo ves todo.
—No cuando hay demonios de por medio.
—¡¿Cómo?! — exclamó.
—Tú sabes que en el Mercado de Sonora puedes comprar todo, y me refiero a cualquier cosa.
—Creo entender a qué te refieres…
—Los rituales que hizo la madre de Sofía incluyeron pactar con un Demonio, además de que siendo bruja… ya te imaginarás lo que ofreció.
—No lo digas… ya conozco los antojos de los oscuritos.
—El problema es que ofreció repetir el ritual y la ofrenda tres meses después, para agradecer por la salud recuperada. Pero no lo hizo. Y tú sabes que a ellos debes cumplirles lo que prometes.
—Lo sé — coincidió conmigo — por eso querías ver una foto de su madre, para confirmar todo.
—Sí, me costó trabajo, tuve que forzar la videncia, pero “algo” me dijo que debía poner a prueba a Sofía. Y con ello confirmé que parte de la historia que me contó tenía varias mentiras.
—¿Cómo cuáles?
—Desde niña sabía que su madre era bruja… la vieja no habló por teléfono con el Santero, Sofía fue la encargada de enlistar el material que se usaría en el ritual, además de que ese viernes no salió de la casa: fue testigo de todas las obras que hicieron el Santero y su sobrino. Incluso les ayudó. Además, la propia Sofía y una de sus hermanas estaban confabuladas para hacerle brujería a su tercera hermana, con tal de quedarse con la herencia de la madre.
—¡Dios mío! — exclamó — pero, cuenta: ¿dónde estaba la madre de Sofía cuando usaste tu videncia?
—La vi acostada en una cama: era una mujer de edad avanzada, pero físicamente parecía una momia. Imagínate un cadáver cuando se ha secado, pero sin pudrirse. Estaba tendida de lado, como si durmiera, abrazada por atrás por un joven de unos 28 o 30 años, guapo y sonriendo. —¡El demonio del pacto!
—Anjá…
—La mujer le ofreció su alma para recuperar su salud y al no pagar el segundo sacrificio, él se lo cobró con una terrible enfermedad.
—Fue repugnante verlos.
 
11.
—¿Y de quién era la foto de la mujer con la que Sofía te quiso engañar?
—¿Recuerdas las palabras que usó al mostrármela?
—Sí… quería saber en dónde se encontraba en ese momento.
—La foto es, en realidad, de una abuela, también bruja, que está buscando a su nieto. Se lo robaron de un hospital con apenas unas horas de nacido.
—¡Dios mío! Ese bebé… ¡el santero!
—Sí. Quería saber dónde vive la abuela que trata de encontrar a su nieto.
—Creo que tus consultas espirituales son cada vez más turbias.
—Estoy pensando seriamente en dejar de hacerlas en cafeterías y limitarme a responder solicitudes bobas exclusivamente por mail.
—Desde un principio estuve de acuerdo contigo en no meter a nadie en la casa para que les consultaras, mucho menos para hacerles obras espirituales; pero ahora veo que reunirte en cafeterías es igual de peligroso.
—Sí, pero recuerda que el mundo espiritual no me dejó jubilarme. Me tiene agarrado de los güevos, así que debo trabajar, aunque sea un par de veces al mes, para que no me molesten.
—Así que, llegados a este punto, deberías considerar mi sugerencia de rentar un local para que ahí puedas atender a tus pacientes.
—Eso sería informar a sus enemigos en dónde pueden localizar a quien les está ayudando, y vendrían a tirarme mierda, como cuando atendíamos ahijados en la casa y hasta trabajos de vudú vinieron a dejarnos en la entrada.
—Consúltalo con el Tata Calev — propuso.
 
Me quedé en silencio, reflexionando, hasta que sonó el timbre de mi celular. Vi el identificador y era Sofía. Rechacé la llamada, entré a WhatsApp y busqué el contacto de nuestro amigo para escribirle, sin embargo, curiosamente, descubrí que me había bloqueado.


18 de abril de 2026

En la cama con el diablo (1)


1.
—Lo reconozco, mi madre en vida fue una mala persona…
—Parafraseando al filósofo David Thoreau: “La maldad es la única inversión que nunca falla”.
—… pero fue mi mamá — ignoró mi comentario — me trajo al mundo y…
—Somos resultado de una cogida entre nuestros padres, a saber si fue buena o mala — la interrumpí — pero fue el pretexto para que naciéramos y depuremos karmas de los que no tenemos certeza de su origen.
 
