Mostrando entradas con la etiqueta jorge volpi. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta jorge volpi. Mostrar todas las entradas

24 de mayo de 2021

Una vergüenza lo que sucede en la UNAM

 


Soy egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), institución académica llamada popularmente “La máxima casa de estudios” del país, y considerada una de las mejores de América Latina, insisto, dicen.
 
Acerca de haber estudiado en la UNAM, existe un insoportable chauvinismo que suelo comparar con el delirio futbolero: sus egresados exacerban hasta la náusea el emblema universitario con mil y un pretextos, mismos que no enlistaré, ciñéndome al fanatismo con que rigen su vida, sin cortar el cordón umbilical que los liga a una etapa de su vida (ser estudiante), a algo que dio mucho, sí, sobre todo a nivel intelectual, pero que ya fue, es pasado.
 
Me iré un poco atrás para poder entrar al tema, en concreto a mi época universitaria, donde me di gusto comprando ediciones, a un precio regalado, de libros que no siempre tenían que ver con mi carrera y sí sobre temas que uno ni se imagina.
 
Sobre aquellas adquisiciones han pasado muchos años, pero destacan los clásicos rusos que la UNAM editaba, y que vendía en las librerías que tenían montadas en todas las facultades, y que me abrieron los ojos hacia una corriente literaria cuya riqueza es infinita.
 
Así, conservo “Un héroe de nuestro tiempo” de Mijail Lermontov, “La hija del capitán” de Alexander Pushkin, “Pequeña antología de cuatro poetas rusos” de Tatiana Bubnova y el necesario "Los señores Golovliov" de Saltikov-Schedrín, lecturas que cambiaron mi forma de vincularme con las letras, y a los que sólo pondría un pero: su calidad de impresión.
 
Sigamos: la Dirección de Literatura, encargada del programa editorial de la UNAM, fue creada el 3 de marzo de 1986, como parte del proceso de una reestructuración que luego se convirtió en la  actual Coordinación de Difusión Cultural.
 
Tras varios años, la Dirección de Literatura mantiene su plausible labor, pero bajo una perspectiva anacrónica, traza que de no corregirse seguirá beneficiando sólo “a los amigos”. Me explico: su servidor recibe desde hace años, vía mail, boletines sobre noticias de literatura, tanto de editoriales, revistas e instituciones educativas. Mi última inscripción fue, precisamente, al boletín de la UNAM.
 
Gracias a ello descubrí que sus ediciones, en libros y revistas, como la serie “Material de Lectura” o la revista “Punto de partida”, no han cambiado de material ni de diseño desde hace más de 40 años. Algunos pensarán que lo importante es el contenido, pero a esto le sigue algo más grave: pone de manifiesto la vigencia del amiguismo discrecional con el que se promueve autores como inve$tigadore$, académico$ e instructore$ de tallere$, con $u$ re$pectivo$ beneficio$.
 
Esos amigos, por desgracia, se han enquistado institucionalmente y han generado cofradías donde se publican unos a los otros, como AnaMari Gomís, Vicente Quirarte, Beatriz Espejo, Mauricio Beuchot, Margo Glantz, Guillermo Sheridan, Vicente Quirarte, Elsa Cross, o los nuevos protegidos: Alberto Chimal, Silvia Eugenia Castillero o Adrián Curiel.
 
Veamos al caso de Elsa Cross: ¿la conocen? ¿han oído su nombre con la familiaridad que Octavio Paz, Rosario Castellanos, Carlos Fuentes, Juan Rulfo, Elena Poniatowska, Juan Villoro, Amparo Dávila o  Sergio Pitol? Pues se trata de una académica, que aparte de poeta, ve su “trabajo” eternamente publicado, dirige talleres, obtiene becas y recibe un premio tras otro.
 
Siendo objetivos, y en tiempos de crisis económica, sobre todo por el desprecio del actual gobierno a la cultura, sabemos que no hay presupuesto para ampliar la cobertura cultural, sí, pero ¿cuántas becas, premios y salarios de la UNAM podrían canalizarse en democratizar su línea editorial (desapolillando ese innecesario paraíso), para hacer frente, por ejemplo, a los monopolios literarios como “Editorial Planeta”, “Penguin Random House” y “Editorial Santillana”, tal como ha hecho la editorial, también mexicana, “Fondo de cultura económica”?
 
