para Gabriel Cuevas, el escritor...
11.
Nunca he entendido por qué las
casas de los Curanderos tienen que ser feas, oscuras y sucias, tampoco me queda
muy claro por qué cuando se les ve desde lejos éstas inspiran miedo… pero el
asunto es que ahí estaba yo: parado frente a una puerta oxidada que tenía
docenas de años de no recibir una mano de pintura, buscando a una Hierbera a la
que no conocía…
Había llegado a esa colonia de
temible reputación para cumplir un encargo por parte de mi padrino: la búsqueda de una
Curandera que tenía fama por ser de las pocas personas en ésta ciudad que
vendía la tan codiciada “lengua de tarántula”…
Apenas y me paré frente a la
puerta un ladrido se dejó oír desde el interior de la casa: un perro, el
clásico guardián espiritual de todo
Curandero… busqué un timbre pero obviamente no lo encontré, así que di cuatro
toquidos con fuerza sobre la lámina desvencijada (evitando los esotéricos tres golpes que en la casa de cualquier
brujo se deben evitar)…
- diga?! – cuestionó de mala
manera una voz femenina…
- buenas noches – saludé
educadamente para adelantarme a cualquier malentendido – se encontrará Doña
Teresa?
- Tere no atiende a nadie el día de hoy – advirtió recalcando la
manera de decir el nombre, al tiempo que el perro dejaba de ladrar…
- sí, lo sé – aclaré – pero Don
Mateo, el Hierbero del Mercado de Sonora, me dijo que si le avisaba de parte de
quién venía ella me… – traté de explicar, pero el chasquido del seguro de la
chapa, acompañado de una tétrica carcajada, me interrumpió…
Si bien la puerta se abrió
dejando el espacio necesario para que yo pudiera entrar, la densa oscuridad en
el interior que inundaba el patio, no me permitía ver a la mujer que me estaba
recibiendo…
- vas a pasar o qué? – escuché
que me cuestionaron…
Entré y de inmediato ella cerró
la puerta, quedándome en la oscuridad que instantes antes me había inquietado,
sentí al perro olisqueándome los pies mientras a mano izquierda oí movimientos
hasta que la discreta luz de una habitación se encendió acompañada de un
imperativo pásate…
El perro decidió quedarse en el
marco de la puerta: observó hacia el interior, movió el rabo nervioso y optó
por desaparecer… distraído por la actitud del animal no me di cuenta de que la
mujer se encontraba ya sentada detrás de una antiquísima mesa de madera, la
cual rebosaba de los típicos objetos que son las herramientas fundamentales de
todo Curandero: frascos y bolsas con contenidos poco claros, algunos palos,
hierbas y un cráneo humano…
- siéntate – ordenó al tiempo que
señalaba frente a ella lo que en su momento habría sido un pupitre escolar,
aunque con la paleta a punto de
desaparecer por el paso del tiempo y la saña de las polillas…
- cómo está? – pregunté
educadamente…
- sólo por tratarse de mi Mateo es que abrí esa puerta para
dejarte entrar – aclaró haciéndome sentir con una mezcla entre incomodidad pero
a su vez de exclusividad… soltó de nuevo su macabra carcajada…
- gracias… no quiero quitarle
mucho el tiempo…
- en mi estado – dijo a manera de aclaración – lo que a mí me sobra es
eso: años, días, horas, minutos… quizá siglos – y procedió a encender un
cigarrillo sin filtro con un cerillo…
- Don Mateo me comentó que… –
comencé la explicación, pero nuevamente fui interrumpido…
- tiene mucho que te juraste como
Curandero? – me interrogó mientras soltaba otra risotada: en ese momento
descubrí que trataba de mantener la mayor parte del tiempo la cabeza agachada
para que no la viera a los ojos…
- cuatro años – respondí mientras
observaba cómo la mujer se ponía de pie con agilidad para buscar en un estante
una vela blanca que después colocó sobre el cráneo que por los detalles de sus
formas descubrí que era real… con los mismos cerillos que dio fuego al
cigarrillo la encendió…
- imaginé que tenía usted más
años – dije no sólo a manera de cumplido, sino sorprendido por lo joven que se veía, pese a tener la voz
de una anciana, aunque quizá ayudada en su apariencia por la ropa deportiva que
vestía…
- y qué se te ofrece? – preguntó