Sofía me miró con dureza.
 
—Seamos claros antes de continuar: me pediste una consulta y la estoy haciendo, pero si no te gusta lo que diré, es mejor terminarla en este momento — advertí.
 
2.
Son extraños los caminos que me llevan a realizar consultas espirituales, ya sea que me lo pide la hermana de mi madre para su nieto, un amigo de la mejor amiga de mi amigo X, la prima de una lectora que afirma ha leído todas las entradas de mi blog, la compañera de trabajo que es prima del dueño de la recaudería de la esquina, el jefe de la jefa de la jefecita de mi sobrina. Hay personas de las que la recomendación se pierde entre la neblina espiritual.
 
En el caso de Sofía no sabía de su existencia hasta, que tras una tertulia literaria para promocionar mi libro “Muertero”, Jade, la organizadora, me la presentó y apenas estrechábamos las manos mi amiga agregó el fatídico “él te va a ayudar”.
 
Levanté los hombros mientras les explicaba que esa noche pensaba irme de copas con los amigos y amigas que llegaron al evento, más a Jade no le interesó mi plan, soltó un “los dejo solos para que platiquen” y se largó con el pretexto de “no sé qué”.
 
—Mi esposa está esperándome — me adelanté antes de que ella dijera algo — ¿quieres unírtenos? — mantuve la iniciativa.
—No bebo alcohol — avisó con algo cercano a la petulancia.
—Tú te lo pierdes — dije y me encaminé hacia el bar.
—Le pediré a Jade tu número telefónico — dijo pasando a mi lado, con prisa, rumbo a la salida. Llevaba un ejemplar de mi libro en la mano.
 
3.
—Empecemos de nuevo — propuso fingiendo humildad — mi madre en vida fue una persona mala. Defraudó, mintió, robó, maltrató, manipuló y chantajeó a todo aquel que se cruzara en su camino: mujeres, niños y ancianos; a los hombres los trataba de otra manera: se limitaba a sacarles todo el dinero que tuvieran a través de sexo — esto último lo dijo con cierto pudor — no sé si llegó al asesinato, pero viendo en perspectiva su grado de crueldad no lo dudaría.
—Vaya…
—Siempre se salió con la suya. Mi pobre papá fue su juguete, pero nunca se atrevió a criticarla, menos a abandonarla, pese a que ella no se esforzaba demasiado por disimular sus infidelidades.
—¿Te has cuestionado si lo tenía embrujado?
—No lo había pensado.
 
Sofía hizo una pausa que no venía al caso, sacó de su bolso su ejemplar de mi libro “Muertero” y lo agitó en el aire.
 
—Es para que me escribas una dedicatoria — avisó — la vez pasada que nos vimos no nos dio tiempo de conversar mucho — justificó, pero lejos de entregármelo o colocarlo encima de la mesa, lo dejó sobre su bolso.
—¿A ti te trataba mal? — seguí con el tema para dejarle claro que su intento de alimentar mi vanidad no había funcionado.
—No mucho, pero siempre nos hacía pelear entre las hermanas.
—…
 
4.
—Se hizo vieja, pero su malignidad no disminuyó. Cuando le dio un infarto y cayó en cama me confesó que era bruja, que sus trabajos eran infalibles, que iba a realizar unos rituales para recuperar su salud, pero necesitaría ayuda. Mi padre ya había muerto y mis dos hermanas habían marcado distancia con el pretexto de atender a sus familias. Yo nunca me casé, así que vivía con ella.
—¿Nunca te diste cuenta que hacía maleficios?
—No, por extraño que parezca en casa nada lo insinuaba, eso lo descubrí después, cuando murió: un día me hablaron por teléfono para cobrar la renta de un pequeño departamento donde hacía sus cosas.
—¿Cómo supiste que ahí practicaba las artes oscuras?
—Por lo que encontré…
 
