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17 de marzo de 2022

Inducir al miedo en la Osha e Ifa

 


Recibí un mail de una joven que me preguntaba sobre cómo proceder ante una “propuesta” que le hizo su padrino para tener contento a Eleggua. Según ella, en una consulta el Orisha le dijo que era muy pesimista y que el culpable era su novio, por lo que debía terminar esa relación (lo cual obviamente hizo).
 
A los 21 días el padrino la consultó de nuevo y le advirtió que Eleggua seguía molesto porque no cambiaba su actitud, por lo cual tenía que organizar una fiesta con mucha comida, ron, música tropical, adornos infantiles, usar ropa ligera y lo importante: sólo asistiría su padrino.
 
Pidió mi opinión y se la di: “ningún Orisha diría algo así, es mentira, no regreses nunca a ese Ilé, porque de hacer esta fiestecita serás objeto de una agresión sexual de parte de tu padrino”.
 
Contradiciéndose en su inquietud, la mujer respondió diciendo que el mentiroso era yo: lo pidió Eleggua, cómo me atrevía a cuestionar un ebbo marcado por un Santo y que su padrino era un religioso honorable. No volvió a escribir.
 
Señalan estadísticas que el ser humano usa solo el 7% del potencial de su cerebro y sólo genios como Albert Einstein utilizan el 12%, que el 92% de ese 7% está lleno de actitudes acumuladas desde que nacemos y hasta los 3 años de edad, alcanzando ecos de aprendizaje hasta los 6.
 
Lo anterior se obtiene por cómo somos educados, la interacción con nuestros padres, hermanos, amigos y vecinos; por experiencias vividas; por la televisión, escuela, juguetes, radio y todo a lo que son expuestos nuestros 23 sentidos (no son 5 como quieren creamos), lo que redunda en nuestra actitud ante la vida y cómo aprenderemos más cosas de acuerdo a los nuevos datos a los que seremos expuestos.
 
Al llegar a la etapa adulta asumiremos una actitud basada en miedos y fortalezas lineales y manipulables, cuyo sentido busca que cumplamos, a como dé lugar, con normas y conductas para ser aceptados y desempeñar una función social, so pena de ser rechazado y hasta reprimido no solo por la sociedad, sino por el mismito Dios.
 
A lo anterior se le llama miedo, su apellido paterno es: amenaza y el materno es: castigo…
 
Empecemos con el personaje más conocido: Dios ¿por qué debemos temerle?... porque alguien se le ocurrió decir: “He aquí, la tempestad del SEÑOR ha salido con furor, un torbellino impetuoso descargará sobre la cabeza de los impíos” (Jeremías 25:32), y de ahí otro listillo se agarró de “Él castigará a los malos, abominables, impuros, ladrones, asesinos, idólatras, brujos, mentirosos, violadores, cobardes e incrédulos” (Apocalipsis 21:8).
 
Para reprimirnos Dios tiene a Simikiel, su inclemente Ángel de la Venganza, y además a los llamados Siete ángeles del castigo: Hutriel, Shoftiel, Lahatiel, Kushiel, Makatiel, Pusiel, Rogziel y no hay quien los detenga, pero vale la pena cuestionarse: si se afirma que “Dios perdona todos los pecados” (Colosenses 3:13), entonces ¿a quién le hacemos caso en eso temerle?
 
Sigamos con los dioses castigadores, en este caso con Olofi: ¿por qué debemos temerle también?... pues porque alguien decidió consignar en el oddu Ogbe Weñe que él castiga la maldad, en Obara meyi que escarmienta con la muerte, por ejemplo, a la apetevi que sea infiel y en Ogbe Iwori que la curiosidad es castigada, entre muchas otras formas de hacer su justicia.
 