ignorando mis comentarios de nuevo…
- necesito que me venda “lengua
de tarántula”…
- mira, mira – se burló - vas
hacer un trabajo negro muy cabrón, cabroncito – y soltó una carcajada más…
- las “lenguas de tarántula” no
son para mí – expliqué - y tampoco sé para qué las usarán…
- las quiere tu madrina, la
bruja, para chingarse a su prima -
advirtió…
- no tengo madrina, el que me las
encargó fue mi padrino – consideré necesario aclarar…
- ya lo sé: el tipo bajito, flaco
y con bigote te pidió que las consiguieras, pero quien las va a usar es su
mujer, y aunque ella no sea tu madrina tú le dices así – apuntó entre risas mientras terminaba su cigarrillo – pero
eso ni a ti ni a nosotras nos debe
importar– agregó mientras se ponía de pie y buscaba mi encargo en una serie de repisas de vieja madera empotradas en
las paredes de la habitación, y entre las que pese a la poca luz identifiqué
tres cráneos más, uno de ellos de tamaño más pequeño, acomodados en línea, y
que me recordaron a los que tétricamente se exhiben en el Osario de Sedlec…
- aquí no tengo lo que buscas –
advirtió – déjame ver si están en el
otro cuarto – tras lo cual salió de la habitación provocando que el perro
comenzara aullar escandalosamente…
Me quedé contemplando extasiado
(como suele sucederme ante situaciones así), todo el material que había en las
repisas: murciélagos disecados, velas de cebo, aceites, crucifijos de madera y
metal, cabezas de víboras e iguanas deshidratadas, hierbas secas, palos de varios
tamaños, tabaco, listones de colores, piedras, polvos en diversas bolsas, rosarios, inciensos,
cuchillos, plumas de aves, sin embargo, cada cierto tiempo mi mirada regresaba
al cráneo con la vela encendida…
Finalmente el rechinido que hizo
la puerta al abrirse anunció que Doña Teresa había regresado, pero por
la manera de caminar, con pasos lentos, dejó claro que se trataba de otra
persona…
Cuando decidí voltear hacia la
entrada descubrí a una anciana, vestida a la tradicional manera indígena,
cubierta con un rebozo y apoyando su lento andar con un bastón de madera sin
curtir…
- así que ya te dejaron pasar –
exclamó mientras pasaba lentamente a mi lado hasta alcanzar su silla…
- la buena noche – saludé y
comencé a explicar – Doña Tere ya estuvo conmigo y…
- yo soy Doña Tere y vivo sola,
bueno, con mi perro – me interrumpió mientras volteaba a ver la vela encendida
sobre el cráneo… movió la cabeza a manera de desaprobación y procedió a
encender un cigarrillo con la luminosas flama – y no me molesta que una de las niñas te deje entrar a mí casa, pues
sé que vienes recomendado por mi hijo Mateo, pero que aproveche mi lento
caminar para encenderse una velita y
darse un poco de luz… eso sí que no
me parece – y dicho esto dio una profunda fumada a su cigarrillo y lanzó con una
especie de dulzura el humo, por decirlo de alguna manera, hacia la flama de la
vela y ésta discretamente se apagó, pero sin desprender humo – aquí la única
que le da luz a los muertos soy yo – amenazó…
Me quedé sorprendido pues hasta
ese momento comprendí que debí haberme fijado en más detalles del
comportamiento de la mujer con la que
había conversado, para darme cuenta que en realidad se trataba de una
desencarnada…
- y qué se te ofrece? – me
preguntó usando la misma frase que la otra mujer…
- necesito que me venda “lengua
de tarántula” – alcancé a balbucear mientras reparaba en sus ojos,
estremeciéndome por lo que finalmente no percibí…
- aah, sí, ya sé: porque tu
padrino hará un trabajo negro muy cabrón – exclamó – búscate en esa
repisa de hasta arriba un frasquito con tapa color verde y si no la encuentras
fíjate en las otras de abajo: por ahí deben estar…
Me puse de pie y dándole la espalda estiré mi cuello hasta donde pude, tratando ver los colores de las tapas de los diversos recipientes que había ahí, pero no encontré nada, así que procedí a buscar en la siguiente repisa, que era en donde estaban los cráneos, más en el momento en que clavé mi mirada en las tres calaveras, escuché una terrorífica carcajada más, a la que supuse debía irme acostumbrando… decidí ignorarla y continué con mi búsqueda hasta que localicé el frasco, lo tomé y me di media vuelta sólo para descubrir que la silla estaba vacía: la anciana había desaparecido sin hacer ningún tipo de ruido…
