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1 de marzo de 2020

La falsa acusación en facebook contra este blog


Hace días facebook me notificó que ya nadie podría ver los mensajes del blog “Basurero de almas”, ya que infringen sus normas comunitarias; acusándome hacer spam y de usarlos para hacerme millonario y borrando los posteos de la página.

Seguí el origen de la acusación y descubrí que fue la entrada https://basurerodealmas.blogspot.com/2020/02/al-diablo-que-todos-llevamos-dentro.html la causante de la indignación de un ferviente temeroso del infierno, a saber por qué le crispó la reseña sobre ese divertido libro.

Cavilé sobre si mi negativa a contratar sus servicios de publicidad causaban la censura, misma que había llegado al acoso para que les pagara una renta mensual y sugerir mis posteos (o sea, ellos sí pueden ser –hacer– spam) a usuarios cuyo perfil coincidiera con temas espirituales, pero no terminó de convencerme esa teoría

Buscando entender su definición, di con foros de usuarios también censurados que culpan a los algoritmos espías de facebook, pero esas versiones tenían incoherencias, así que concluí que su trigonometría no es la culpable: se trata de “alguien” con una terrible obsesión por mí, iniciando una cacería hace meses, denunciando cada palabra que escribo como spam, acusación que generó un expediente cuyo texto “Cosas raras…” fue la gota que les derramó su vaso de atole y generó el veto.

Así, les comparto mis reflexiones sobre todo lo sucedido:

1) facebook piensa que sus algoritmos sirven para vigilar, mas si alguno ha leído mi perfil en el blog sabe que soy “informático obsesivo”, así que maneras de saltarse su dictadura las hay, pero me pregunto ¿quiero seguir en una red saturada con fotos de perros en las más perversas poses o de platos con enchiladas a punto de ser devoradas?

2) algunas personas me sugirieron abrir un nuevo perfil para seguir posteando… quizá valga la pena evaluarlo como plan B para represiones futuras, siempre y cuando no me convenza lo señalado antes.

3) un amigo propuso “chingarme” a quien azuzó a facebook en mi contra, pero me acordé de la frase de Mark Twain: “El que lucha contra un monstruo debe tener cuidado de no convertirse en uno de ellos” ¿y si sustituyo monstruo por pendejo?
4) es de todos conocido de mis dones como la videncia, así que ¿cómo es que el “alguien” que me denunció (por sus perversas alucinaciones conmigo), piensa que yo no sabría quién es? Si bien no haré nada en su contra, me queda claro que de ser acusado con el mundo espiritual no se salva, y que ellos decidan…

5) no me tomo a la tremenda la calumnia: ante la publicación de mi nuevo libro, mi representante ha sugerido desechar facebook y aprovechar el potencial de snapchat, instagram y pinterest, incluyendo las ventajas de contar con una página web personal en lugar del blog. Quizá llegó la hora de hacer caso.

¿La falsa acusación me perjudica?, sí, toda acción para provocar mal al prójimo daña, poco o mucho, pero el impacto negativo es mínimo por mis proyectos a corto plazo. Lo incómodo es que al denunciante le conozco, pero ante su mezquindad le recuerdo la advertencia que le hice, tras hacerle una consulta: “nunca escupas al cielo”.

Envié mi queja a facebook sobre la censura y recularon, pero queda claro que he pasado a su siguiente nivel de sospechosismo y supervisarán cada letra que escriba, generando más obsesión del “alguien” por no conseguir mi expulsión. Curioso, apenas  me rehabilitaron, me están hostigando para que contrate sus anuncios.

Mientras, sirva esta entrada para recordarles que el blog actualiza su contenido cada 7-10 días, así que si el Basurero de almas desaparece allá, por aquí nos seguiremos leyendo. A falta de ganas de jugar al gato y al ratón con facebook, les comparto los cambios que haré para seguir en contacto:

- los avisos sobre las actualizaciones del blog cambiarán de redacción con textos sencillos, avisando el título o haciendo referencia al tema, se difundirán en menor cantidad, con días de diferencia entre la cuenta de ujulerachid y la de Basurero de almas: quizá tome el riesgo de hacerlo más veces cambiando la redacción para evitar su mapeo y scaners,

- por el momento omitiré el link de redireccionamiento hacia la entrada, aunque evaluaré la posibilidad de agregar una imagen sin vínculo como atractivo visual.

