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29 de abril de 2026
En la cama con el diablo (última parte)
8.
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18 de abril de 2026
En la cama con el diablo (1)
1.
—Lo reconozco,
mi madre en vida fue una mala persona…
—Parafraseando
al filósofo David Thoreau: “La maldad es la única inversión que nunca falla”.
—… pero fue mi
mamá — ignoró mi comentario — me trajo al mundo y…
—Somos
resultado de una cogida entre nuestros padres, a saber si fue buena o mala — la
interrumpí — pero fue el pretexto para que naciéramos y depuremos karmas de los
que no tenemos certeza de su origen.
Sofía me miró
con dureza.
—Seamos claros
antes de continuar: me pediste una consulta y la estoy haciendo, pero si no te
gusta lo que diré, es mejor terminarla en este momento — advertí.
2.
Son extraños los
caminos que me llevan a realizar consultas espirituales, ya sea que me lo pide
la hermana de mi madre para su nieto, un amigo de la mejor amiga de mi amigo X,
la prima de una lectora que afirma ha leído todas las entradas de mi blog, la
compañera de trabajo que es prima del dueño de la recaudería de la esquina, el
jefe de la jefa de la jefecita de mi sobrina. Hay personas de las que la
recomendación se pierde entre la neblina espiritual.
En el caso de Sofía
no sabía de su existencia hasta, que tras una tertulia literaria para
promocionar mi libro “Muertero”, Jade, la organizadora, me la presentó y apenas
estrechábamos las manos mi amiga agregó el fatídico “él te va a ayudar”.
Levanté los hombros
mientras les explicaba que esa noche pensaba irme de copas con los amigos y
amigas que llegaron al evento, más a Jade no le interesó mi plan, soltó un “los
dejo solos para que platiquen” y se largó con el pretexto de “no sé qué”.
—Mi esposa está esperándome — me adelanté antes
de que ella dijera algo — ¿quieres unírtenos? — mantuve la iniciativa.
—No bebo alcohol — avisó con algo cercano a la
petulancia.
—Tú te lo pierdes — dije y me encaminé hacia el
bar.
—Le pediré a Jade tu número telefónico — dijo
pasando a mi lado, con prisa, rumbo a la salida. Llevaba un ejemplar de mi
libro en la mano.
3.
—Empecemos de
nuevo — propuso fingiendo humildad — mi madre en vida fue una persona mala.
Defraudó, mintió, robó, maltrató, manipuló y chantajeó a todo aquel que se
cruzara en su camino: mujeres, niños y ancianos; a los hombres los trataba de
otra manera: se limitaba a sacarles todo el dinero que tuvieran a través de
sexo — esto último lo dijo con cierto pudor — no sé si llegó al asesinato, pero
viendo en perspectiva su grado de crueldad no lo dudaría.
—Vaya…
—Siempre se
salió con la suya. Mi pobre papá fue su juguete, pero nunca se atrevió a
criticarla, menos a abandonarla, pese a que ella no se esforzaba demasiado por disimular
sus infidelidades.
—¿Te has cuestionado
si lo tenía embrujado?
—No lo había pensado.
Sofía hizo una
pausa que no venía al caso, sacó de su bolso su ejemplar de mi libro “Muertero”
y lo agitó en el aire.
—Es para que
me escribas una dedicatoria — avisó — la vez pasada que nos vimos no nos dio
tiempo de conversar mucho — justificó, pero lejos de entregármelo o colocarlo
encima de la mesa, lo dejó sobre su bolso.
—¿A ti te
trataba mal? — seguí con el tema para dejarle claro que su intento de alimentar
mi vanidad no había funcionado.
—No mucho,
pero siempre nos hacía pelear entre las hermanas.
—…
4.
—Se hizo
vieja, pero su malignidad no disminuyó. Cuando le dio un infarto y cayó en cama
me confesó que era bruja, que sus trabajos eran infalibles, que iba a realizar unos
rituales para recuperar su salud, pero necesitaría ayuda. Mi padre ya había
muerto y mis dos hermanas habían marcado distancia con el pretexto de atender a
sus familias. Yo nunca me casé, así que vivía con ella.
