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22 de octubre de 2025

En 2025 los aztecas siguen realizando sacrificios humanos (último)

 


6.
Después de los sacrificios, los mayas y aztecas decapitaban a algunos de sus víctimas, y después de desollarlas, hervirlas y quitarles la carne, colocaban su cabeza en una pared formada con cráneos apilados, lo cual también tenía un significado espiritual.
 
En ciertos casos, sacerdotes de alto nivel solían conservar algún hueso del sacrificado (principalmente fémur), los cuales recibían cierto tratamiento y terminaban en envueltos en pieles o telas especiales, tras lo cual eran depositados en algún rincón del templo, durante cierto tiempo, antes de ser sustituidos por alguna parte ósea de una nueva víctima.
 
Los narcotraficantes no se quedan atrás en actitudes necrófilas: sus enemigos, luego de ser torturados, asesinados y parte de sus carnes consumidas, son desmembrados y también ciertos huesos (por lo regular dedos y/o cráneos), son introducidos en calderos o colocados en altares donde extrañamente (tomando en cuenta que en vida eran sus rivales), reciben ciertas tenciones, ofrendas y en ocasiones hasta oraciones.
 
En el extremo, los mayas y aztecas solían usar pequeños huesos de sus víctimas militares y las incorporaban a su indumentaria militar. En el caso de los líderes de los cárteles de la droga, se han documentado casos en donde algunos capos toman un hueso y tallan una figura pequeña de la Santa Muerte o alguna otra entidad y la introducen en su cuerpo.
 
En ambos casos esa práctica era/es resultado de la creencia de que esos pequeños fragmentos óseos les protegerían/protegerán de la muerte a manos de sus enemigos.
 
7.
Los sacrificios humanos y religión en la historia de la sociedad siempre han ido de la mano, aunque en algunos casos sea algo simbólico. Por ejemplo, en el catolicismo, durante la celebración de la llamada eucaristía, en algún momento el sacerdote presume que Jesús, El Cristo, dijo: “Éste es mi cuerpo entregado por ustedes; esta es mi sangre derramada por ustedes. Hagan esto en mi memoria”, tras lo cual invita a los feligreses a participar en un acto de antropofagia*.
 
Sin embargo, el tema de los cárteles de la droga y el canibalismo tiene particularidades, como es el caso de Nazario Moreno González.
 
Fue fundador de Los Caballeros Templarios, un cartel surgido en Michoacán, aliado del Cártel de Sinaloa. Moreno adoctrinaba a sus sicarios con pasajes de la biblia, servicios religiosos tipo misas y cantos religiosos con los que justificaba sus crímenes.
 
Ya lejos de sus feligreses, realizaba rituales con los cuerpos de sus víctimas, organizando “ceremonias” en las que los miembros del cártel y/o socios convocados debían comerse el corazón de rivales previamente capturados, torturados y “preparados” con anticipación para tal fin (como ya vimos también sucedía en la cultura mexica con los sacrificios del Templo Mayor y la ingesta ritual de carne humana en Tenochtitlán).
 
Irónicamente, en vida Nazario llegó a proclamarse “Santo” y en la actualidad cuenta con numerosas iglesias y templos donde miles de feligreses le rinden incomprensible culto, al igual que a Jesús Juárez Malverde, más conocido como “San Malverde” en Sinaloa, el Santo protector de narcos y sicarios, culto que combina creencias, usos y costumbres del catolicismo.
 
8.
En numerosos artículos de la prensa se ha destacado el vínculo entre cárteles y la práctica de ciertos cultos religiosos, sobre todo dentro de las cárceles del país, donde líderes del narcotráfico han montado templos, tronos y altares consagrados, entre otros, a la Santa muerte y San judas Tadeo, al mismo tiempo que a los Orishas, los Mpungos congos e incluso a Loas vudú.
 
