Mostrando entradas con la etiqueta yo superior. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta yo superior. Mostrar todas las entradas

2 de mayo de 2019

Hablando con el alma de Oshun


1.
– ¡desgraciado, idiota! – gritó VB refiriéndose a J, su aún esposo*, un actor que recién la había dejado por irse de vacaciones al Caribe con una mujer 30 años más joven, y a su regreso, tras acomodarla en un departamento de lujo, le pidió el divorcio.

– ¡cabrón! – vociferó tras arrojar un paquete de revistas y periódicos sobre el medio artístico a la mesa de centro de su sala, en los que se narraba con detalle los amoríos de la pareja en la playa y las erráticas declaraciones VB como resultado de su ego herido.    

Ella tenía 57 años, aunque su porte y buena figura la hacían verse de unos 40. Era una presencia constante en programas de variedades nocturnas desde hacía tres décadas y su matrimonio con J había sido duradero, considerando la promiscuidad del medio artístico mexicano.

2.
Había más: era hija de Oshun y J hijo de Shangó, coronaron Osha juntos (la combinación los hacía una pareja llena de atractivos y misterios), aunque no practicaban la religión ni tenían padrinos a la vista. VB llegó a mi casa por intervención de una joven que atendimos antes (https://basurerodealmas.blogspot.com/2014/07/como-viven-los-muertos-2.html).

Mi primera respuesta fue negarme a recibirla (no veo la tv y ese medio me parece inmundo), más mi esposa me recordó mi camino de Eleggua y previno un enojo de Oshun, así que accedí a consultarla un lunes.

3.
– no vengo a pedir que le hagas daño a la fulana – señaló despectiva mientras encendía un cigarrillo.
– no hago brujerías… de ningún tipo – advertí reprobando con la mirada la presencia del tabaco en mi casa, rechazo que ignoró.
– tampoco quiero hechizos – avisó – si de eso se tratara yo podría hacerlos: para eso soy hija de Oshun, la reina bruja del Panteón Yoruba.
– ¿en qué te ayudo? – me armé de paciencia, arrepentido de que mi esposa estuviera tomando un café en ese momento con sus amigas.
– quiero endulzar a mi marido para que no se vaya – soltó – y no porque lo ame, sino porque no pienso ser la burla de nadie.
– me temo que si eres hija de Oshun y endulzas a un hombre sin estar enamorada de él, estarías cometiendo un suicidio espiritual.
– ¿de qué hablas? – me increpó.
– por no trabajar religión no sabes cómo funciona la energía Orisha, y en consecuencia, no entenderás nada de lo que te revele.
– vengo por explicaciones… – remarcó.
– estás aquí por una recomendación – la ignoré – no buscas obras para conservar a tu marido, sino confirmar mi videncia y saber cuál es tu futuro en el amor – VB bajó la mirada y las lágrimas brotaron, apagó el cigarrillo y me pidió un vaso con agua.
– sí – dijo tras beber la mitad de un trago – vengo porque… ya confirmaste que eres buen vidente con lo que has dicho y…
– quieres olvidar a tu marido: su traición te deprimió y odias sentirte así, sobre todo porque tienes un adinerado pretendiente que ve tu posible divorcio como una puerta para llegar a ti.

4.
VB estaba perdiendo el interés en ocultar su madurez: en su mirada se percibía que había vivido lo suficiente para saber qué esperaba de la vida y lo que no le aceptaría. Si bien era alta, exuberante y con clase, su atractivo menguaba por ese algo que quiebra el alma: una traición, lo que se veía en la dejadez del arreglo de su cabello y uñas.

Durante media hora hizo preguntas sobre Santeros, Babalowos, Paleros, y obviamente Videntes, así como de qué manera modifican el entorno del paciente para armonizar las energías que le rodean.

Tras responder le expliqué que las relaciones sentimentales traen detrás vidas pasadas, karmas, destino, pendientes, evolución, errores (y si te descuidas), nuevas cuentas por pagar. Ella se quedó en silencio varios minutos mientras para mi irritación fumaba su tercer cigarrillo.

– ¿y cómo diablos saco a J de mi corazón? – se sinceró finalmente.