5.
—Tenía el baño, cocina y una gran habitación para que la sala y la recámara se hicieran un solo cuarto. Estaba poco iluminada, aunque en los rincones había veladoras color negro sin terminarse. Una de vela de tono café, sobre una mesa de madera, estaba a medio consumir sobre residuos endurecidos de cera de otras velas.
—Conozco ese tipo de escondites, donde parece que el tiempo allí se midiera en rituales y no en días.
—En el centro había un círculo dibujado con sal y en medio restos de hierbas secas mezcladas con pétalos marchitos y ceniza. El aire olía a encerrado mezclado con inciensos. Sobre una repisa había frascos de vidrio etiquetados a mano; algunos con líquidos turbios, raíces retorcidas, semillas negras, polvos, ramilletes de plantas atados con listones rojos secándose boca abajo y en el piso un cuenco de barro con agua oscura donde flotaban bocabajo trozos de una fotografía.
—…
—La ventana estaba cubierta por cortinas gruesas que apenas dejaban pasar la luz. Había un libro grueso abierto sobre la mesa y sus páginas estaban llenas de anotaciones, diagramas y palabras subrayadas con tinta roja. A su lado, un mazo de cartas de tarot gastadas y una pequeña figura tallada en madera.
—…
—Todo lo tiré — terminó.
—Vaya — contuve la risa ante su descripción a lo Harry Potter.
 
6.
—Volviendo al tema. No me quería implicar, sin embargo, me convenció tras prometer que yo sería la única heredera de todo lo que tenía.
—¿Así que le vendiste tu alma al diablo? — me burlé mientras llamaba la atención de una mesera.
 
Ella pidió un refresco de cola y crepas parisinas, yo café y una rebanada de pastel de chocolate amargo.
 
—Hizo peticiones extrañas, pero todo se lo conseguí, incluyendo contactar a un Santero que tiene un local en el Mercado de Sonora: fui a buscarlo, los enlacé través de mi teléfono celular, le pidió algo especial y él se comprometió a llevarle todo el viernes de esa misma semana. Y de paso aceptó llevar a su sobrino, “tal como usted me lo pide, doña” — dijo.
—Vaya…
—El jueves por la noche ella me solicitó que saliera de la casa el viernes desde temprano, para que “no me implicara”, avisando que me llamaría cuando hubieran terminado sus rituales.
—¿Nunca supiste qué encargo le llevaría el Santero?
—No — dijo Sofía desconcertada.
—Quizá fue lo mejor que sucederá en tu vida — mentí.
 
7.
La había citado en la “Cafebrería El Péndulo”, en la colonia Roma, sobre la avenida Álvaro Obregón, para alejarme de la pulgosa perrera en que se ha convertido el “Village Café”.
 
—El viernes salí temprano, como lo solicitó. Fui al salón de belleza para arreglarme el cabello y las uñas, luego comí con una amiga, después me metí a una librería, no porque me guste leer, nomás a tontear. Estuve a punto de comprar uno, pero mi madre llamó avisando que ya podía volver. Al entrar a la casa, para mi sorpresa, ella estaba en la cocina preparando la merienda. No noté nada fuera de lo normal: ningún olor extraño, el piso estaba limpio y ni rastro de los materiales u objetos raros. Todavía entré al baño para fisgonear y no vi nada anormal.
—Así que las brujerías funcionaron — comenté cuando la mesera volvió.
—Sí, no solo se había recuperado del infarto, sino que, aunque suene extraño, se veía más joven.
—Eso es normal, rejuvenecer… ocurre con ciertos maleficios — me burlé de nuevo.
 

11 de febrero de 2025

Talismán de Cuervo Negro (final)




7.
Ya en la calle señaló un reluciente Versa color rojo. Cruzamos la avenida Porfirio Díaz ella usaba el control para abrir las portezuelas. Subimos.
 
—No está muy lejos — avisó incómoda por mi silencio.
—Te dije que conozco el rumbo. A un par de calles de la iglesia de Tlacoquemecatl está un restaurante llamado “El hostal de los quesos”.
—Sí, lo conozco es riquísimo, pero muy caro.
—¿Ya viste algo? — preguntó — ya sabes, por lo de tu videncia.
—Anjá.
—¿Y?, ¿está complicado? — preguntó, pero como no le contesté insistió en el tema de romper el silencio — ¿es difícil ser Muertero?
—Ya no lo es — respondí y solté una carcajada — estoy prejubilado — aclaré y reí de nuevo mientras el espíritu de su madre, inexpresiva, nos observaba en el asiento trasero.
—Algo así explicaste en tu blog, creo — dudó — pero, ¿por qué aceptaste atenderme?
—Aún no eres mi paciente — aclaré.
—Entonces lo diré de otra manera, ¿por qué accediste a verme?
—Lo expliqué un poco en un texto reciente que publiqué llamado “Almas gemelas”… o algo así.
—¡Claro!, lo haces para conseguir anécdotas que puedas publicar en tu blog. Seré famosa — se jactó mientras se estacionaba frente a una inmensa casa, con rejas alrededor y una gran escalinata que seguramente me cansaría subir si hubiera decidido entrar.
—No creo — dije y salí del coche.
 