En el penal de Topo Chico, ubicado en la ciudad de Monterrey, la prensa consignó que tras su cierre se localizó un altar, del tamaño de una cancha basquetbol, dedicado a la Santa Muerte, donde se encontraron cuchillos, machetes, juguetes, pistolas, drogas, figuras de la deidad de más de 3 metros de altura, huesos, cráneos y restos de sangre. Ahí, representaciones del Santo Niño de Atocha y Elegua se mezclaban con Ixtab, Horus y Huitzilopochtli, haciendo un extraño sincretismo entre el pasado y el presente.
 
Existen más similitudes, al mismo tiempo que diferencias, sobre los orígenes, la intención y la manera de llevar a la práctica ciertas creencias religiosas, pero un factor común entre todos es que el comportamiento humano, sin importar la época, está caracterizado por el vínculo con el poder, el sacrificio, la dominación, el miedo y sobre todo la violencia, que en ambos grupos minimizan el valor de la vida de las personas sin importar raza, sexo ni edad, generando así mismo fragmentación social, desestabilización falta de solidaridad, dolor, desplazamientos masivos y desconfianza.
 
Una última similitud a destacar entre los sacrificios aztecas y mayas y las masacres de los cárteles de la droga: si bien los sacrificios de las tribus prehispánicas formaban parte de un sistema de creencias espirituales, mientras que el asesinato de los narcos crea aparentemente una distorsión de la espiritualidad, que, sin embargo, se convierte en un sistema de creencias.
 
En el extremo, quizá la diferencia más importante entre mayas y aztecas con respecto a los narcos, es que los primeros hacían sacrificios humanos como un ejercicio de poder, mientras estos últimos, bajo una visión absolutamente pragmática, los incluyen a la par de la producción y el tráfico de drogas, lavado de dinero, prostitución y trata de blancas, extorsión, venta de armas, secuestro y trata de personas, como parte de todo ello y a través de un perverso empoderamiento ritualístico que incluye un culto diferente a los dioses de siempre o a nuevas deidades.
 
Claro que los testigos también colaboraban en esas diferencias: las sociedades prehispánicas celebraban esos sacrificios (cual vil circo romano), en tanto que nosotros, mientras desayunamos, lo hacemos mirando el noticiero o la primera plana del diario donde nos informan, entre bocado y bocado, el descubrimiento de una fosa clandestina con más de 200 cadáveres.
 
Indiferencia total.
 
9.
Así, tanto las tribus prehispánicas y los cárteles encontraron en los sacrificios humanos un mecanismo con el que están seguros que podían manipular las fuerzas que controlan la vida, como el karma o el destino, aunque sean términos occidentales, los aztecas tenían un refrán que advertía “Resbaladiza, escurridiza es la tierra”, los mayas también: “Mira primero lo que haces, para que no te arrepientas después”; los narcos también tienen su filosofía: “El problema de pedir favores, es cuando llega el momento de pagarlos”.
 
Si se analiza lo que conlleva una búsqueda de poder, comprensión del entorno, manipulación del miedo, control social y significado de qué hacen en este plano terrenal, entonces tienen más argumentos para justificar su comportamiento.
 
No obstante, los sacrificios humanos entre las culturas maya y azteca y los asesinatos de los cárteles del narcotráfico en México tienen motivaciones y contextos diferentes, existen paralelismos en los métodos de violencia utilizados y en su función simbólica dentro de la sociedad.
 
Así, los indígenas (empleaban) y los narcos (emplean) la violencia extrema como herramienta de control y comunicación, aunque con propósitos distintos y disfrazada con diferentes matices pata justificarla. Sin embargo, en este sentido destaca la complejidad de la violencia en diferentes contextos históricos y culturales, y la importancia de comprender sus raíces, motivos y funciones para entender por qué los sacrificios/asesinatos siguen vigentes en nuestro país.
 
* Esto me recuerda la Religión Bakongo, conocida como Palo Monte y el culto al Nfumbi, la cual surge de la idea de que “existe vida” después de la muerte, por lo que es necesario proteger el cuerpo para que esa nueva forma de vivir sea agradable para la conciencia superior, el alma, creencia que tiene una historia por demás interesante y que quizá desarrolle en otra entrada.
 