5.
– hay dos maneras: una de ellas es con brebajes y la otra…
– ¿sólo con beber algo dejas de estar enamorada? – me interrumpió.
– no… se trata de que todas las noches tomes un té que te relaje hasta que la persona deja de importarte.
– ¿de verdad? – cuestionó intrigada.
– la otra es que me dejes hablar directamente con tu alma.
– ¿con mi alma? – se extrañó – pero si ya estás conversando conmigo…
– no, estoy platicando con la VB de esta reencarnación, pero dentro de ella eres una alma sin personalidad ni lastres mundanos.
– no entiendo – confesó.
– digámoslo así: necesito conversar con tu yo superior, ese que sabe que no está enamorada de J y al que tampoco le duele su traición.  
– ¿puedes hacer eso? – preguntó.
– sí – reconocí levantando los hombros para no darle importancia.
– ha de ser impresionante tener dones como los tuyos – exclamó.
– es terrible, pero no tengo opción – me levanté, entré a la cocina y preparé el té; regresé con una taza llena de líquido color naranja, se lo entregué, pedí que lo bebiera y seguí explicándole – para hablar con tu alma necesito que me des permiso pues lo haré mientras duermes.
– ¿te meterás en mi cama a platicar conmigo? – cuestionó con picardía.
– es algo complicado de explicar, pero digamos que tras conversar con tu alma te quedará claro que no estás enamorada de J.
– no entiendo – suspiró.
– si confías en que te ayudaré a superar esta etapa de tu vida, entonces mañana cuando despiertes te darás cuenta que valió la pena.  
– ¿apenas te conocí y quieres que te confíe mi alma? – se quejó.
– tienes otra opción: salir por donde entraste y no hacerme perder el tiempo – agregué, me miró retadora, pero al final cedió y bebió su té.
– confío en ti – aseguró.
– no – la interrumpí – debes decir que aceptas que hable con tu alma para que tu Guía espiritual me deje acercar.
– acepto que hables con mi alma – repitió y luego sonrió.
– necesito te des un baño con miel color rosa: te embarras todo el cuerpo, cuentas hasta 150 y después te bañas normal.
– de acuerdo.
– mañana me dices cómo te sentiste con el té: si estás mejor te daré los ingredientes – añadí – y me cuentas cómo va tu ánimo con respecto a J.
– te marco – prometió, pagó su consulta y se fue.

6.
Esa noche dormí sobre sobre una estera, en el cuarto de Santo, ante mi sopera de Oshun.

7.
VB no llamó al otro día sino hasta el sábado: dijo que estaba segura que el té y mi plática con su alma sirvieron para tomar ciertas decisiones.

– J llegó al día siguiente con una propuesta irrechazable – contó – que incluía propiedades y dinero a cambio de firmar el divorcio.
– vaya – exclamé – en eso no tuve nada que ver.
– debo reconocerlo: cuando llamó por teléfono para decirme que estaba cerca de casa, pensé que sólo de verlo mi seguridad se derrumbaría.
– ¿y?
– cuando llegó me provocó indiferencia – dijo y me hizo reír.
– si hubieras escuchado lo que opina tu alma sobre J, te quedaría claro que “indiferencia” se queda corto.
– ¿qué dije? – sintió curiosidad.
– no lo repetiré: llegar a ese punto de conciencia es trabajo tuyo y lo conseguirás evolucionando espiritualmente… intenta meditar o la yoga.
– en fin… acepté su oferta y estos días fueron de firmas de papeles, cartas compromiso y demás asuntos legales – cambió de tema.
– vaya… espero que le hayas sacado ventaja.
– bastante, pero de todos modos siento una basurita en mi ánimo.
– el resto lo hará el té – le di los ingredientes, agregué 5 baños con la miel rosa, uno cada sábado, y sugerí usara ropa interior amarilla.

7.
Semanas después, leyendo en el local de la esquina de mi trabajo los encabezados de los periódicos, la portada de una revista mostraba una foto de VB con el millonario pretendiente antes de abordar su avión particular rumbo a Portugal: se veía feliz, rejuvenecida y destilaba de nuevo glamour.

* ciertos aspectos de los involucrados se modificaron para no ser identificados; la protagonista aprobó la difusión de su anécdota.