—¿Nunca te
diste cuenta que hacía maleficios?
—No, por
extraño que parezca en casa nada lo insinuaba, eso lo descubrí después, cuando
murió: un día me hablaron por teléfono para cobrar la renta de un pequeño
departamento donde hacía sus cosas.
—¿Cómo supiste
que ahí practicaba las artes oscuras?
—Por lo que
encontré…
5.
—Tenía el
baño, cocina y una gran habitación para que la sala y la recámara se hicieran
un solo cuarto. Estaba poco iluminada, aunque en los rincones había veladoras color
negro sin terminarse. Una de vela de tono café, sobre una mesa de madera,
estaba a medio consumir sobre residuos endurecidos de cera de otras velas.
—Conozco ese
tipo de escondites, donde parece que el tiempo allí se midiera en rituales y no
en días.
—En el centro
había un círculo dibujado con sal y en medio restos de hierbas secas mezcladas
con pétalos marchitos y ceniza. El aire olía a encerrado mezclado con
inciensos. Sobre una repisa había frascos de vidrio etiquetados a mano; algunos
con líquidos turbios, raíces retorcidas, semillas negras, polvos, ramilletes de
plantas atados con listones rojos secándose boca abajo y en el piso un cuenco
de barro con agua oscura donde flotaban bocabajo trozos de una fotografía.
—…
—La ventana estaba
cubierta por cortinas gruesas que apenas dejaban pasar la luz. Había un libro
grueso abierto sobre la mesa y sus páginas estaban llenas de anotaciones,
diagramas y palabras subrayadas con tinta roja. A su lado, un mazo de cartas de
tarot gastadas y una pequeña figura tallada en madera.
—…
—Todo lo tiré
— terminó.
—Vaya — contuve
la risa ante su descripción a lo Harry Potter.
6.
—Volviendo al
tema. No me quería implicar, sin embargo, me convenció tras prometer que yo
sería la única heredera de todo lo que tenía.
—¿Así que le
vendiste tu alma al diablo? — me burlé mientras llamaba la atención de una
mesera.
Ella pidió un
refresco de cola y crepas parisinas, yo café y una rebanada de pastel de
chocolate amargo.
—Hizo
peticiones extrañas, pero todo se lo conseguí, incluyendo contactar a un
Santero que tiene un local en el Mercado de Sonora: fui a buscarlo, los enlacé
través de mi teléfono celular, le pidió algo especial y él se comprometió a llevarle
todo el viernes de esa misma semana. Y de paso aceptó llevar a su sobrino, “tal
como usted me lo pide, doña” — dijo.
—Vaya…
—El jueves por
la noche ella me solicitó que saliera de la casa el viernes desde temprano,
para que “no me implicara”, avisando que me llamaría cuando hubieran terminado sus rituales.
—¿Nunca
supiste qué encargo le llevaría el Santero?
—No — dijo
Sofía desconcertada.
—Quizá fue lo
mejor que sucederá en tu vida — mentí.
7.
La había
citado en la “Cafebrería El Péndulo”, en la colonia Roma, sobre la avenida
Álvaro Obregón, para alejarme de la pulgosa perrera en que se ha convertido el
“Village Café”.
—El viernes
salí temprano, como lo solicitó. Fui al salón de belleza para arreglarme el
cabello y las uñas, luego comí con una amiga, después me metí a una librería,
no porque me guste leer, nomás a
tontear. Estuve a punto de comprar uno, pero mi madre llamó avisando que ya
podía volver. Al entrar a la casa, para mi sorpresa, ella estaba en la cocina
preparando la merienda. No noté nada fuera de lo normal: ningún olor extraño,
el piso estaba limpio y ni rastro de los materiales u objetos raros. Todavía
entré al baño para fisgonear y no vi nada anormal.
—Así que las brujerías funcionaron — comenté cuando la
mesera volvió.
—Sí, no solo
se había recuperado del infarto, sino que, aunque suene extraño, se veía más
joven.