Los Orishas, los ejecutores de sus designios, no se quedan atrás y en Ojuani meyi Oggun castiga a la Muerte, en Ojuani shobe Oya sanciona cegando y poniendo loca a la gente, en Ojuani irete Orunmila denunció a Oshun ante Obatala para que la encontrara y la escarmentara, y claro que no podían faltar los Babalowos: en Odi tola se les autoriza a castigar a los “ahijados faltones” haciendo un terrible ebboe con el caldero de Oggun. Y aún faltaría citar a los chivatones Eleggua y Eshu, vigilando “en cada esquina” cualquier cosa que hacemos o dejamos de hacer.
 
Recordemos: uno de los peores errores de los practicantes de la Santería e Ifa en américa fue humanizar a los Orishas, haciéndolos borrachos, mezquinos, fanáticos del sexo, violentos, traidores, asesinos, mentirosos, ladrones, pero al final de cuentas arrepentidos, y gracias a la intervención de un Orunmila (luego de ser amenazado con la venganza de Olofi), perdonados, para luego volver a contravenir los preceptos de Ifa, al cabo el “ebboe” (mero soborno), todo lo compone.
 
El miedo (junto con la amenaza), es permanente en la manipulación que muchos Santeros y Babalowos hacen de los signos que marcan una consulta, del contenido de un ita y de cualquier oportunidad que se les presenta al trabajar religión: a consecuencia de ello asumimos actitudes de sumisión y obediencia (un “sistema de esclavitud perfecto” que ya he citado), por el pavor que provoca imaginar el enojo de los Orishas.
 
¿De dónde viene ese miedo? de la ignorancia compartida por los padrinos: son el primer contacto del neófito con la religión Yoruba, quienes repiten una y otra vez que los Orishas son deidades que se enojan y su venganza contra los profanos será inclemente. Señalemos que la más ridícula enseñanza sobre el tema lo entregó Lydia Cabrera con su texto “Venganzas y castigos de los Orishas”: un relato infame en el que presenta a los dioses Yoruba como inclementes castigadores.
 
Veamos cómo una conducta religiosa es inducida por el miedo en la Osha e Ifa.
 
Se dice que cuando una persona va a consultarse al pie de Ifa debe estar limpio y sin tener relaciones sexuales durante las últimas 24 horas, ya que de hacerlo se estaría cometiendo una falta de respeto grave. Gran mentira: se pide al consultado presentarse limpio porque durante el acto sexual se da un intercambio intenso de energía entre la pareja que termina por conjuntar su astral, cuyo resultado sería una imagen distorsionada en la que confluyan los dos astrales, y en consecuencia, el registro no sería exacto.
 
En otra invención se exige que para atender a los Orishas se debe estar limpio y de preferencia vestir de color blanco, como si el religioso se presente ante ellos como si fuera a ir a una fiesta, más de nada sirve hacerlo con esa pulcritud pues ello no evitará que una deidad “sepa” que se ha maldecido o mentido, si se ha obrado de mala fe o perjudicado al prójimo.
 
Otra mentira: la aberrante prohibición de que nunca se debe estar sin ropa frente a los Orishas pues la desnudez humana los ofende… vaya: ¿acaso no nacimos desnudos?, ¿ahora la creación de Olofi resulta una afrenta?
 
Hay una más: se advierte que en un atributo Orisha jamás se deben guardar objetos o dinero robado, y entonces ¿por qué algunos Santeros y Babalowos hacen que sus ahijados o pacientes dejen el derecho por un ebboe que no se necesitaba o simplemente por el que cobraron una exagerada cantidad de dinero?
 
Así, ¿cuántas sandeces se repiten o hacen en nombre de la Santería e Ifa, sin ni siquiera cuestionar su lógica (y tras acumularlas en el cerebro), sólo porque fue lo primero que se escuchó en voz del padrino, que a su vez fue dicho por sus padrinos, y al mismo tiempo se repite desde tiempos ignorantemente inmemorables?
 
Muchos de esos absurdos se asumen como reales sin cuestionarlos, sí, pero lo peor: ¿a cuántos recién iniciados que vienen caminando detrás (llenos de fe, entusiasmo o necesitados de ayuda), también se les harán creer? Y en el extremo: ¿cuántos religiosos, ahijados o pacientes asumen una actitud que en ocasiones raya en el esclavismo, por el hecho de creer que quien exige la sumisión es, curiosamente, un vengativo Orisha que aparte de vigilarlos, “respalda y defiende” a su caprichoso y perverso padrino? 
 