8.
Susana bajó para alcanzarme, me rebasó, uso un mando para desactivar una alarma, metió la llave, abrió la verja e hizo una innecesaria reverencia para invitarme a pasar, mas la ignoré y me quedé mirando hacia la fachada, específicamente hacia una habitación ubicada en el costado derecho, al tercer piso, mientras la anciana pasaba a mi lado.
 
Susana me observó extrañada y luego dirigió su mirada hacia el mismo lugar en el momento en que las cortinas se movían.
 
—¡Viste, se movieron! — exclamó — esa era la recámara de mi abuelo… y como puedes ver sigue ahí — señaló y comenzó a subir los peldaños, lo que aproveché para pintar una pequeña patipemba, en uno de los pilares de la verja, con la cascarilla que siempre cargo para emergencias.
 
Al ver que no me movía se regresó mirándome confundida.
 
—¿Qué sucede?
—Te felicito, ahora eres dueña de una casa embrujada. Podrías obtener dinero rentándola a quienes les gustan los retos de aguantar travesuras de espíritus chocarreros toda una noche — dije y comencé a caminar rumbo a la Avenida Coyacán para buscar un taxi.
—Oye, no te vayas, debes sacar a los fantasmas — más la ignoré, lo que la hizo gritar — ¡eres un cobarde!
 
Aquello me crispó, así que volví sobre mis pasos y me planté frente a ella.
 
—No necesitabas haber dejado a tu madre sin oxígeno durante dos días para que se muriera: con o sin él ella iba a morir dos días después de que lo hiciste — dije mirándola con dureza — así estaba escrito, era su destino fallecer ese día — señalé apuntando a su rostro con mi dedo índice, lo que la hizo retroceder — lo peor es que si hubieras esperado, la muerte de tu madre hubiera roto la maldición de esta casa, que ella obtuvo también dejando que tu abuelo muriera. Así que esta casa carga con dos maldiciones.
 
Susana enmudeció.
 
—Tú no te consultaste con una tarotista, ellas no entregan talismanes de Cuervo Negro. Ese te lo dio la tercera bruja a la que quisiste contratar para limpiar tu casa. Pero al igual que las otras no aceptaron porque odian a aquellos que matan a sus madres.
—¡No sabes nada!
—Además, ese amuleto está mal preparado, te engañaron: el auténtico lleva una verdadera pata de cuervo o un cráneo. Si ese talismán sirviera, yo no podría haber hablado con tu madre ni ella me hubiera contado sobre los crímenes. ¡Lo usaste creyendo que podrías bloquear mi videncia!
—Ya verás cómo consigo quien corra a esos fantasmas vejetes y la voy a vender — vocifero la mujer.
—Lo dudo, aparte de los desencarnados enojados contigo, tu madre porque la mataste y tu abuelo porque fuiste cómplice de ella para matarlo, las tres brujas te maldijeron por asesina, al igual que a la casa.
—¡Cabrón! — aulló.
 
Le di la espalda, comencé a caminar, pero un sonido metálico me hizo detenerme, di media vuelta, vi a la mujer apuntándome con una pistola y a su madre, detrás de ella, sonriendo burlona.
 
9.
Llegué a la cafetería “Village Café” cuando ya estaba anocheciendo. Solicité una mesa dentro. Pedí un café americano y decidí esperar, mas pronto me aburrí de ver las paredes color mamey que de sobra conocía, así que me levanté para tomar al azar una revista del mostrador de donde puedes coger hasta libros para pasar el rato.
 
Volví a mi silla y vi la portada: “The Paris Review”, correspondiente al mes de noviembre de 2024, su número 250, la cual anunciaba, entre otros temas, un ensayo de Hanif Kureishi titulado “El arte de la ficción”.
 
Aquello me emocionó, sin embargo, no avancé mucho en mi lectura porque mi esposa llegó, así que atraje la atención de la mesera y pedí para ella un café latte macchiato.
 
Luego de exponer cómo había sido la jornada en nuestros respectivos trabajos, ella tomó “The Paris Review”, vio la portada y sonrió al descubrir el nombre de Kureishi. Comentamos otros temas más hasta que recordé mi sueño de la noche anterior y se lo compartí.
 