—Eso es
normal, rejuvenecer… ocurre con ciertos maleficios — me burlé de nuevo.
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11 de febrero de 2025
Talismán de Cuervo Negro (final)
7.
Ya en la calle señaló un reluciente Versa color
rojo. Cruzamos la avenida Porfirio Díaz ella usaba el control para abrir las
portezuelas. Subimos.
—No está muy lejos — avisó incómoda por mi silencio.
—Te dije que conozco el rumbo. A un par de calles
de la iglesia de Tlacoquemecatl está un restaurante llamado “El hostal de los
quesos”.
—Sí, lo conozco es riquísimo, pero muy caro.
—¿Ya viste algo? — preguntó — ya sabes, por lo de
tu videncia.
—Anjá.
—¿Y?, ¿está complicado? — preguntó, pero como no le
contesté insistió en el tema de romper el silencio — ¿es difícil ser Muertero?
—Ya no lo es — respondí y solté una carcajada —
estoy prejubilado — aclaré y reí de nuevo mientras el espíritu de su madre,
inexpresiva, nos observaba en el asiento trasero.
—Algo así explicaste en tu blog, creo — dudó —
pero, ¿por qué aceptaste atenderme?
—Aún no eres mi paciente — aclaré.
—Entonces lo diré de otra manera, ¿por qué
accediste a verme?
—Lo expliqué un poco en un texto reciente que
publiqué llamado “Almas gemelas”… o algo así.
—¡Claro!, lo haces para conseguir anécdotas que
puedas publicar en tu blog. Seré famosa — se jactó mientras se estacionaba
frente a una inmensa casa, con rejas alrededor y una gran escalinata que
seguramente me cansaría subir si hubiera decidido entrar.
—No creo — dije y salí del coche.
8.
Susana bajó para alcanzarme, me rebasó, uso un
mando para desactivar una alarma, metió la llave, abrió la verja e hizo una
innecesaria reverencia para invitarme a pasar, mas la ignoré y me quedé mirando
hacia la fachada, específicamente hacia una habitación ubicada en el costado
derecho, al tercer piso, mientras la anciana pasaba a mi lado.
Susana me observó extrañada y luego dirigió su
mirada hacia el mismo lugar en el momento en que las cortinas se movían.
—¡Viste, se movieron! — exclamó — esa era la
recámara de mi abuelo… y como puedes ver sigue ahí — señaló y comenzó a subir
los peldaños, lo que aproveché para pintar una pequeña patipemba, en uno de los
pilares de la verja, con la cascarilla que siempre cargo para emergencias.
Al ver que no me movía se regresó mirándome
confundida.
—¿Qué sucede?
—Te felicito, ahora eres dueña de una casa
embrujada. Podrías obtener dinero rentándola a quienes les gustan los retos de
aguantar travesuras de espíritus chocarreros toda una noche — dije y comencé a
caminar rumbo a la Avenida Coyacán para buscar un taxi.
—Oye, no te vayas, debes sacar a los fantasmas —
más la ignoré, lo que la hizo gritar — ¡eres un cobarde!
Aquello me crispó, así que volví sobre mis pasos y
me planté frente a ella.
—No necesitabas haber dejado a tu madre sin oxígeno
durante dos días para que se muriera: con o sin él ella iba a morir dos días
después de que lo hiciste — dije mirándola con dureza — así estaba escrito, era
su destino fallecer ese día — señalé apuntando a su rostro con mi dedo índice,
lo que la hizo retroceder — lo peor es que si hubieras esperado, la muerte de
tu madre hubiera roto la maldición de esta casa, que ella obtuvo también
dejando que tu abuelo muriera. Así que esta casa carga con dos maldiciones.
Susana enmudeció.
—Tú no te consultaste con una tarotista, ellas no
entregan talismanes de Cuervo Negro. Ese te lo dio la tercera bruja a la que
quisiste contratar para limpiar tu casa. Pero al igual que las otras no
aceptaron porque odian a aquellos que matan a sus madres.