Hacer un catálogo que permita entender la mecánica religiosa a quienes se van a iniciar en la Osha o Ifa y no ser engañado sería reiterativo, pues mucho está ya señalado en este blog, más para aquellos que ya pusieron en manos de un padrino su destino, conviene insistir que una religión no se practica con miedo ni se necesita ser iniciado con cualquier pretexto, pues ello pondría en peligro nuestra integridad en las manos equivocadas, y para entenderlo basta con tener sentido común.
 
Ningún Santero o Babalowo puede usar a la religión para amenazar a un ahijado o paciente con recibir un castigo, pues precisamente el uso de un oráculo es para prevenir cualquier amenaza que puede solucionarse con un ebboe, para lo cual debe hacer una interpretación objetiva de un oddu.
 
Un Orisha no es juez, ni espía, matón, policía, perseguidor, vigilante, vengador ni justiciero al servicio de Santeros o Babalowos: no salen de un Ilé a la calle a cazar a ahijados o pacientes que se “portan mal” ni mucho menos se van a prestar a berrinches, pues las religiones de origen africano no funcionan así, aunque los sacerdotes ególatras piensen lo contrario.
 
Curioso, pero fue precisamente un Babalowo quien sabiamente me explicó la naturaleza de la Osha o Ifa de la manera más sencilla que se puedan imaginar, cuando me dijo “para entender la esencia de Ounmila debemos verlo como el efecto bumerang”.
 
Sí, somos lo que hacemos, recibimos lo que damos, no lo que otros (padrinos, seres humanos como nosotros), decidan sobre la vida misma. Usemos el cerebro y apliquemos la lógica antes de dejarnos manipular por el miedo, pero sobre todo seamos objetivos y analicemos nuestro comportamiento para saber si merecemos lo que nos sucede.

23 de abril de 2019

Aniversario en un templo de Curanderos


1.
La historia de H sería extraña a los ojos de un practicante de la religión que se les ocurra, pues desde la perspectiva de una creencia, su “fe” se debate peligrosamente entre la línea que separa el dogma del fanatismo.

Nos conocimos en un Templo Espiritual buscando respuestas a nuestros respectivos problemas, pasamos de pacientes a aprendices y después a iniciarnos como Curanderos, luego a Paleros y Santeros (resultó hijo de Ogun), y hasta donde me enteré se juró como Babalowo en la corriente (¿eso existe?) de Wande Abimbola.

H como Curandero era bueno y durante años lo demostró, primero ante nuestro padrino, luego cuando recibió “su bendición” para trabajar por su cuenta, pero sin renunciar al templo. Tenía un pueblo nutrido hasta que mezcló Curanderismo y Santería, revoltijo que si bien le hizo perder pacientes, también le llevó a granjearse nuevos feligreses y hasta tener un programa de radio.

Los dos admitíamos que los caminos de la evolución espiritual no tienen banderas, pero sus inventos rompían las fronteras espirituales y carecían de coherencia: analizando sus mezclas vi que nada tenían que ver con energía Curandera y de Osha, aunque ambas manejaran elementos de la naturaleza.

Un ejemplo: cierta noche en que llegué a su Templo él estaba terminando un amarre con un pescado murciélago, mas al terminar la obra hizo pasar a la paciente ante Oshun para realizar otra ligadura de amor con un nabo que consideré innecesaria.

2.
Tras aquello marqué distancias de su obra espiritual, pero respetando la amistad que nos unía, hasta que ante la proximidad del tercer aniversario de su Templo me pidió tocara El Caracol: un ceremonial prehispánico que se practica para dar por iniciadas las festividades de un Santuario, solicitud que acepté, llegando temprano ese día para participar en las obras previas a la celebración.