Ante esta inmundicia amiguera es injusto que la UNAM clame por la falta de espacios para promover la lectura y se queje del desinterés por la literatura, cuando ellos son parte del problema y reproducen, con escalofriante fidelidad, lo que ocurre en cualquier oficina de gobierno e iniciativa privada, donde el favoritismo, el amiguismo, chantajes, intercambios sexuales, nepotismo, patronato y la amenaza están por encima de la calidad y la honestidad.
 
Siempre lo he dicho y con lo que sucede en la UNAM se confirma: un libro, obra de teatro, cd, escultura, invento y pintura expuestos en una marquesina no están ahí porque calidad, sino por a saber por qué pactos en lo oscurito.
 
Así, vale la pena preguntarse: ¿cuántas verdaderas obras de arte han quedado en el anonimato por esta perversa manera de anteponer el interés personal y/o las bajas pasiones a cualquier decisión? o quizá haya algo peor: ¿lo que en la actualidad llamamos “cultura”, en méxico, concretamente en la UNAM, podría ser diferente si no hubiera alguien empeñado en tenernos hundidos en la ignorancia, a costa de tener en un pedestal a “los grandes amigos”?
 
Una vergüenza lo que sucede en la UNAM, en general, y en la Dirección de Literatura, en particular… una cortedad que salta a simple vista, y por lo mismo, alguien debe corregir. ¿Acaso el actual director de la Coordinación de Difusión Cultural, el ególatra-maniaco Jorge Volpi, se atrevería a poner en orden? Ya demostró que no: ahora sus amigos son los nuevos preferidos tal como ha sucedido con las anteriores administraciones.
 
Sí, una vergüenza.


11 de noviembre de 2013

Los escritores mexicanos no opinan sobre política



1.
En días pasados el escritor, filósofo, ensayista, traductor y editor Eliot Weinberger, dio una vez más muestras de lucidez cuando declaró que en Estados Unidos “No tenemos esa cultura de escritores que opinan sobre temas políticos”…

Esta afirmación la hizo el neoyorkino durante su participación en el “Hay Festival”, realizado en la ciudad de Xalapa, en donde dio cátedra de lo que debe ser una verdadera crítica literaria…

Tras leer una de las tantas entrevistas que Eliot Weinberger suele dar a cualquier medio de comunicación en los países que visita, recordé otra declaración que si la memoria no me falla hizo en el año 2004, en la cual se le preguntó por qué se dedicaba a la traducción y sabiamente respondió: “La traducción es un servicio a la comunidad… uno encuentra un libro maravilloso y siente que quiere hacer todo lo posible para ayudar a ese libro a ser conocido”…

Y ante una visión como esta, uno se ve en la obligación de preguntarse en dónde quedaron declaraciones de este tipo en algún escritor mexicano?

2.
A simple vista es muy fácil señalar que en mexico vergonzosamente no se lee… también es sencillo criticar las razones por las cual entre el gobierno y los habitantes de este país existe un cómodo amasiato en el cual cada parte hace lo que se le da su gana, siempre y cuándo a los primeros no se les critique el saqueo y la corrupción en la que hunden al país, mientras a los segundos se les siga dando pan y circo y no se les provoquen exabruptos que los saquen de su estado zombi…

Es por esto que la declaración de Eliot Weinberger es por demás oportuna y nos obliga a preguntarnos en dónde quedaron aquellos grandes escritores que eran certeros vivisectores de la realidad mexicana, mismos que dieron lugar a impresionantes textos que aún y con el paso del tiempo, siguen vigentes en términos de decirnos nuestras verdades?…

3.
Si no rebuscamos mucho, tres nombres saltarían de inmediato si se tratara de hacer una lista de grandes pensadores y escritores que supieron retratar la realidad de este país: Octavio Paz, Carlos Monsivais y Carlos Fuentes…

Más si se tratara de enriquecer una lista tendríamos que incluir a José Vasconcelos, Guillermo Prieto, Beatriz Espejo, Renato Leduc, Alfonso Reyes, Germán Dehesa, Juan García Ponce, Luis Gonzáles Obregón, Mariano Azuela, Rosario Castellanos, Ricardo Garibay, Jorge Cuesta, Salvador Elizondo, Elena Garro, Agustín Yáñez, Alí Chumacero, Efraín Huerta, Xavier Villaurrutia, Inés Arredondo, Juan de la Cabada y Daniel Cosío Villegas… y aunque faltan muchos más, el problema es que todos ellos ya fallecieron…