—¡No sabes nada!
—Además, ese amuleto está mal preparado, te
engañaron: el auténtico lleva una verdadera pata de cuervo o un cráneo. Si ese
talismán sirviera, yo no podría haber hablado con tu madre ni ella me hubiera
contado sobre los crímenes. ¡Lo usaste creyendo que podrías bloquear mi
videncia!
—Ya verás cómo consigo quien corra a esos fantasmas
vejetes y la voy a vender — vocifero la mujer.
—Lo dudo, aparte de los desencarnados enojados
contigo, tu madre porque la mataste y tu abuelo porque fuiste cómplice de ella
para matarlo, las tres brujas te maldijeron por asesina, al igual que a la
casa.
—¡Cabrón! — aulló.
Le di la espalda, comencé a caminar, pero un sonido
metálico me hizo detenerme, di media vuelta, vi a la mujer apuntándome con una
pistola y a su madre, detrás de ella, sonriendo burlona.
9.
Llegué a la cafetería “Village Café” cuando ya
estaba anocheciendo. Solicité una mesa dentro. Pedí un café americano y decidí
esperar, mas pronto me aburrí de ver las paredes color mamey que de sobra
conocía, así
que me levanté para tomar al azar una revista del mostrador de donde puedes
coger hasta libros para pasar el rato.
Volví a
mi silla y vi la portada: “The Paris Review”, correspondiente al mes de
noviembre de 2024, su número 250, la cual anunciaba, entre otros temas, un
ensayo de Hanif Kureishi titulado “El arte de la ficción”.
Aquello me emocionó, sin embargo, no avancé mucho
en mi lectura porque mi esposa llegó, así que atraje la atención de la mesera y
pedí para ella un café latte macchiato.
Luego de
exponer cómo había sido la jornada en nuestros respectivos trabajos, ella tomó “The Paris Review”,
vio la portada y sonrió al descubrir el nombre de Kureishi. Comentamos otros
temas más hasta que recordé mi sueño de la noche anterior y se lo compartí.
—Tal cual
sucedió.
—Fue una
especie de emboscada.
—Cierto, por
eso cuento la anécdota de que así fue cómo mataron a María Sabina… bueno, no la
asesinaron de esa manera, pero en un sueño recibió un balazo y a partir de ahí
su salud se quebró hasta que falleció.
—Si no ha
sido porque “alguien” pateó la cama para despertarte, se hubiera convertido en
una pesadilla… y lo hubieran conseguido— dijo — ¿ya has visto quién te
protegió.
—No, pero ya
lo investigaré, lo mismo sobre quién quiso dispararme.
Un pitido me
avisó que había entrado un mail. Mi esposa retomó “The Paris Review” y
comenzó a leer el texto de Kureishi mientras yo abría mi buzón en mí celular, pero cuando solté una carcajada lo dejó de lado.
—¿Qué
sucede? — interrogó.
—Me llegó un
correo electrónico de una tal Susana.
—¡¿Es la
misma cuenta de correo de tu sueño?! — preguntó asustada.
—No.
—¿Y qué
quiere?
—No lo sé ni
pienso averiguarlo — respondí al tiempo que lo enviaba a la papelera de
reciclaje.
10.
—No recuerdo
el nombre de la bruja que hacía excelentes talismanes de Cuervo Negro — señaló
mi esposa.
—Dorina
Sevilla — aclaré terminando mi rebanada de pastel de zanahoria.
—Algo me
decía que tenía que ver con España — dijo soltó una carcajada y agregó —
llamarlos “Talismán de Cuervo negro” es incorrecto, no todos los cuervos son de
ese color.
—Tienes
razón, pero ese es el secreto de Dorina — señalé — aunque la gente crea que todos
los cuervos son negros, ella sabe qué color de pajarraco usar para
confeccionarlos de manera correcta. ¿Quieres otra rebanada de pastel de
zanahoria?
—Sí, para que me expliques cómo te enseñó Dorina a hacer un talismán de Cuervo Negro.
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3 de febrero de 2025
Talismán de Cuervo Negro
1.