Saludamos a los Curanderos y Chamanes conocidos, nos presentaron a los desconocidos (y a algunos Santeros), nos purificamos en el primer patio del Templo (usando incienso, mirra, alumbre, copal y hierbas), e invocamos a nuestros Guerreros indígenas para efectuar el protocolo que nos “obliga”, entre otras cosas, a crear un círculo de protección para el recinto y los asistentes durante la celebración.

Luego vinieron los disparates: H cumplió con las ofrendas para Ahuiateteo, Ixtlilton, Mictlantecuhtli, Coatlicue, Yacatecuhtli, Quetzalcóatl y Xiuhtecuhtli, pero incluyó atenciones a Supay, María Sabina, Hela, Sejmet, Pachita, Kali y otras entidades que no forman parte de nuestra guía espiritual, pero apenas y entramos al segundo patio…

3.
… carajo.

4.
… había un altar con ofrendas para Oggun (con plátanos verdes, aguardiente, jutía, manteca de cacao y corojo, melones, pescado ahumado, tabaco, maíz tostado, ñame y mucha nuez de kola) y fruta para los demás Orishas, lo que me llevó a cruzar miradas con mi esposa y ponernos alerta pues aquello no sería un festejo de Curanderos y podrían surgir problemas.

Nos quedamos al margen viendo a los demás rendir honores a las deidades Yoruba: algunos asistentes entendían qué hacía esa ofrenda ahí y los Santeros asumieron una actitud más relajada al sentirse en su ambiente. Al tiempo que todo ello sucedía, H explicó:

- en mí Templo conviven Deidades y Orishas: todos son dioses y ellos nos escuchan… ustedes son bienvenidos y estarán cobijados por ellos desde su llegada y hasta que lleguen a sus respectivos hogares – y ante el silencio general, agregó – siendo todos los dioses festejados, no habrá pleitos ni recelos.

Y así siguió. Nuestro padrino aún no llegaba y comprendí que H tenía su misma tendencia a mezclar religiones por su ignorancia y falta de entendimiento del mundo espiritual.

Chamanes y Curanderos subimos al Sagrario del Templo (esta vez fue imposible que los Santeros participaran: era un asunto de Espiritualistas), para los últimos rituales, entre ellos desangrar la "Corona Crística", limpiarnos con una gallina negra, destazarla y meter sus trozos en cuatro bolsas de tela negra, junto con otros objetos y de las que fui el responsable de salir a la calle a dejarlas en las cuatro esquinas.

5.
Cuando los Chamanes y Curanderos regresamos al primer patio, en la calle ya había gran cantidad de feligreses pidiendo a los Santeros abrieran la puerta: unos con ofrendas, y otros con dos y cuatro patas, puestos a entregarlas a las entidades o deidades para quienes tuvieran agradecimientos.

H me pidió sonar el Caracol para dar entrada de un grupo de percusionistas y danzantes: cumplí solemne con el ritual durante varios minutos, después los indígenas tocaron y bailaron ritmos prehispánicos para las deidades, se depositaron las ofrendas y mi amigo inició “La Cátedra”, que duró casi dos horas, luego invitó a todos pasar al segundo patio para que un grupo de tamboreros tocara a los Orishas.

Al terminar el güiro H nos pidió inmolar los animales: decliné y prudente no me cuestionó, mientras los demás Santeros iniciaron con el sacrificio que a mi gusto, dada la cantidad, se convirtió en una masacre (de la que si bien tomé fotos con mi celular, con el tiempo se perdieron).

6.
Lo que siguió fue un ramplón festejo a la mexicana, alguien montó un sonido durante la matanza y al terminar sonó música tropical: la gente empezó a brincotear y devorar la comida y bebida que algunos feligreses aportaron.

H me pidió lo acompañará a comprar cerveza y bolsas de hielo. Fuimos en mi auto, agregué un par de cajas que pagué aparte, hicimos algunos comentarios que nada tenían que ver con la mescolanza y volvimos. Minutos después, sin saber el origen, vi circular botellas de ron. Al poco mis invitados llegaron, coincidiendo con mi padrino, su mujer, hijos y unos Babalowos.