En caso de que se pretendiera mencionar autores que aún vivan y se mantengan en activo, la lista se reduce considerablemente a gente que por su edad ha limitado su actividad intelectual, como es el caso de Luis Villoro, Lorenzo Meyer, Sergio Pitol, Adolfo Gilly, José Emilio Pacheco, Gabriel Zaid y el excepcional Vicente Leñero … pero para que éste grupo no se viera tan famélico, se tendría que incluir a otros pensadores a quienes se le tendría que dar el beneficio de la duda como Enrique Krauze, Juan Villoro y Paco Ignacio Taibo II… y sin embargo, ellos tampoco son tan jóvenes, lo que de inmediato nos llevaría a preguntarnos: no hay nadie que vaya a ocupar dignamente un lugar en este prestigiado grupo?

Carlos Fuentes: convivía con la gente

4.
Me temo que no… y sin intención de ofender a los ya citados, debemos decir que el último gran escritor, pensador y ensayista que tuvo este país fue Carlos Fuentes (aunque Vicente Leñero merece ser abordado aparte)… y con su recién fallecimiento nadie de los actuales jóvenes escritores o las manoseadas promesas literarias mexicanas, podrá acercarse mínimamente al nivel intelectual del creador de textos como Vlad y Cantar de ciegos…

5.
He de reconocerlo: Carlos Fuentes como literato nunca fue de mis preferidos, si bien tengo varios libros de él en mi biblioteca personal… sin embargo, acepto que fui seguidor de sus ensayos y entrevistas en las cuales exponía sabiamente su conocimiento sobre la quintaesencia de la mexicanidad… un breve ejemplo: no debemos olvidar que Carlos fue el único que supo entender el significado del levantamiento armado del Ejército Zapatista al definirlos contundentemente como “la primera revolución posmoderna”…

Por ello es la afirmación de que este escritor es el último caso de un peculiar observador que bien podría incursionar en cualquier campo de la palabra escrita o hablada, en donde siempre tenía algo que decir… pero y cuál pudo haber sido su secreto?... leer mucho? viajar bastante? escribir demasiado? vivir intensamente?... o simplemente poseer dinero y por lo mismo no tener que preocuparse de las cosas mundanas que suelen desmadrar el alma de cualquier mexicano como pagar la renta, saldar tarjetas de crédito, lidiar con una suegra, tener un sueldo miserable, defenderse de enemigos en el trabajo o padecer enfermedades incurables?...

No, el secreto que le permitió a Carlos Fuentes ocupar el lugar que se ha ganado en el medio cultural a nivel mundial, tenía que ver con algo sencillo: aparte de leer, pensaba…

5.
A los mexicanos no les gusta leer… y mucho menos pensar…

Hace unos días, concretamente un día viernes por la noche, estuve en una cena en donde un hombre se quejó delante de su esposa por no poder mantener ningún tipo de comunicación con ella durante ciertas horas del día, simplemente porque la mujer seguía religiosamente los horarios de varias telenovelas…

Ella respondió con algo que me dejó sorprendido cuando dijo: “es que no entiendo por qué tiene que venir a comentarme cosas cuando estoy viendo la tele, si él también tiene la suya”...

Posteriormente intercambiaron algunos comentarios poco amables entre ellos en donde la mujer, para tratar de no verse como la mala de la película, terminó echándole en cara lo mismo que a ella tanto le criticaba: él la imitaba perfectamente cuando se trataba de futbol…

De terror…

6.
Al día siguiente, y ante la acosadora insistencia de una amiga, asistí a una tertulia literaria… curiosamente ella no se enteró que el convencimiento no fueron sus argumentos, sino que al momento de exagerar las bondades del evento, mencionó a un viejo amigo con quien durante años formé parte de una revista literaria y al que por razones poco claras le perdí la pista hacía bastante tiempo…

Decepcionante resultó para mí que mi conocido no llegara, pero más frustrante resultó constatar que pese al paso de los años, todos aquellos desplantes que percibí en la gente que trataba de hacer una carrera en la literatura al mismo tiempo que yo, todas esas actitudes se repetían en los “aspirantes a escritores” (sic): insolencia, pedantería, vanagloria, fanfarronería, presunción, egolatría, jactancia, vanidad, soberbia, estupidez, petulancia y no sé qué tantos sinónimos más podría citar, acompañados de horrorosa ignorancia en los conceptos básicos de literatura, lo que dejó en claro que los nuevos creadores tienen el mismo gen que la mayoría del ciudadano común de este país: simplemente no leen o no saben hacerlo…

De náusea…

 Octavio Paz: seducido por el poder
7.
Se puede ser literato sin leer de manera constante? sin comprender un texto? sin conocer un carajo de reglas de ortografía y gramática? adoptando aires de diva en lugar de aprender a escribir? haciendo del oficio una parranda de tiempo completo y de paso creyéndose “escritor maldito”? sintiendo que por saber leer y escribir por encima del promedio se pertenece a una casta exclusiva?...