Me cité con Susana en la cafetería “Village Café”, ubicada frente al famoso Parque Hundido, una de mis favoritas por su cercanía a mi casa. Rara vez la proponía cuando se trataba de escuchar alguna historia extraña que podría convertirse una consulta espiritual, limpiar una casa, despojar a alguien de brujería o enfrentarme a un desencarnado, pero tenía varios días aburrido y ello era una advertencia de que, si me movía lejos de mis territorios, podría ponerme de mal humor, y, en consecuencia, no pondría atención a lo que fuese que tuviera que escuchar.
La noche
anterior había recibido un mail donde una mujer pedía nos viéramos para compartirme
“un caso escalofriante”. Claro, mucha gente dice lo mismo para engatusarme
cuando me contactan sin la recomendación de alguna amistad, así que luego de
usar mi videncia confirmé que no era ninguna lunática, por lo que acepté.
Propuse el
lugar, señalando que la especialidad del lugar era un pastel de zanahoria
simplemente exquisito, aceptando de inmediato con el argumento de que el lugar
“estaba perfectamente ubicado”.
2.
Como siempre llegué diez minutos antes y solicité una mesa dentro de la cafetería, pues siendo invierno, al caer la noche en las que tienen colocadas sobre la acera, el frío se hace insoportable.
Pedí un café
americano y decidí esperar a que Susana llegara, mas pronto me aburrí de ver
las paredes color mamey que de sobra conocía, al igual que las pinturas de
Vincent van Gogh y fotografías de Albert
Einstein, Elvis Presley Tina Modoti y demás, así que me levanté para tomar al
azar una revista del mostrador de donde puedes coger hasta libros para pasar el
rato.
Volví a mi silla y vi la portada: “The Paris
Review”, correspondiente al mes de noviembre de 2024, su número 250, la cual
anunciaba, entre otros temas, un ensayo de Hanif Kureishi titulado “El arte de
la ficción”.
Aquello me
emocionó, sin embargo, no avancé mucho en mi lectura porque la mujer llegó y
sin preguntar si yo era yo, se sentó frente a mí, atrajo la atención de la
mesera y pidió un exótico café latte macchiato.
3.
—He leído todos tus libros — presumió.
—En cada consulta me dicen lo mismo, como si ello contribuyera a ganarse mi simpatía.
—Los cuatro — se jactó.
—Vaya, “Sol negro” y “En el camino” están muy escondidos en amazon como para que los hayas encontrado.
—Soy buena buscando. Así di con tu mail para poder escribirte — insistió en fanfarronear — no entiendo por qué si tienes varios blogs, no estableces canales de comunicación adecuados para contactarte…
—Para evitar que la gente me diga cómo manejar mis relaciones públicas — la interrumpí.
—¿Por qué no hablas mucho de tus otros blogs?
—Porque hablo de lo mismo que en los tres que la gente conoce: espiritualidad, desencarnados, brujería, política, música, cine, libros… pero como dice la publicidad de los medicamentos genéricos: es casi lo mismo, pero no es igual.
—No, explican que “es lo mismo, pero más barato” — dijo, me miró con curiosidad y agregó — ¿por qué no publicitas esos libros? — cuestionó — son interesantes… me encantó descubrir que puedes escribir sobre otros temas que no sea brujería o fantasmas.
—Me gustan las conversaciones inteligentes, sobre todo si provienen de mentes ágiles, pero no me pediste una cita para hablar de mis textos — advertí armándome de paciencia.
—Vivo en una casa embrujada — soltó tratando de impresionarme.
—Y mi esposa y yo sobre un cementerio.
—¿En serio? — preguntó sobresaltada.
—Naaá, bromita.
4.
—Se trata de una casa antiquísima. Está localizada en la colonia Del Valle.
—Es raro que aún sobrevivan ese tipo de construcciones. Esa zona de la ciudad está sufriendo el derrumbe de residencias bellísimas, por parte de avorazados arquitectos, para dar paso a edificios de departa-cuartos que están hacinando más esos rumbos.