Fue así que me encontré conviviendo entre Tarotistas, Reikisitas, Sanadores y demás practicantes que solían consultarse con H, quienes se sumaron a la mezcla energética de Curanderos, Chamanes, Santeros y Babalowos que pobló el festejo, aunque yo no terminaba por sentirme a gusto.

7.
Conforme avanzaba la tarde la esposa de H, una Curandera tramposa, mentirosa y promiscua (hija de Oshun), comenzó a repartir dulces y juguetes entre los niños, a los que agregaba cervezas si se trataba de adultos, todo lo cual decliné a recibir pues sabía de sus artes brujeriles para endulzar a hombres y mujeres por igual. Al desechar el juguete, se quejó:

- es para que se lo pongas a Eleggua… él quiere que dejes salir tu niño interno y te diviertas – todo acompañado con esa lascivia que tanto me irritaba desde la primera vez que se me insinuó.
- pues que me disculpe Eshu – avisé inclinándome al suelo para golpear tres veces con cierta parte del dedo índice, un truco para avisarle a Eleggua que alguien está poniendo una trampa en su nombre – pero hoy estamos celebrando a los depositarios de la vida en tierras mexicas…
- tú te lo pierdes – dijo, regresó el cacharro a la bolsa y se fue agitando sus caderas para repartir más brujería.

La observé de lejos y vi que rebuscó demasiado en la bolsa tras llegar ante mi esposa, quien también rechazó el juguete y ante lo que “la madrina” repitió la partida con exagerada coquetería.

8.
Llegó la noche y la música tropical sonaba insistente: el pueblo comenzó a despedirse y el festejo se concentró en el primer patio, ante las Deidades Prehispánicas, y principalmente entre lo más allegados a H. Fuimos por más cervezas, acompañados por un par de sus ahijados. Pagué otras dos cajas.

Ya de regreso al Templo, rumbo al baño, me encontré con un Mayombero amigo mío (a saber a qué hora llegó), plantado a lado de una tina que contenía hielo y las cervezas, así que opté por quedarme a su lado y dejar de poner atención a tanto disparate.

Pasaron las horas, tomé varias cervezas (en realidad fue mi Guía Espiritual, porque al llegar la hora de irnos no estaba alcoholizado), mientras a veces mi esposa se aparecía, divertida, observando el grupo de religiosos que se había formado a nuestro alrededor y atento a las bromas de mi amigo.

Al rato se oyeron risotadas en el segundo patio y varios fueron a buscar su motivo, descubriendo que el motivo era un ahijado, que se creía galán, bailando sensualmente reggaeton sobre las piernas de otra ahijada de H, de quien todos en su templo se burlaban por ser una solterona.

El escarnio por aquello me resultó grotesco, así que terminé mi cerveza, avisé a mi esposa que era hora de huir, propuse al Mayombero acercarlo a su casa (casi éramos vecinos), nos despedimos y salimos dejando ese aniversario al que no le vi pies ni cabeza.

En el trayecto mi amigo comentó de una pelea a golpes entre Aleyos hijos de Oggun y Shangó, ahijados de H, a las puertas del templo, lo cual no me extrañó pues algo tenía que provocar las burdas mezcolanzas de H.

9.
Las últimas veces que hablé con H fue vía telefónica meses después: en la primera me quejé de las incongruencias de Eleggua. No supe el motivo, pero a las pocas horas su programa de radio versó sobre mi reclamo, done repitió mi posición ante los Orishas y me puso como ejemplo de lo que NO debe hacer un Santero.

Ni que decir que en cuanto terminó su transmisión le hice la segunda y última llamada para reclamar su falta de respeto a la privacidad de nuestra conversación, esgrimió torpes argumentos hasta que, “amistosos”, colgamos sin que él supiera que era la última vez que cruzábamos palabra… y luego me enteré de esa iniciación como Babalowo al estilo Wande Abimbola.