Vámonos más lejos en esto de los cuestionamientos: se puede ser escritor sin conocer la historia del propio país, de dónde viene y hacia dónde va? sin tener contacto con la realidad, que es la razón de ser de un verdadero autor? sin comprender nuestro contexto histórico? o siendo más directo: se puede ser un artista sin ser político… aunque se sea un apolítico que critica a los políticos?

Obvio no…

8.
Y por qué sucede esto? por qué la falta de interés y responsabilidad por parte de los escritores mexicanos, a establecer un debate sobre los grandes problemas nacionales, discusión pospuesta por el mal llamado sector intelectual desde hace decenios? será que tan mal está este país y sus habitantes que carecemos de interlocutores ilustrados que nos conozcan y que sepan de nuestras necesidades, y puedan llevarle al gobierno una lista de impostergables pendientes que los dirigentes políticos deben solucionar?

A todas las preguntas anteriores en mi opinión podríamos responder que esto sucede simplemente porque a los escritores actuales sólo les interesa la fama, la pose superficial (sic), el dinero, aparecer en la sección de sociales de periódicos y revistas, el éxito superfluo y los excesos sexuales, psicotrópicos y etílicos, sin embargo, correríamos el riesgo de carecer de objetividad y de proteger la identidad del verdadero culpable de esta grave dispersión intelectual y cultural…

Y de aquí la vigencia de Carlos Fuentes: el último verdadero escritor que supo conjugar la literatura con la crítica político-social y una verdadera conciencia latinoamericana… un autor al que no le molestaba estrechar la mano de alguien que no fuera como él, porque sabía perfectamente que era igual a nosotros…

9.
Reza el dicho “el pueblo vencido, jamás estuvo unido”, y por ello es que desde hace muchos años el gobierno a copado (y dividido) a los intelectuales de las más diferentes maneras: ya sea con premios en efectivo o especie, puestos en el gobierno, programas de radio o espacios en periódicos y revistas, becas, personajes que desde el primer momento de su quehacer intelectual dan señales de que por sus ideas, inteligencia y carisma “pueden ser un peligro para el sistema”…

Pero cómo consiguió el gobierno establecer esos canales de reclutación discretos y por demás simulados, para absorber al medio intelectual mexicano?... muy sencillo: los hizo estrellas de televisión y para ello sedujo al que históricamente ha sido el más grande intelectual mexicano: Octavio Paz, transformándolo en un vulgar Judas que hasta la fecha sigue siendo ejemplo de cómo es posible hacer que la cultura se transforme en un objeto de consumo y desechable…

10.
Hace algunos años este escritor recibió la oferta de tener un programa de televisión, pero resultó tan manejable que posteriormente tuvo otro espacio con mayor cobertura: uno fue “Charlas con Octavio Paz” y el otro “México en la Cultura”, y si bien éste último llegó a contar con valiosos e informativos programas, en ese espacio el mismo poeta nunca abrió las puertas a una polémica con otros sectores intelectuales que no fueran los oficialistas o proclives a las ideas del gobierno… y ni que decir que a representantes de la izquierda (todavía dignamente radical en aquella época), siempre les cerró la puerta en la cara…
 
Pero el objetivo se alcanzó, y gracias a ellos muchos siguieron sus pasos, convirtiéndose en estrellas que más que hablar de cuestiones intelectuales, pasaron a formar parte de una farándula por demás trivial, sosa y vulgarizada, empezando por la persona más cercana a Octavio paz, el volátil Enrique Krauze, y posteriormente Eduardo Ruiz Healy, Jorge Castañeda, Leo Zuckermann, Lourdes Mendoza y Pablo Hiriart… dándose incluso el lujo de crear bodrios con facha de eruditos sobre temas de cultura popular como Cristina Pacheco o ese inclasificable híbrido llamado Jorge Volpi…
 
 Jorge Volpi: yo y todo el poder para mi

11.
Sobre la ligeresa en las ideas de estos dos últimos casos citados, comparemos lo que comentaron al ser entrevistados, en contraposición a una declaración hecha por el fallecido intelectual:

Cristina Pacheco: "Las entrevistas son bonitas por la entrevista misma y por todo lo que hay antes: es divertido, fascinante, riesgoso y uno nunca sabe lo que va a pasar"... 