—Está cerca de la iglesia de Tlacoquemecatl — ignoró mi sermón ecológico.
—Con más razón — me quejé levantando la mano para atraer la atención de la mesera, a la que apenas se acercó le pedí dos rebanadas de pastel de zanahoria.
—Tienes razón, quiero venderla, pero los fantasmas de mi abuelo y mi madre “espantan” a los clientes.
—¿Y yo que tengo que ver en todo eso?
—Necesito que la limpies, que los saques de ahí para cerrar ese ciclo en mi vida y comenzar uno nuevo.
5.
La observé y con su sola apariencia se podía concluir que era una mujer independiente, amante de los retos, segura de sí misma, capaz de manejar sus emociones y con gran capacidad para manipular a la gente. Sin embargo, había entrado desde hace tiempo a los cuarentas, así que, aunado a su sobria manera de vestirse, peinarse y maquillarse, dejaba claro que, si no te lo decía ella misma, difícilmente podrías adivinar su empleo, su estado civil, si tenía hijos y si le gustaba drogarse.
Reflexionaba sobre su personalidad cuando el
espíritu de su madre apareció a sus espaldas mirándome con gravedad, así que
dejé de poner atención a su plática y me concentré en la historia que la vieja
insistía en contarme.
6.
—… así que esa sería la historia del origen de esa casona, de cómo me hice dueña al morir mi madre y por qué quiero venderla.
—Vaya…
—Claro, te hice un resumen, pero su origen y demás tiene sus detalles que ya conocerás con videncia — dijo Susana cuando el espectro de su madre concluía de exponer la versión de los hechos — no te aburro con los sustos que me dan los fantasmas, porque luego de leer tus libros supongo que has escuchado o vivido muchas anécdotas sobre lo que hacen para fastidiar a la gente decente, pero para mí han sido experiencias escalofriantes.
—¿Cuándo puedo verla? — pregunté cuchareando mi último pedazo de pastel.
—Tú dime, ¿cuándo tienes tiempo?... está un poco cubierta de polvo porque con los fantasmas nadie se anima con la limpieza, pero…
—Ahora mismo — la interrumpí — aún es temprano y tenemos tiempo antes de que oscurezca.
Pedí cuentas separadas, pero Susana insistió en
pagar ambas. En un movimiento para sacar su cartera, su blusa se abrió y
descubrí en su cuello colgando un talismán de Cuervo Negro, lo que me puso en
alerta.
—¿Has consultado antes a otra persona para darle
luz a tus muertos?
—No… bueno, sí, fui con gitana a que me leyera las cartas. Me dijo que estaba difícil, aunque no me aclaró a qué se refería. Sugirió usara un amuleto para protegerme de malas negativas — confesó con ambigüedad.
—¿Exactamente a qué te refieres con que “no te
explicó muy bien”? — insistí para comparar su respuesta con lo que me contó su
madre.
—Algo así como que no querían irse, por eso te busqué, porque según lo que cuentas en tu blog tú les puedes dar luz — insistió en la imprecisión.
—Vámonos — propuse poniéndome de pie.
Me cité con Susana en la cafetería “Village Café”, ubicada frente al famoso Parque Hundido, una de mis favoritas por su cercanía a mi casa. Rara vez la proponía cuando se trataba de escuchar alguna historia extraña que podría convertirse una consulta espiritual, limpiar una casa, despojar a alguien de brujería o enfrentarme a un desencarnado, pero tenía varios días aburrido y ello era una advertencia de que, si me movía lejos de mis territorios, podría ponerme de mal humor, y, en consecuencia, no pondría atención a lo que fuese que tuviera que escuchar.
Como siempre llegué diez minutos antes y solicité una mesa dentro de la cafetería, pues siendo invierno, al caer la noche en las que tienen colocadas sobre la acera, el frío se hace insoportable.
—He leído todos tus libros — presumió.
—En cada consulta me dicen lo mismo, como si ello contribuyera a ganarse mi simpatía.
—Los cuatro — se jactó.