Regresé al pupitre, me senté,
coloqué el frasco sobre la mesa y decidí esperar, aunque no fue demasiado; escuché abrirse la puerta en el mismo momento en que el perro aulló otra vez,
dirigí de nuevo mi mirada hacia los cráneos y otra risotada, aunque esta vez
infantil, sonó a mis espaldas: sin darme cuenta ya tenía parada a mi derecha
una niña enfundada en un impecable vestido color blanco, la cual me escrutaba con curiosidad…
- eres muertero desde niño? - me
preguntó mientras se mordisqueaba las uñas del dedo índice de la mano izquierda…
- sí – respondí mientras dirigía
mi mirada una vez más hacia los tres cráneos y comprendía a quién pertenecía el
más pequeño…
- y le tienes miedo a los
muertos? – me cuestionó con un tono cercano a la ingenuidad…
- claro – reconocí – desde
siempre… no puedo dejar de asustarme cada que ellos se me aparecen…
- cuántos años tenías cuando se
te apareció uno por primera vez? – continuó con el interrogatorio…
- quizá tu edad – le reviré, lo
que provocó que soltara una traviesa risa…
- y te asustó mucho?
- sí…
- como ahorita? – me cuestionó
escudriñándome con sus ojos apagados…
- más o menos – admití una vez
más – no siempre me asusto de la misma manera: hay ocasiones en que nada más me
pongo nervioso aunque trato de disimularlo, pero otras veces de inmediato un
sudor frío me recorre la espalda, se me seca la boca, los dedos de las manos se
me tensan y mi corazón comienza a latir rapidísimo…
- y de qué depende que te asustes
muchito o poquito? – insistió…
- te voy a confesar algo - le advertí al tiempo en que comenzaba a relajarme –
si hay algo a lo que no me puedo acostumbrar es a la voz de los muertos, eso
siempre termina por asustarme… puedo verlos o escuchar que golpean cosas o arrojan
objetos, pero cuando me hablan en voz alta, sin dejarse ver, eso sigue dándome
pavor…
- entonces ahorita no me tienes
miedo? – inquirió la pequeña mientras dejaba de morderse las uñas…
- un poco – acepté – digamos que lo normal…
- me caes bien – dijo entre risas
cortas, dio media vuelta y dando pequeños brincos salió por la puerta para
perderse en la oscuridad del patio…
- esto ya fue demasiado – dije en
voz alta, así que me puse de pie, saqué mi cartera y conté los billetes de lo
que podría costar la “lengua de tarántula” (según aventuró el precio mi
padrino), con intensión de dejarlos sobre la mesa e irme, pero el sonido de la
chapa de la vieja puerta oxidada por la que había entrado minutos antes me hizo
esperar…
Escuché diversos ruidos, pasos
arrastrarse y acomodamiento de bolsas muy cerca de donde yo me encontraba, pero
lo que más me llamó la atención es que esta vez el perro no aulló, lo que me
dio cierta tranquilidad: al parecer el
desfile de muertas se había terminado, así que me quedé en espera de que quien
hubiese llegado se asomara por la habitación donde yo estaba… más eso nunca
sucedió…
Esperé unos minutos más sin que
se escuchara ruido alguno, así que opté por asomarme al patio, sin embargo, la
negrura seguía siendo impenetrable; regresé, tomé los cerillos, encendí la vela
a medio consumir que estaba sobre el cráneo y tomándolo a manera de quinqué
decidí salir a buscar a la persona que llegó, más no encontré a nadie ni vi las
bolsas que oí habían acomodado y lo peor: tampoco había señales del perro…
Me iluminé el camino hasta la
puerta: pensaba abrirla, regresar, dejar el cráneo sobre la mesa y ya con la
luz que se filtrara de la calle guiarme para largarme sin el encargo de mi
padrino, más la chapa estaba cerrada con llave; solté una palabrota en voz
alta, regresé a la habitación y al entrar descubrí a una anciana sentada a la
mesa, con los brazos cruzados sobre el pecho, y observando con detalle el
contenido del frasco que contenían la “lengua de tarántula”… levantó la vista,
sonrió apaciblemente y me dijo…
- estás enojado o asustado?