** Para aquellos devotos del catolicismo, les invito a que reflexionen sobre lo siguiente: si la mal llamada pasión de Cristo y su posterior crucifixión trajo como consecuencia una carga karmática a la humanidad, ¿por qué en cada misa, durante la eucaristía, el padrecito reitera ese karma haciéndoles tragar el “cuerpo de Cristo”?... ¿será que los feligreses se creen ese cuento de que comiéndose a Jesús obtendrán la salvación de su trasero?


17 de octubre de 2025

En 2025 los aztecas siguen realizando sacrificios humanos (1)

 


1.
Hace unas semanas el escritor, antropólogo y periodista Héctor de Mauleón publicó un ensayo titulado “Los sicarios adolescentes de la Unión Tepito”, lo cual coincidió un fin de semana donde volví a ver la película “Apocalypto” y terminé de releer “de Teotihuacán a los Aztecas”, de Miguel León Portilla.
 
Los tres, el ensayo, el texto y la película son un ejemplo de dónde viene y hasta dónde llega la violencia en México siguiendo una línea de tiempo.
 
Comentando con amistades sobre “Los sicarios adolescentes de la Unión Tepito”, coincidimos con la esencia del texto de Mauleón: ¿cómo es posible que niños de 10 o 12 años, ya convertidos en obedientes sicarios a las órdenes de un cártel de narcotraficantes, pueden arrancarle la piel de la cara a una persona viva, usar elaborados métodos de tortura, matar a familiares frente a sus víctimas, asesinarla y descuartizarla?
 
Mi respuesta siempre es la misma: porque los mexicanos lo traemos en el ADN, es parte de nuestra involucionada genética… ve lo que hacían los aztecas y los mayas arrancando el corazón a una persona viva, y ahora, siglos después, los delincuentes solo necesitan un pretexto, cualquiera, como la pobreza o el rencor, para activar esa carga genética y asesinar con la misma frialdad.
 
Me dan la razón.
 
2.
La historia de las civilizaciones prehispánicas en Mesoamérica estuvo plagada de rituales complejos y de prácticas religiosas arraigadas social y culturalmente, entre las que destacaban los sacrificios humanos, muertes que no por ser parte de ceremonias espirituales finalmente dejaban de ser expresiones de barbarie.
 
Más allá de la visión sobre el mundo entre los mayas y aztecas, los rituales se llevaban a cabo con un propósito religioso y/o político, guardando relación, en menor medida, con ciclos agrícolas y algunas festividades mundanas. Se cree que sacrificaban hasta 20,000 personas en un año con el fin de hacer pública su conexión con lo divino, lo cual incluía, tras bambalinas, la necesidad de reiterar una posición de poder y legitimidad sobre los pueblos conquistados tras feroces batallas.
 
Este proceso exigía abnegación, miedo y sumisión de parte de los vencidos, quienes proveían los prisioneros ofrendados a los dioses. Por ello, parte de la ofrenda era presentar estos rituales públicamente, creando un sentimiento colectivo, a manera de manipulación visual, para mantener la cohesión social mediante la cual la religión y las creencias “unían” al pueblo con sus gobernantes.
 
En la actualidad, siguiendo esa espiral de violencia en las retorcidas cadenas del ADN mexica, los narcotraficantes emplean la violencia y la intimidación para establecer su dominio sobre territorios y centros de población, a través de asesinatos y la tortura, para enviar mensajes que aseguren la obediencia entre la población, lealtad entre los miembros del grupo, el temor entre los rivales (informantes, periodistas, activistas y recién incluyen a influencers y youtubers), dejando claro que están por encima de la legalidad y la moralidad. Por ello es que abandonan cadáveres en lugares públicos, a la vista o embolsados, haciendo patente, además, su desprecio por el gobierno, sus leyes e instituciones.
 
En los tiempos que corren en méxico, la violencia asociada a los cárteles está manifestando características y similitudes a esos rituales prehispánicos, semejanzas no solo con respecto a los métodos para asesinar, sino también los motivos y el contexto social alrededor de ellos, incorporando cultos y rituales oscuros que en su momento requieren ofrendas, aunque no de cualquier tipo.
 