—Tal cual sucedió.
—Fue una especie de emboscada.
—Cierto, por eso cuento la anécdota de que así fue cómo mataron a María Sabina… bueno, no la asesinaron de esa manera, pero en un sueño recibió un balazo y a partir de ahí su salud se quebró hasta que falleció.
—Si no ha sido porque “alguien” pateó la cama para despertarte, se hubiera convertido en una pesadilla… y lo hubieran conseguido— dijo — ¿ya has visto quién te protegió.
—No, pero ya lo investigaré, lo mismo sobre quién quiso dispararme.
 
Un pitido me avisó que había entrado un mail. Mi esposa retomó “The Paris Review” y comenzó a leer el texto de Kureishi mientras yo abría mi buzón en mí celular, pero cuando solté una carcajada lo dejó de lado.
 
—¿Qué sucede? — interrogó.
—Me llegó un correo electrónico de una tal Susana.
—¡¿Es la misma cuenta de correo de tu sueño?! — preguntó asustada.
—No.
—¿Y qué quiere?
—No lo sé ni pienso averiguarlo — respondí al tiempo que lo enviaba a la papelera de reciclaje.
 
10.

—No recuerdo el nombre de la bruja que hacía excelentes talismanes de Cuervo Negro — señaló mi esposa.
—Dorina Sevilla ­— aclaré terminando mi rebanada de pastel de zanahoria.
—Algo me decía que tenía que ver con España — dijo soltó una carcajada y agregó — llamarlos “Talismán de Cuervo negro” es incorrecto, no todos los cuervos son de ese color.
—Tienes razón, pero ese es el secreto de Dorina — señalé — aunque la gente crea que todos los cuervos son negros, ella sabe qué color de pajarraco usar para confeccionarlos de manera correcta. ¿Quieres otra rebanada de pastel de zanahoria?
—Sí, para que me expliques cómo te enseñó Dorina a hacer un talismán de Cuervo Negro.
 


3 de febrero de 2025

Talismán de Cuervo Negro

 


1.
Me cité con Susana en la cafetería “Village Café”, ubicada frente al famoso Parque Hundido, una de mis favoritas por su cercanía a mi casa. Rara vez la proponía cuando se trataba de escuchar alguna historia extraña que podría convertirse una consulta espiritual, limpiar una casa, despojar a alguien de brujería o enfrentarme a un desencarnado, pero tenía varios días aburrido y ello era una advertencia de que, si me movía lejos de mis territorios, podría ponerme de mal humor, y, en consecuencia, no pondría atención a lo que fuese que tuviera que escuchar.
 
La noche anterior había recibido un mail donde una mujer pedía nos viéramos para compartirme “un caso escalofriante”. Claro, mucha gente dice lo mismo para engatusarme cuando me contactan sin la recomendación de alguna amistad, así que luego de usar mi videncia confirmé que no era ninguna lunática, por lo que acepté.
 
Propuse el lugar, señalando que la especialidad del lugar era un pastel de zanahoria simplemente exquisito, aceptando de inmediato con el argumento de que el lugar “estaba perfectamente ubicado”.
 
2.
Como siempre llegué diez minutos antes y solicité una mesa dentro de la cafetería, pues siendo invierno, al caer la noche en las que tienen colocadas sobre la acera, el frío se hace insoportable.
 
Pedí un café americano y decidí esperar a que Susana llegara, mas pronto me aburrí de ver las paredes color mamey que de sobra conocía, al igual que las pinturas de Vincent van Gogh y fotografías de Albert Einstein, Elvis Presley Tina Modoti y demás, así que me levanté para tomar al azar una revista del mostrador de donde puedes coger hasta libros para pasar el rato.
 
Volví a mi silla y vi la portada: “The Paris Review”, correspondiente al mes de noviembre de 2024, su número 250, la cual anunciaba, entre otros temas, un ensayo de Hanif Kureishi titulado “El arte de la ficción”.
 
Aquello me emocionó, sin embargo, no avancé mucho en mi lectura porque la mujer llegó y sin preguntar si yo era yo, se sentó frente a mí, atrajo la atención de la mesera y pidió un exótico café latte macchiato.
 