- ninguna de las dos – aclaré –
más bien harto de tanto juego…
- los muertos no juegan –
advirtió con un tono cercano al reproche…
- pero qué tal se divierten? –
ironicé mientras colocaba el cráneo sobre la mesa y me sentaba frente ella: era
una mujer pequeña, de piel exageradamente blanca y bastante mayor, según calculé por lo ajada que tenía la cara, por su
cabello completamente gris y por la paz que desprendía su mirada: ese brillo
que sólo pueden tener los viejos por la experiencia y sabiduría adquiridos a lo
largo de años de triunfos y derrotas en la vida…
- los muertos son un asunto bastante
serio – observó mientras acercaba un cigarrillo a la flama de la vela, la cual
ya comenzaba a bañar la superficie del cráneo con la cera que escurría… le dio
una larga calada y soltó lentamente el humo en dirección al techo…
- son demasiado solemnes – exclamé
tajante tratando de insinuar que no me interesaba permanecer más tiempo en
aquella casa…
- veo que ya te dieron lo que
viniste a comprar – dijo señalando con un movimiento de cabeza el frasco…
- así es Doña Teresa - pronuncié su
nombre con la certeza de encontrarme ante la mujer a la que originalmente había
ido a buscar - pero no me han dicho cuánto me costarán…
- a ti… o a tu padrino? –
cuestionó…
- son para... - iba a decirle, pero yo mismo me interrumpí al suponer lo que ella diria a continuación…
- ... su esposa
que hará un trabajo negro muy cabrón – completó ella mi frase, por decirlo de alguna
manera, con amabilidad…
La anciana se puso de pie sin mayor esfuerzo, tomó una botella de aguardiente que estaba en el piso, le dio un largo trago y lanzó el chorro sobre los tres cráneos que estaban sobre las repisas, después dio un sorbo y lo arrojó sobre el que tenía la vela, pero buscando la manera de que el alcohol no tocara la flama...
La anciana se puso de pie sin mayor esfuerzo, tomó una botella de aguardiente que estaba en el piso, le dio un largo trago y lanzó el chorro sobre los tres cráneos que estaban sobre las repisas, después dio un sorbo y lo arrojó sobre el que tenía la vela, pero buscando la manera de que el alcohol no tocara la flama...
- cuánto le debo? – pregunté
señalando el envase y sin disimular mi impaciencia (no pensaba quedarme ahí ni un minuto más esperando a que la dueña del último cráneo recibiera la oportunidad de hacer su espectral aparición)… dijo la cantidad (que
resultó parecida a lo que había estimado mí padrino), pero al tratar de
entregarle los billetes en la mano, con un ademán extrañamente señaló que debía ponerlos
sobre la mesa…
Me puse de pie y avisé a la mujer
que me iba, tomé el frasco, le agradecí la venta de la “lengua de tarántula” y
salí de la habitación… una vez en el patio extrañamente la oscuridad era menos,
llegué hasta la puerta y en el momento en que jalé el pasador para abrirla
recordé que estaba cerrada con llave, sin embargo, el seguro cedió y sin mayor
complicación la abrí… salí y antes de cerrar escuché que al mismo tiempo sonaron varias carcajadas
espeluznantes y los aullidos del perro…
Para conocer el origen de esta serie de textos, dar click en la siguiente dirección: http://basurerodealmas.blogspot.mx/2014/07/como-viven-los-muertos-1.html
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10 comentarios:
Buenas noches. Es la historia de miedo más excitante que he leído en mucho tiempo...lo terrible es que sea verídica!.
