
para luna
1.
Mi muerto se hizo famoso en círculos
Espiritistas, Curanderos, Osha e Ifa, por su precisión. Era “tan popular” que empezamos
a rechazar invitaciones a Misas de Investigación y Coronación Espiritual, pues dejarlo hablar me desgastaba físicamente
bastante.
Para los que no conocen sobre el tema
diré que la relación con un desencarnado conlleva pagar una factura. Pongamos de
ejemplo a los Curanderos: dejar que lo monte
su guía (el espíritu de un guerrero, entidad, etc.), trae beneficios inmediatos
como la agudización de los sentidos, la videncia y salud, pero a la larga acorta
su vida pues “dejarlo entrar” equivale a morir
al desplazar su espíritu por unos minutos para que el otro hable.
2.
Muchas anécdotas podría contar sobre
mi muerto, por ejemplo, como cuando frecuentamos el Ilé de una temida (y mañosa
espiritista), oriunda de Varadero: acostumbrada a que sus ahijados la adularan,
y dado que mi camino de Eleggua se cruzaba con ella, solía quejarse que no me aparecía
entre semana para “saludarla”.
–no has ido a velme – reclamó un domingo que coincidimos
en un tambor para Obatalá.
–vivimos en el sur y se nos complica
aparecernos por sus rumbos entre semana – señalé aprovechando la pausa.
–tu no me buscas – insistió en su
queja y me recordó a otra “madrina” cubana que tuvimos, hija de Oshún, obsesiva,
pretensiosa y que protestaba por lo mismo.
–… y cuando podemos pasamos por
su casa, pero nunca está – y mi muerto me dijo ironizara – sus ahijados siempre la llevan a pasear.
Se me quedó viendo, su muerto se asomó
burlón tras sus espaldas, más el mío también apareció.
–si no me cree, pregúntele a su muerto:
yo no digo mentiras – advertí, ella me vio retadora, más supongo que su muerto se
encaró con el mío y al ver que yo decía la verdad tuvo que darme la razón.
–venme a vel cuando puedas – dijo en el momento en que el toque de tambor se
reanudó.
Durante una coronación de Yemaya y
Shango apenas y entré al Cuarto de Santo una Santera hija de Yemayá al verme exclamó:
“usted tiene un Eggun muy hermoso”. A lo largo de mi estancia en esa casa, cada
que me cruzaba con ella lo decía con tal insistencia que llegó a preocuparme
que aquello se estuviera convirtiendo en una insinuación.
En otra ocasión, a punto de
iniciar una Yoko osha de Oya, al llegar el Oriaté encontró errores en el montaje del trono y se negó a realizarla. Ofreció
arreglarlo a cambio de una gran suma de dinero, cosa que el Babalowo rechazó.
Una vez que se fueron nos preguntó si hacíamos la coronación y mi muerto
advirtió que saldríamos cargando gran osogbo. Externé su opinión, todos
estuvieron de acuerdo y se canceló.
3.
En la vida cotidiana mi muerto me
avisaba si la respuesta ante X situación era un sí o no, me prevenía de peligros,
si podía confiar en una persona e incluso llegó a realizar algunas sanaciones, me
defendía de Egguns oscuros, me avisaba de ataques psíquicos, me daba consejos al trabajar religión para potenciar
una obra, me protegía de brujería y lo más importante: solía mandarlos
investigar que planeaban mis padrinos en nuestra contra cuando nos fuimos de
sus casas religiosas.
¿Maravilloso?... pues no. ¿De dónde
vino mi muerto? nací con él y si bien la mayor parte de mi vida sentí que prevenir
situaciones era cuestión de sentido común, fue hasta que me rayé en Palo que él
se manifestó y con el tiempo ello me llevó a dejar de usar mi videncia.
Nunca investigué más sobre su origen,
pero hay posibles orígenes: ¿lo maté en una vida pasada? ¿fui su Nfumbe? ¿se le
pegó a mi madre estando embarazada? ¿éramos gemelos pero sólo yo nací? ¿es
producto de una maldición o brujería? ¿es un Eggun generacional que se ha
transmitido de madres a hijos?
4.
Toda las consultas que mucha
gente me hacía comenzaban con un ¿puedes preguntarle
a tu muerto qué sabe de…? y nunca falló.
Los que me tenían confianza y conocían
sus dotes curioseaban sobre su origen, idioma, si era hombre o mujer, cómo murió
o si tuvimos vidas pasadas en común, a lo que les contestaba con honestidad: “no
sé ni me interesa, ya él me contará si quiere”. Fue años después que me enteré de
algo durante un Ita: me rebelaron su nacionalidad, la que curiosamente es de
una cultura que suelo detestar desde niño, así que supongo que nuestra relación
en el pasado no fue agradable.