3.
—He leído todos tus libros — presumió.
—En cada consulta me dicen lo mismo, como si ello contribuyera a ganarse mi simpatía.
—Los cuatro — se jactó.
—Vaya, “Sol negro” y “En el camino” están muy escondidos en amazon como para que los hayas encontrado.
—Soy buena buscando. Así di con tu mail para poder escribirte — insistió en fanfarronear — no entiendo por qué si tienes varios blogs, no estableces canales de comunicación adecuados para contactarte…
—Para evitar que la gente me diga cómo manejar mis relaciones públicas — la interrumpí.
—¿Por qué no hablas mucho de tus otros blogs?
—Porque hablo de lo mismo que en los tres que la gente conoce: espiritualidad, desencarnados, brujería, política, música, cine, libros… pero como dice la publicidad de los medicamentos genéricos: es casi lo mismo, pero no es igual.
—No, explican que “es lo mismo, pero más barato” — dijo, me miró con curiosidad y agregó — ¿por qué no publicitas esos libros? — cuestionó — son interesantes… me encantó descubrir que puedes escribir sobre otros temas que no sea brujería o fantasmas.
—Me gustan las conversaciones inteligentes, sobre todo si provienen de mentes ágiles, pero no me pediste una cita para hablar de mis textos — advertí armándome de paciencia.
—Vivo en una casa embrujada — soltó tratando de impresionarme.
—Y mi esposa y yo sobre un cementerio.
—¿En serio? — preguntó sobresaltada.
—Naaá, bromita.
 
4.
—Se trata de una casa antiquísima. Está localizada en la colonia Del Valle.
—Es raro que aún sobrevivan ese tipo de construcciones. Esa zona de la ciudad está sufriendo el derrumbe de residencias bellísimas, por parte de avorazados arquitectos, para dar paso a edificios de departa-cuartos que están hacinando más esos rumbos.
—Está cerca de la iglesia de Tlacoquemecatl — ignoró mi sermón ecológico.
—Con más razón — me quejé levantando la mano para atraer la atención de la mesera, a la que apenas se acercó le pedí dos rebanadas de pastel de zanahoria.
—Tienes razón, quiero venderla, pero los fantasmas de mi abuelo y mi madre “espantan” a los clientes.
—¿Y yo que tengo que ver en todo eso?
—Necesito que la limpies, que los saques de ahí para cerrar ese ciclo en mi vida y comenzar uno nuevo.
 
5.
La observé y con su sola apariencia se podía concluir que era una mujer independiente, amante de los retos, segura de sí misma, capaz de manejar sus emociones y con gran capacidad para manipular a la gente. Sin embargo, había entrado desde hace tiempo a los cuarentas, así que, aunado a su sobria manera de vestirse, peinarse y maquillarse, dejaba claro que, si no te lo decía ella misma, difícilmente podrías adivinar su empleo, su estado civil, si tenía hijos y si le gustaba drogarse.
 
Reflexionaba sobre su personalidad cuando el espíritu de su madre apareció a sus espaldas mirándome con gravedad, así que dejé de poner atención a su plática y me concentré en la historia que la vieja insistía en contarme.
 
6.
—… así que esa sería la historia del origen de esa casona, de cómo me hice dueña al morir mi madre y por qué quiero venderla.
—Vaya…
—Claro, te hice un resumen, pero su origen y demás tiene sus detalles que ya conocerás con videncia — dijo Susana cuando el espectro de su madre concluía de exponer la versión de los hechos — no te aburro con los sustos que me dan los fantasmas, porque luego de leer tus libros supongo que has escuchado o vivido muchas anécdotas sobre lo que hacen para fastidiar a la gente decente, pero para mí han sido experiencias escalofriantes.
—¿Cuándo puedo verla? — pregunté cuchareando mi último pedazo de pastel.
—Tú dime, ¿cuándo tienes tiempo?... está un poco cubierta de polvo porque con los fantasmas nadie se anima con la limpieza, pero…
—Ahora mismo — la interrumpí — aún es temprano y tenemos tiempo antes de que oscurezca.
 
Pedí cuentas separadas, pero Susana insistió en pagar ambas. En un movimiento para sacar su cartera, su blusa se abrió y descubrí en su cuello colgando un talismán de Cuervo Negro, lo que me puso en alerta.
 
—¿Has consultado antes a otra persona para darle luz a tus muertos?
—No… bueno, sí, fui con gitana a que me leyera las cartas. Me dijo que estaba difícil, aunque no me aclaró a qué se refería. Sugirió usara un amuleto para protegerme de malas negativas — confesó con ambigüedad.
—¿Exactamente a qué te refieres con que “no te explicó muy bien”? — insistí para comparar su respuesta con lo que me contó su madre.
—Algo así como que no querían irse, por eso te busqué, porque según lo que cuentas en tu blog tú les puedes dar luz — insistió en la imprecisión.
—Vámonos — propuse poniéndome de pie.

continuará...