—Vaya, “Sol negro” y “En el camino” están muy escondidos en amazon como para que los hayas encontrado.
—Soy buena buscando. Así di con tu mail para poder escribirte — insistió en fanfarronear — no entiendo por qué si tienes varios blogs, no estableces canales de comunicación adecuados para contactarte…
—Para evitar que la gente me diga cómo manejar mis relaciones públicas — la interrumpí.
—¿Por qué no hablas mucho de tus otros blogs?
—Porque hablo de lo mismo que en los tres que la gente conoce: espiritualidad, desencarnados, brujería, política, música, cine, libros… pero como dice la publicidad de los medicamentos genéricos: es casi lo mismo, pero no es igual.
—No, explican que “es lo mismo, pero más barato” — dijo, me miró con curiosidad y agregó — ¿por qué no publicitas esos libros? — cuestionó — son interesantes… me encantó descubrir que puedes escribir sobre otros temas que no sea brujería o fantasmas.
—Me gustan las conversaciones inteligentes, sobre todo si provienen de mentes ágiles, pero no me pediste una cita para hablar de mis textos — advertí armándome de paciencia.
—Vivo en una casa embrujada — soltó tratando de impresionarme.
—Y mi esposa y yo sobre un cementerio.
—¿En serio? — preguntó sobresaltada.
—Naaá, bromita.
4.
—Se trata de una casa antiquísima. Está localizada en la colonia Del Valle.
—Es raro que aún sobrevivan ese tipo de construcciones. Esa zona de la ciudad está sufriendo el derrumbe de residencias bellísimas, por parte de avorazados arquitectos, para dar paso a edificios de departa-cuartos que están hacinando más esos rumbos.
—Está cerca de la iglesia de Tlacoquemecatl — ignoró mi sermón ecológico.
—Con más razón — me quejé levantando la mano para atraer la atención de la mesera, a la que apenas se acercó le pedí dos rebanadas de pastel de zanahoria.
—Tienes razón, quiero venderla, pero los fantasmas de mi abuelo y mi madre “espantan” a los clientes.
—¿Y yo que tengo que ver en todo eso?
—Necesito que la limpies, que los saques de ahí para cerrar ese ciclo en mi vida y comenzar uno nuevo.
La observé y con su sola apariencia se podía concluir que era una mujer independiente, amante de los retos, segura de sí misma, capaz de manejar sus emociones y con gran capacidad para manipular a la gente. Sin embargo, había entrado desde hace tiempo a los cuarentas, así que, aunado a su sobria manera de vestirse, peinarse y maquillarse, dejaba claro que, si no te lo decía ella misma, difícilmente podrías adivinar su empleo, su estado civil, si tenía hijos y si le gustaba drogarse.
—… así que esa sería la historia del origen de esa casona, de cómo me hice dueña al morir mi madre y por qué quiero venderla.
—Vaya…
—Claro, te hice un resumen, pero su origen y demás tiene sus detalles que ya conocerás con videncia — dijo Susana cuando el espectro de su madre concluía de exponer la versión de los hechos — no te aburro con los sustos que me dan los fantasmas, porque luego de leer tus libros supongo que has escuchado o vivido muchas anécdotas sobre lo que hacen para fastidiar a la gente decente, pero para mí han sido experiencias escalofriantes.
—¿Cuándo puedo verla? — pregunté cuchareando mi último pedazo de pastel.
—Tú dime, ¿cuándo tienes tiempo?... está un poco cubierta de polvo porque con los fantasmas nadie se anima con la limpieza, pero…
—Ahora mismo — la interrumpí — aún es temprano y tenemos tiempo antes de que oscurezca.
—No… bueno, sí, fui con gitana a que me leyera las cartas. Me dijo que estaba difícil, aunque no me aclaró a qué se refería. Sugirió usara un amuleto para protegerme de malas negativas — confesó con ambigüedad.
—Algo así como que no querían irse, por eso te busqué, porque según lo que cuentas en tu blog tú les puedes dar luz — insistió en la imprecisión.
—Vámonos — propuse poniéndome de pie.
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