Si bien todo esto conlleva a que el amable lector tenga que buscar el acceso al blog por fuera, basurerodealmas.blogspot.com, espero que por el momento esto funcione.

13 de febrero de 2020

Al Diablo que todos llevamos dentro

Un cliente norteamericano pidió un libro del siglo XIX, tras recibirlo, mandó un mensaje diciendo que se hallaba en estado deplorable. El vendedor estaba seguro de que había descrito adecuadamente el ejemplar, pero le dijo al cliente que podía devolverlo. El libro devuelto llegó en una bolsa de papel con marcadores en las páginas que tenían ilustraciones. El lomo estaba roto como si el cliente hubiera fotocopiado las páginas ilustradas, lo cual indicaba que nunca tuvo intención de quedarse con la obra. El vendedor informó de este hecho a ABE Books (la web mediante la cual se había hecho la transacción). El sitio pagó la restauración del libro y el cliente fue recompensado con una severa reprimenda. Luego escribió una ristra de correos altisonantes y ofensivos donde destacaban frases como estas:

CLIENTE: Nunca olvidarán esta venta. Cada vez que se abata sobre ustedes la mala suerte, culpen a su karma… soy profeta de Dios y remito este mensaje en nombre de Jesucristo.

Unas semanas después, el cliente mandó un sobre lleno de folletos con instrucción para identificar al “Diablo que todos llevamos dentro”.

Diciembre de 2019. Mi esposa entra esa mañana a la recámara, abre las cortinas, la luz me da en el rostro y la desvelada (junto con la borrachera) explota.

- ya es hora – avisa – tenemos la comida con tus amigos (¿les conté que el dormitorio de su servidor está tapiado, de manera que no se cuele la luz natural por ningún resquicio?) – y luego ella baja a la sala

“Mis amigos”… más de 35 años de conocernos (solo falta O: https://basurerodealmas.blogspot.com/2015/07/mi-amigo-o-y-los-aztecas-en-el-mas-alla.html) y ahí seguimos: haciéndonos viejos y divirtiéndonos, gustosos del soul y del reggae, desafectos al alcohol, pero enviciados con jugar dominó, y lo mejor, con quienes las palabras Santería, Desencarnados, Mayombe y Brujería, gracias a mis demonios sumerios preferidos, simplemente no existen.

Me incorporé sobre la cama y concluí que beber whisky plain no es tan sano como pensaba. Me dispuse hacer una meditación para ahuyentar la resaca, pero las carcajadas de mi esposa llamaron mi atención, así que decidí bajar para ver de qué se trataba.


El motivo, no había otra opción, era la lectura del libro “Cosas raras que se oyen en las librerías”, de la poeta, ensayista y cuentista británica Jen Campbell, quien de trabajar como anticuaria en una librería pasó a convertirse en crítica literaria, en escritora, y actualmente tiene un influyente canal en youtube donde aborda reseñas, obvio, de literatura.

“Cosas raras que se oyen en las librerías” (de donde extraje la anécdota inicial de esta entrada), es su primer y divertidísimo libro resultado de una recopilación realizada en distintas librerías de Gran Bretaña, e incluye numerosas anécdotas (acompañadas de dibujos que hacen más ágil su lectura), sobre clientes que entran a una tienda de libros a preguntar no siempre sobre textos.

Si bien es cierto que estamos ante una compilación de situaciones jocosas que desde la primera hasta la última página tendrán al lector destornillándose de risa, en el fondo el libro también es una alarmante radiografía de la ignorancia sobre qué es una librería, la cultura popular y la falta de entendimiento de la literatura como expresión artística.

Comencé a leerlo un día antes, el sábado, y lo concluí el mismo día, mientras esperaba que una  Chamana amiga nuestra terminara de atender a sus últimos pacientes, para poder saludarla y darle el abrazo de fin de año, y fueron mis indiscretas risotadas las que llevaron a mi esposa a pedírmelo una vez que lo terminara.

En suma, un recomendable texto para quienes gustan divertirse leyendo y al que sólo le pondría un “pero”: su brevedad, misma que provocó por parte de los editores la arbitraria inclusión de un insulso anexo sobre casos de librerías españolas que carecen de gracia y desentona del concepto original de Jen Campbell.

Jen Campbell, Cosas raras que se oyen en las librerías, 148 págs. Editorial Malpaso,  2015