3.
Vale la pena recordar que un ejemplo de esa similitud lo dieron “Los Narcosatánicos”, tristemente famosos por razones violentas, quienes, combinando la práctica de Santería, Mayombe, Umbanda y Vudú, secuestraban, torturaban, asesinaban y ofrendaban personas de manera que esos sacrificios tenían la finalidad de defenderse de los enemigos y la policía, y su vez, proteger las remesas de droga que enviaban a Estados Unidos a través de ciertas rutas.
 
Así como en su momento, por ejemplo, para ambas etnias prehispánicas era importante sacar de la víctima el corazón aun palpitando, como parte de la ofrenda a los dioses, para los narcosatánicos la columna vertebral de sus mártires simbolizaba el refuerzo para apuntalar sus actividades delictivas.
 
4.
Las similitudes entre los sacrificios en las culturas mayas, aztecas y los cárteles abundan: como ya se señaló los dos grupos cuentan con complejas estructuras jerárquicas y sociales, de ahí que estás últimas contemplaran las ofrendas humanas en lugares públicos, una experiencia que podía infundir miedo y/o fascinación, de tal manera que se convertían en un modo de vida para los pueblos (de ahí que los mexicanos sean morbosos y obsesionados con la nota roja); mientras que los narcos dejan cadáveres colgando de puentes o árboles y cabezas humanas en plazas públicas, frente a oficinas de gobierno, escuelas o sobre carreteras.
 
Si bien hay quienes rechazan el canibalismo en los ceremoniales aztecas y mayas, existen suficientes estudios y pruebas para confirmarlo, y lo mismo sucede con los cabecillas de los cárteles, quienes dan pistas de su práctica con el descuartizamiento de sus rivales, simulándolo, como parte de sus actividades criminales, con la extirpación de órganos humanos para su venta en el mercado negro.
 
En el caso de los mayas y aztecas, la élite religiosa y política, encabezadas por un Tlaotani y un Halach Uinic respectivamente, decidían quién sería sacrificado, dictaban las normas que regulaban el comportamiento y las actividades humanas para mantener el orden (en su beneficio) y establecían tributos que ponían de manifiesto su poder; mientras que, en el medio del narco sus líderes también tienen un estatus de autoridad, deciden quién será ejecutado, dictan reglas (una de las más importantes es entender que la única forma de escapar de la delincuencia es salir “con los pies por delante”), establecen sistemas de extorsión e imponen preceptos de su muy personal estilo de ver la vida.
 
Ambas etnias/grupos comparten la idea de una causa de fuerza mayor que justifica la violencia: para mayas y aztecas apaciguar a los dioses, garantizar la sobrevivencia de su pueblo para asegurar la continuidad del orden social y dejar clara la manera en que entendían la vida y la muerte; para los delincuentes vivir rodeados de lujos, conservar el control territorial, sobrevivir en un ambiente de competencia, mantener el orden, proteger el negocio y, en algunos casos, obtener el respaldo de fuerzas sobrenaturales para perpetuar su dominio.
 
5.
Cualquiera que quiera pensar que los rituales prehispánicos se limitaban a extraer el corazón, están equivocados. Aquellos que serían inmolados en tierras aztecas, por ejemplo, se les imponía ayuno, abstinencia sexual, reclusión, vigilia, efusiones de sangre y la toma de tabaco mesclado con sal, incluyendo estudio obligatorio sobre la personalidad del dios ante el que serían sacrificados para entender por qué su vida sería ofrendada. Al momento del sacrificio, que podría tardar meses, no se realizaba si el sacrificante o sacerdote hubiese padecido alguna tristeza o contrariedad.
 
En el mundo del narcotráfico también se prepara a sus miembros, aunque de una manera violenta: al llegar a los campos de entrenamiento a los novatos se les desnuda, los mojan y obligan coger las terminales de baterías de coche para quemar un localizador si lo llevan enterrado en el cuerpo, se les moja y deja a la intemperie, desnudos, toda la noche y se les instruye en el manejo de pistolas, metralletas y lanzacohetes. Si alguna persona no cumple con la disciplina, se le asesina y al resto de los novatos se les obliga a comer su cuerpo bajo la creencia de que “si no hay cadáver, no hay delito que perseguir”.
 
