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8 de diciembre de 2024

Amor crónico

 


Chris Frantz es un pintor, escultor, productor, fotógrafo, locutor y músico nacido en Kentucky, el cual ha publicado sus memorias bajo el título de “Amor Crónico”, editado con gran calidad, como es su costumbre, por la editorial Libros del Kultrum.

 

Escrito con prosa sencilla, su lectura fluye con rapidez debido a su desenfadado estilo, al grado de que sus más de 500 páginas se pasan en menos de una semana.

 

El texto tiene numerosas virtudes, pues entre su contenido desfilan personajes influyentes en la cultura contemporánea como Rob Verhorst, Deborah Feingold, Andy Warhol, Gijsbert Hanekroot, Patti Smith, William S. Burroughs, Chris Blackwell, Lauren Hutton, el inolvidable Willy DeVille y el insufrible David Bryne.

 

También destaca el nacimiento y consolidación del sórdido club CBGB, del difunto Hilly Kristal, en Nueva York; el legendario Le Bataclan, de Pascal Laloux, en Paris y numerosos centros culturales desperdigados en todo el planeta, lo cual permite darse una idea de cómo se maneja la cultura en general, y la música en particular, en sitios como Londres, Los Ángeles, Berlín, Nasáu, Ámsterdam, Jamaica y Tokio.

 

En ese mismo tono incluye un sinfín de anécdotas con Robert Palmer, Johnny Ramone, Brian Eno, Lou Reed, Debbie Harry, Jerry Harrison, Los Fabulosos Cadillacs, Grace Jones y John Cale, incluyendo a Mick Jagger, borracho y cantando en un club de jazz, una versión obscena de “Killing me softly”, la ñoña canción que hizo famosa Roberta Flack.

 

Si bien es cierto que en “Amor Crónico” está presente de forma permanente su relación con Tina Weymouth, el mundillo cultural y la industria musical, también es la crónica de la ascensión y caída de Talking Heads, la banda donde Chris Frantz tocaba la batería.

 

Hay que reconocerle al autor que no haya desempacado el hacha de guerra contra algunos colaboradores (sobre esto sabiamente Frantz señala en retrospectiva: “el mundo es imperfecto. Solo tenemos que encontrar una manera de que funcione para nosotros”), lo cual hace que el libro sea una disfrutable, optimista, divertida y honesta lectura sobre el underground en la década de los 70’s y 80’s, las cuales tienen otra versión, “Face It”, de Debbie Harry, el cual comenzaré en breve.

 

Si lo ven, no duden en comprarlo.

 

Chris Frantz, Amor Crónico, 540 páginas Editorial Libros del Kultrum, 2021


8 de julio de 2019

Si Carlos Santana hubiese respetado los ritmos yoruba


África siempre ha sido objeto de rapiña no solo por sus recursos naturales, sino por el despojo cultural iniciado a finales de los 80’s por Paul Simon, David Byrne y Peter Gabriel, quienes a falta de inspiración voltearon hacia el tercer mundo y saquearon su riqueza musical.

Una vez que la industria musical avaló el robo bajo el género worldbeat, África se volvió referencia cultural, aunque previo a los ladrones citados, el guitarrista Carlos Santana ya había ido al continente negro buscando inspiración para lo que antes del worldbeat se conocía como latin rock.

Si algo caracteriza a Santana es su ir y venir a las más variadas influencias para mantenerse vigente en el mercado, apelando a géneros como el blues, pop, jazz, salsa y hasta fado, rumba y mariachi, incluyendo los tambores batá de la Santería y los cajones del Palo mayombe tras ser iniciado en las religiones de origen africano.

Por ello no extraña que su nueva grabación se recargue otra vez en los ritmos africanos (“este tipo de música es muy querida para mí, no es algo ajeno. Los ritmos y melodías de África siempre me han inspirado. Está en mi ADN”, dice), pues tras el éxito de Supernatural, sus posteriores cds como Shaman, Corazón y Santana IV fueron recibidos tibiamente.

Así, Carlos estrena el disco Africa Speaks, el número 25 de su carrera: producido por Rick Rubin, se grabó en California y tuvo como antecedente el EP In Search de Mona Lisa que generó expectativa ante nuevo material, aunque ya publicado Africa Speaks ha recibido críticas dispares.

El productor Julián Ruíz señaló: “su último disco es una gran equivocación. Toda la música será de origen africana, pero no con tal intensidad”; mientras el reportero Luiz Gomes Otero se mostró objetivo y señaló: “podría no tener el encanto latino de otros discos, pero demuestra que sigue haciendo un tipo de sonido convincente”, pero el crítico Jon Pareles fue contundente: “no apunta a pistas pulcras, concisas y listas para la radio … se basa en atascos volátiles”.

Sobre la elección de Buika (española, cantante de flamenco y voz en todos los temas), Carlos exageró diciendo que es “un espíritu sagrado, divino y brujo. Una mezcla de inocencia y hechizos… Y no tiene ningún miedo. Trajo a este trabajo todo lo que ella es, incluido un flamenco futurista que es algo muy serio. Estoy agradecido de que Dios nos la enviara”.

De la necesidad de grabar el cd, dijo: "en este momento, este mundo está tan infectado por el miedo que necesitamos esta música de África para traer esperanza, coraje y alegría", y agrega que es “un disco directo a la luz interior que habita en los corazones de cada una de las personas".

Pero Santana viene de divorciarse de Deborah King (yanqui de color), se casó luego con Cindy Blackman (yanqui, su actual baterista y negra), hizo amistad con Buika y contó con el apoyo de Laura Mvula (inglesa, cantante, compositora y de color) para la composición, y eso no quiere decir que se haya rodeado de la gente ideal para rendir un homenaje a la música africana, porque precisamente ningún músico africano tocó en su disco.

Africa Speaks quiso hacer ver a Carlos como un guitarrista que apuesta por la innovación, arriesgando su carrera en una época en la que la industria musical está en crisis, pero su jugada resultó un fiasco y no lo digo yo, lo dicen también mis amistades que le dieron play al cd y no terminaron de oírlo completo.

Quizá si se hubiera puesto atención en la producción (los temas quedaron a la primera toma), o si el cd hubiera sido instrumental (sin los irritantes gritos de Buika), o si hubiese respetado los ritmos yoruba que tanto éxito le dieron años atrás… pero ya es tarde para eso: Africa Speaks es patético y pone de manifiesto la senilidad del que fue un gran músico.