Temas aparte mi muerto tenía un defecto
que venía arrastrando desde que tuvo vida: le gustaba el trago y conforme se afianzaba
su comunicación conmigo comencé a beber.
Los sábados, tras tomar 3 o 4 tragos
(nunca fui un bebedor maratónico pues las resacas me atormentaban durante días),
solía soltar terríficas profecías que mi esposa anotaba en libretas (por ahí están
todavía), y que a los pocos días (o meses y hasta años después) se siguen haciendo
realidad: avisos sobre situaciones en otro país, en política nacional o presagios
sobre conocidos o familiares. Aquello era un frustrante porque se perdía “la emoción”
de recibir una noticia, o en el extremo, evitaba que nos tomara por sorpresa alguna
desgracia.
5.
Al principio tenía sus ventajas, pero
al exigir mayores ingestas de alcohol se convirtió en un problema, no porque me
pusiera insoportable (cuando mi muerto dejaba de hacer sus presagios yo solía quedarme
dormido por el desgaste), sino por la mencionadas resacas, pero todo ello era más
o menos manejable hasta que él cometió dos errores.
Uno fue que durante una comida en
casa de mis padres, tras ingerir varios tragos, permitió que el espíritu de mi abuelo
me montara y conversara con mi padre (él
no muy convencido de mis dones, pese a que su madrastra fue una terrible bruja),
platica de la que fui tomando conciencia poco a poco y que me inquietó cuando quiso
abrazarlo: mi esposa se asustó, me di cuenta de qué se trataba y lo expulsé para que no se saliera con la
suya: llevárselo.
El otro sucedió durante una evaluación
laboral en el cual debía realizar 5 exámenes de los cuales a 4 me dio las respuestas,
más un miércoles por la mañana, al salir de casa para realizar el último, se burló
y dijo “vas a reprobar”, lo que sucedió al no ayudarme y ello me obligó a instruirme
en el tema, por mi cuenta, para aprobar en segunda vuelta.
En este caso el enojo no fue por perder
la ventaja de hacer trampa, sino darme cuenta de su perversión: no sólo me afectaba
su obsesión por el alcohol, sino que él ya se sentía con derecho de tomar decisiones
sobre mí sabiendo que me perjudicarían.
Tras aprobar, luego de estudiar ante
su desconcierto (supongo que esperaba que le pidiera ayuda), un sábado por la tarde
lo reprendí: si bien era una ventaja tenerlo para solventar situaciones (sobre todo
en la práctica religiosa), el vivo era yo, él era un desencarnado y no iba a permitirle
que me jodiera la existencia.
Minutos después, a las seis de la
tarde (la hora mágica para invocar o
alejar muertos), solicité a los tres guerreros aztecas que me fueron asignados durante
mi iniciación espiritualista lo maniataran, le taparan los ojos y oídos, lo amordazaran
y lo marginaran en mi astral para no tener más contacto con él. Ahí quedó… y ahí
sigue.
Esto último es importante: de acuerdo
a mi Itá de mano de Orunla, dado que al nacer él venía conmigo no se podían cortar
nuestros lazos pues alejarlo con un oparaldo (que mi Toyale marca específicamente
para los Egguns), me llevaría sin remedio a la muerte: forma parte de mí, como
si fuera un órgano más.
Reactivados mis guerreros como protectores,
otras entidades más que he ido acumulando con el paso del tiempo, mucho más
fuertes y eficientes, mi nivel de protección espiritual mejoró notablemente.
6.
Hace días tomaba un café con mi nueva
amiga D y preguntó si podía hacerle una consulta a mi muerto (supo de él a través
del blog Basurero de almas), y como respuesta recibió una carcajada de mi parte.
Ello le incomodó, así que tuve que aclararle que mi famoso muerto está marginado desde hace años.
–¿tus consultas ya no las haces con
él? – me preguntó intrigada.
–no – sonreí.
–¿con qué examinas ahora a la
gente? – me interrogó sin salir de su sorpresa.
–mi videncia – señalé divertido –
tras deshacerme de él volví a usarla y regresó
con gran precisión y con el paso del tiempo se afina más.
–yo quería conocer a tu muerto – dijo
con cierta frustración.
–si quieres te lo muestro – la reté
tomándola de la mano para mostrarle una imagen – pero no me hago responsable de
tu susto – a lo que ella reaccionó soltándomela, provocándome un ataque de risa
– pregúntame lo que quieres saber y te darás cuenta que no hace falta su presencia.
D me cuestionó sobre varios temas
personales y al final quedó satisfecha con las respuestas.