En cualquiera de los dos casos, a los prisioneros y/o sicarios principiantes, con sus particularidades, simplemente se les prepara para morir.

5 de mayo de 2025

Los fantasmas temen al agua

 


1.
Seguramente los lectores recordarán a Caronte, el barquero del inframundo, personaje de la mitología griega cuyo entorno es fascinante, no tanto porque tenga presencia en las leyendas que tratan de explicar a los dioses y los orígenes del mundo: tiene que ver con la creencia de que los muertos no podían cruzar los ríos que separaban al mundo de los vivos del de los muertos: Estigia, Cocito, Aqueronte y Flegetonte. 

Para los griegos esas afluentes marcaban los límites entre la vida y la muerte, además de actuar como guardianes que impedían que los espíritus malignos crucen, en realidad para que no volvieran, al mundo de los vivos, así que Caronte se encargaba de transportar las almas al Hades, el inframundo (previo pago de una moneda de plata), donde serían juzgadas para determinar el sitio donde descansarían. 

Es por eso que Caronte tenía tanto trabajo: no era simplemente que esas almas no pudieran entrar al agua, sino que, se creía, en el fondo existían entidades oscuras que se alimentaban de ellas, por lo que, si eran atrapadas, les impediría alcanzar el anhelado reposo espiritual.

Esa es una buena explicación para entender el origen de por qué los desencarnados tienen a relación amor/odio con cualquier cuerpo de agua, ya sean pozos, ríos, lagunas, cenotes, mar y océanos: 

—Por un lado, los muertos caen bajo un tipo de encantamiento por el sonido que provocan, por ejemplo, las fuentes, bebederos, surtidores, pilas, grifos y corrientes de origen diverso son los sitios donde les gusta pasar el tiempo. 

—Por el otro, partiendo de la idea de que el líquido marca la diferencia entre la vida y la muerte, en muchas culturas se considera que los cuerpos de agua son puertas hacia otras dimensiones (como el caso de los cenotes, considerados portales al Xibalbá, inframundo para los mayas), lo que puede hacer que para los espíritus que no han encontrado la paz, represente un viaje incierto.

Existen entidades que tienen una función similar a la de Caronte, sobre las cuales recomiendo leer, como es el caso de la diosa Hela de la mitología nórdica, el dios Mictlantecuhtli para los mexicas, el dios Yama paras los hindús y la diosa Wangmu en las tradiciones chinas.

2.
Los estudiosos dirán que los fantasmas son entidades etéreas, lo que significa que no tienen una forma física sólida. Se cree que el agua puede interferir con su naturaleza, pues al entrar en contacto con ella, podrían perder su forma, impidiendo no solo que se manifiesten plenamente (su forma, lo que caracteriza a ciertos espíritus, como los llamados “chocarreros” o eggun oscuros), sino que además nunca recuperarían su energía. En el extremo, simplemente pueden desvanecerse (como una bocanada de humo de tabaco).

Esto suena coherente, pero más allá de mitos y leyendas ancestrales, el mundo espiritual maneja otros conceptos muy interesantes sobre el tema. 

El agua puede ser un símbolo de peligro para los fantasmas si la muerte de la persona está ligada a ahogamientos, naufragios, asesinato y otros eventos traumáticos ya que les recuerda su propia muerte o las circunstancias que los llevaron a convertirse en desencarnados.

Para muchas religiones el agua representa pureza y limpieza, por ello se usa para alejar a los desencarnados, ya sea con baños de hierbas, agua bendita, colocando ollas de barro con agua pigmentada de azul debajo de la cama de quien esté siendo acosado y mezclando agua con sal, alcohol o vinagre. 

En algunos casos, por esta misma razón, ciertos Santeros y Babalowos realizan baños en un río antes de alguna ceremonia (a manera de purificación) o practican parlados para alejar egguns obsesores: saben que esa será la mejor forma en que no regresen a molestar a nadie.