La verdad que sus vivencias son como poco impresionantes! Reitero mi ánimo a que las publique en un libro, aunque no conozco a ningún editor. Su estilo al escribir colma de generosos matices la mente que le lee, como un chef al paladar llena de sabores la mente. Qué grandes son los Curanderos de ese Gran País que es México. Un Saludo. Jesús
Buenisimo! Aunque la neta que miedo saludos =)
Que es la lengua de tarántula y para que tipos de trabajo se usa?
hola anónimo... no acostumbro dar información sobre esto, pues mucha gente toma recetas de la web y las hace sin más y sin medir las consecuencias... solo te diré que es para hacer trabajo negro, saludos...
Solo queria saber si era alguna hierba o era alguna parte de la tarantula, la verdad nunca la habia eschuchado, y si lamentablemente hay mucho informacion para causar daño.
Si se usa en algun trabajo se puede quitar?
Saludos.
hola anónimo... se usa para hacer trabajo negro si quieres perjudicar la salud de una persona... como toda brujería se puede quitar, pero es tan poco conocida que necesitas de un buen hierbero o curandero que la conozca para que sepa hacerlo... saludos...
Buenas noches Sr. Ujule Rachid. Me encuentro releyendo sus textos. Y apunto dudas.
Cuando dice que "un perro el clásico guardián espiritual de todo Curandero"
swe refiere a un perro desencarnado? esto me induce a pensar, ¿las mascotas se vuelven espíritus-desencarnados?, y por otra manera, ¿se pueden "contratar" animales desencarnados para trabajos?.
Muchas Gracias por todo.
Atentamente,
ketu
hola ketu... no, se trata de perros vivos los que sirven protectores... a veces la gente no pone atención a los detalles, pero en muchas ocasiones la muerte de una mascota como los es porque se sacrifica por su dueño para que no sea el que muera... los animales cuando mueren se mueren y ya, aunque hay ciertas creencias que les adjudican ciertos dones e incluso un extraño origen... por ejemplo, se dice que todas las mascotas tienen origen terrenal menos los gatos, aunque hay quienes dicen que es al contrario y son los perros los extraños... hay otras practicas que dicen que todo los animales tienen una función y que por ello al morir también tienen su espacio espiritual, aunque yo lo dudo... finalmente, volviendo al tema, los animales se mueren y ya, más aquí entramos a una polémica: la única religión que aparentemente los usa después de muertos es el Palo, más mi experiencia me dice que no es el animal en sí el usado para dañar o ayudar, sino su energía combinada con las fuerzas de la naturaleza... saludos...
Buenas tardes Sr. Ujule Rachid.
El maestro Kabaleb (Luz y Progreso para él), decía que los animales comparte un alma grupal, que no han desarrollado aún el cuerpo mental pero sí el alma o cuerpo emotivo. Los cabalistas distinguen en orden de densidad, el cuerpo físico, el cuerpo astral o de deseos-emotivo, y el cuerpo mental.
No sé si entre otras cosas usted se refiere al "perro de prenda".
Me imagino a la Nganga como una Matriz creadora, que intuyo porque no estoy iniciado, según su receta o tratado, crea nuevas entidades o engendros a partir de elementos "animados" de otras, y cual Frankensteins, o modernos Prometeos, asumen los poderes de sus partes elementales. En fin sólo es un pensamiento.
Atentamente,
ketu
hola ketu, pensaba, por ejemplo, en la presencia del guía espiritual como animal en la impresionante película "La serpiente y el arcoíris"...
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