Hay más versiones sobre el tema, pero uno a destacar es que los muertos no pueden ver su reflejo en el agua y eso les recuerda que han fallecido, provocándoles la pérdida de memoria de cómo fue que llegaron hasta ese punto. Lo mismo sucede con los espejos, aunque solo cuando la persona acaba de fallecer (por eso cuando un enfermo agoniza se deben cubrir con paños color negro). 

3.
A diferencia de los seres humanos, que pueden cruzar ríos y lagos poco profundos o caminar en las orillas de las playas mojándose hasta la cintura, por no hablar de quienes los atraviesan nadando o simplemente usando un puente, los desencarnados no pueden hacerlo porque entre otras cosas no pueden pasar por encima, ni brincar ni mucho menos volar sobre el agua.

El agua efectivamente contiene entidades, pero ello no significa que sean malignos… ni benignos: es un elemento que aglutina “energía dinámica” cuyo efecto es la transformación de todo lo que toca, tanto a nivel externo (una presa, molinos, termoeléctricas, etc.), como interno (erosión, limpia, traslados, etc.).

Otra razón por la cual los fantasmas le temen es que están anclados a la tierra, así que caer en el agua podría evitar (dadas las corrientes entre ríos, mares y demás), que nunca más volvieran a tocar suelo. Este aspecto es interesante y quizá lo amplíe en otra entrada, y es que los espectros, al estar asociados al universo de los vivos, están:

—Ligados a lugares específicos y a la memoria de quienes los conocieron, lo que implicaría dejar el mundo que conocen y perder su vínculo con lo terrenal (viéndose este aspecto como el temor a la purificación y al olvido). 
—Aún tienen asuntos pendientes que desean finiquitar, pese a que no saben cómo hacerlo, no tienes capacidad (forma física) o dependen de hechos fortuitos para poder intervenir (aunque sea de manera sutil).
—No están listos para aceptar la siguiente fase de su destino (sí, porque el destino pactado antes de nacer incluye lo que se haga en vida como encarnado y lo que se haga en muerte como desencarnado).

Si su existencia se encuentra en el estancamiento, entonces el agua, siempre en movimiento, podría deshacer ese estado de limbo en el que se encuentran, forzándolos a confrontar una transformación que rechazan al aferrarse a lo que fueron y no pensar en lo que podrían ser si reencarnan de nuevo: una vida mejor o peor (seamos realistas) a lo que experimentaron. 

4.
Debemos recordar que uno de los peores castigos que un desencarnado puede padecer es ser encerrado en una botella y arrojado al mar, y eso tiene dos motivos muy poderosos: uno, que en el fondo de los océanos difícilmente alguien lo rescatará, y dos, en caso de que el envase se destruya por el tiempo, el desencarnado sería absorbido por el agua.

Esto es fundamental pues el agua se asocia comúnmente con la vida y la vitalidad (recordemos desde las teorías científicas como la de Charles Darwin hasta las religiosas que asignan al Yemayá la madre de todo lo que tenga vida), así que los desencarnados, al ser seres de muerte y baja vibración, se sienten amenazados por la energía opuesta que representa el agua.

Finalmente, algunos se preguntarán, si los desencarnados temen al agua, ¿por qué no se van cuando están recostados sobre una persona, al momento en que se da una ducha o entra al mar? porque están colgados del astral de su víctima, de ahí que aquellos que se dedican a la sanación, en cualquiera de sus variantes, además de agua, incluyan otros elementos durante el ceremonial para alejarlos.

1 de julio de 2020

Cosmogonías


Sobre los elementos que conforman la naturaleza siempre se han realizado desde estudios científicos y elaboradas teorías hasta historias y leyendas que contemplan la presencia del agua, convirtiéndola las dos últimas, en una deidad que la representa en las numerosas religiones y culturas que han poblado este planeta.

Alrededor de estas creencias, el vital líquido, por lo general, es el elemento del cual parte todo signo de vida, hace permanente acto de presencia… el agua está “ahí”, desde el inicio de los tiempos.

Así, el libro del Génesis de la Biblia señala que durante los siete días de la creación, desde el primero de ellos: “creó Dios los cielos y la tierra. Y la Tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas”, para luego destacar en los días 2, 3 y 5 la presencia del agua.

El griego Platón, en el “Timeo”, uno de sus principales diálogos habla sobre el origen de todo, describe cómo el “Demiurgo” (creador del universo), usando como modelo la “teoría de las ideas”, formó al planeta a partir de cuatro elementos: aire, agua, fuego y tierra, depositando en él a todos los seres vivos, incluyendo a los propios dioses.

En el antiguo Egipto se decía que el Universo era un recipiente, donde estaba la Tierra, y alrededor circulaba el río Ur-Nes, fuente del Nilo, nacido del sudor de “Sobek”: dios de las aguas superficiales, mientras “Nun” lo era de las aguas subterráneas, las cuales delimitaban el mundo de los muertos y el de los vivos, así como “Atum”, el dios creador, quien modeló al hombre mezclando tierra y agua del Nilo.

Por su parte, el romano Cicerón aseveró que el agua es el principio material de las cosas y como sustancia escencial de la naturaleza, reconociendo la existencia de una inteligencia o mente superior, como fuerza ordenadora de los seres formados o compuestos del agua.

Los aborígenes australianos Kimberley, en su leyenda sobre el origen de la vida en la tierra llamada “Tiempo de los Sueños”, aseveran que “Wallanganda”, soberano de las galaxias, vertió agua desde los cielos sobre “Wunggud”, la “Serpiente gigante de la Tierra”, quien vivía enroscada alrededor del planeta (llamado “Garagi”), pero al ser mojada se estiró y dio origen a cordilleras, valles, cerros, montañas y cañones para recoger el agua, dando inicio a las estaciones del año, períodos de la reproducción, paisajes y creando a todas las criaturas.

Para los Babilonios en un principio solo existía un vacío acuoso donde convivían “Apsu”, dios del agua dulce, y “Tiamat”, del agua salada, las que al unirse provocó que tuvieran descendencia, entre ellos a “Anu” y “Ea”, quienes procrearon a “Marduk”. Cuando surgió un conflicto entre los dioses viejos y los jóvenes, comenzó una guerra en la que “Marduk” mató a “Apsu” y después a “Tiamat”, a la que partió en dos su cuerpo: de la parte superior creó el cielo, de la inferior la tierra y de las lágrimas de la diosa nacieron los ríos Tigris y Éufrates.

Sin embargo, existen cosmogonías más elaboradas que detallan como el agua es el origen “del todo” o formó parte de la creación del planeta.

a. Un ejemplo de la importancia del agua lo tenemos en el Popol Vuh (“Libro del Consejo”): texto anónimo de los indios mayas (localizados en Guatemala, México y algunas zonas de Belice, Honduras y El Salvador), que recopila diversos mitos y leyendas sobre la creación de la Tierra.

Para los Mayas las deidades eran energías con múltiples formas, lo cual queda plasmado en la personalidad del dios “Chaac”, dueño del agua, el cual se divide en cuatro dioses vinculados a los puntos cardinales. El Popol Vuh señala: “No había nada reunido, junto. Todo era invisible, todo estaba inmóvil en el cielo. No existía nada edificado. Solamente el agua limitada, solamente la mar tranquila, sola, limitada.”

Durante la celebración de un gran consejo, los dioses decidieron que debería generarse la vida en el planeta y que esta sería fecundada por el líquido: “Entonces salieron del agua las montañas: al instante salieron las grandes montañas… las llanuras; en seguida nacieron simultáneamente en la superficie de la tierra los cipresales, los pinares.”

Establecida la vida, “Chaac” quedó como dueño del agua y sus formas como el granizo, la lluvia y la nieve, además del relámpago y las tormentas; luego, tras dos intentos fallidos, en el tercero los dioses crearon al ser humano combinando dos tipos de maíz: el blanco y el amarillo, el cual fue regado en abundancia, razón por que siempre se le ha rendido culto a este dios para tener buenas cosechas del grano.

b. Para los Yorùbá, etnia localizada entre Nigeria, Togo y Benín, el agua está representada a través una diosa llamada “Yemanjá” (conocida como “Yemayá”, “Yemojá” o “Ymoya”), cuyo nombre significa ”Madre cuyos hijos son como los peces”.

“Yemanjá”, “que es una y siete a la vez”, fue la primera deidad en nacer en la Tierra por mandato del gran Dios “Olofi”, con el objeto de que extinguiera el gran fuego y las rocas que ardían: lo único que existía al inicio del todo. Ya establecida ella dio origen al agua salada a través de los mares y océanos, con las cenizas formó la tierra y convirtió el vapor de las llamas sofocadas en nubes, para que cayera la lluvia: el elixir de vida que nunca deberá faltar en el planeta.

Una mañana, cuenta la leyenda, ella sintió dolor en el vientre y de él salió el agua dulce a través ríos y lagos, peces, la luna y el sol, estrellas, montañas, valles, selvas y seres vivos como animales, insectos y plantas, “todo lo que alienta y vive sobre la Tierra”. Creada la vida, el dios “Obàtálá”, su esposo”, modeló el cuerpo humano al que “Olofi” dotó del alma con su aliento divino.

Los Yorùbás hacen referencia a “Yemanjá” en el cuerpo de las mujeres a través de “la bolsa de agua” en la que se desarrollan los bebés (el útero) donde se encuentra el origen de la vida, la maternidad y la fertilidad. Esta concepción señala que los seres vivos son sus hijos, y en el caso de los humanos, el por qué durante 9 meses nadan “como peces” en la placenta de la madre.

c. En la mitología Nórdica (la Europa septentrional que antes abarcaba Estonia, Islandia, Letonia, Noruega, Dinamarca, Suecia y Finlandia), el agua también juega tiene un gran papel al momento de la creación.

En “Las profecías” de la profeta Sibila, escrito a manera de poemas, se narra que al principio de los tiempos existía un gran abismo vacío llamado “Ginnungagap”, así como el árbol universal “Yggdrasil” que sostenía a los mundos, en cuyas raíces existían dos poderosos reinos: “Muspell” (el del fuego) y “Nifelheim” (el de la oscuridad).

En medio de estos dos reinados se encontraba “Hvergelmir”, un caldero con agua espumante que alimentaba a los doce grandes ríos que flotaban sobre “Ginnungagap”, los cuales al precipitarse sobre él, formaban inmensos bloques de hielo. En algún momento las grandes llamas del fuego que se esparcían desde el reino de “Muspell” cayeron sobre el hielo, creando un denso vapor del que surgieron todos los elementos, el espacio, la tierra y el océano.

De este suceso surgen varios Dioses (como “Vili”, “Ve” y el legendario “Odin”), y de entre las gotas del hielo derretido nace un gigante hermafrodita llamado “Ymir”, quien al quedarse dormido suda y de entre las pizcas que escurren por su brazo izquierdo, nace la primera pareja humana llamada “Ask” y “Embla”.

Hay otro aspecto relacionado con la importancia del agua y que también forma parte de “Las profecías” de Sibila: El dios “Odin” (principal deidad de la mitología nórdica), conocido como el “Señor de la guerra y la muerte, poesía, sabiduría y magia”, vivía en un palacio llamado “Valhalla”, desde donde veía los Nueve mundos. Sintiéndose ávido por alcanzar la sabiduría descubre que en las raíces del árbol sagrado “Yggdrasil”, se localiza un manantial cuya agua contiene el conocimiento sobre el todo.

Sin embargo, el lugar era custodiado por la cabeza del dios decapitado “Mimir”, un gigante guerrero señalado como “El que conoce el pasado y el futuro”. Cuando “Odin” llega al manantial que contiene la anhelada agua, la cabeza de “Mimir” le pone como condición para beberla que le entregue uno de sus ojos, petición que él acepta de inmediato y por la cual a “Odin” siempre se le ha representado como tuerto.

Tras conocer estas leyendas, confirmamos que el agua es fundamental para la existencia y la vida de todos los seres vivos en el planeta, ya sea en la realidad o en la fantasía.