Jorge Volpi: “Para mí la literatura es sobre todo esta necesidad de saciar mi curiosidad y mi búsqueda de conocimiento. Finalmente yo creo que si escribo novelas es para aprender cosas sobre mí”…

Carlos Fuentes: “Los novelistas quisiéramos ser exorcistas de los males de la sociedad y acabamos siendo profetas"…


12.
Irónicamente Cristina Pacheco, Jorge Volpi y muchos más son el tipo de eruditos que se merece este país que nada cuestiona y todo lo asume con inmortal conformismo y resignación…

Triste nuestra realidad… sin sabernos defender de la humillación y condenándonos (nosotros mismos) a vivir eternamente en la miseria… pero también sin contar con un sector intelectual que se jacta de ser letrado, pero que no es capaz de mover una sola neurona para hacer sonar nuestras quejas ante los poderosos…

17 de febrero de 2013

La estupidez de los escritores modernos (1)

Una de las grandes críticas que hacía el francés Regis Debray al “sector intelectual latinoamericano”, era su injustificado alejamiento de las masas y sus necesidades, del pueblo, el mismo que debería ser permanentemente la verdadera razón de cualquier cambio social…

Sin embargo, las palabras de este ideólogo fueron manifestadas en Bolivia hace muchos años, Latinoamérica en su conjunto ha cambiado para mal (salvo por sus honrosas venezolanas excepciones) y hoy el concepto “intelectual” es sinónimo de mafias, estrellismo, presunción, ridiculez, banalidad, decadencia, egoísmo, prepotencia y sobre todo desprecio hacia el populacho, el mismo pueblo que les da de comer, pero que trambién como resultado de su ceguera, les enaltece…

En este sentido al medio literario hispano-parlante, en mi opinión, le cae como anillo al dedo la declaración de Regis Debray, pues en muchos de sus escritores (principalmente los modernos que han publicado uno o varios libros), todo se reduce a una egolatría nauseabunda enriquecida con el más insultante desprecio a temas como la humildad y la sabiduría…

Y es que aunque un autor sea una persona culta, eso no quiere decir que como seres humanos entiendan un carajo lo que es el equilibrio dinámico de la existencia (Adrián de Souza dixit)…

Por ello es que este texto se trata de escritores (lo siento señor Debray: su acertada crítica es ya un pandemia a nivel mundial)... sí: de algunos que han tenido la suerte de ver publicados sus “en el fondo” retorcidos cultos a su autocomplaciente ego (sic)… de esos narcisistas que sólo piensan en ellos, hablan de ellos y viven para ellos porque “están harto seguros” que el planeta tierra no gira alrededor del sol sino de su persona, cuya anodina verborrea (cuando se trata de dar entrevistas) puede ser más insustancial que las declaraciones de un político…

Se supone que todo escritor debe ser un retratista de su tiempo, pero ahora aparte de dirigir mafias institucionalizadas, esa ya manoseada y autoproclamada caricatura llamada “intelectuales”, exige no sólo que sus cercanos les rindan arrastrada pleitesía, sino que además muchos de los llamados “lectores despistados” que adquieren sus libros, aplaudan hasta la hipotermia textos y declaraciones que en ocasiones no dejan de ser un reiterativo sujeto-verbo-predicado que se limita sólo al extasiante “YO-yo”…


Así que en esta primera parte (ya hablaremos de los escritores sabios), les dejo unos ejemplos de lo que estúpidamente suele llamarse "declaraciones de un intelectual"*, en los que obviamente la pedantería y la vanidad la destilan grasosamente por los cuatros costados de su geométrico cerebro:

“Yo soy un gran creyente del mercado: si no existe el mercado, no hay posibilidad de que el autor se acerque al lector, pero en lo que no creo es en la tiranía del mercado. Yo soy muy afortunado editorialmente, he publicado diversos libros con distintas editoriales y casi siempre me tienen en circuitos de distribución comercial con Planeta, Santillana, Alfaguara Infantil y Almadía. He tenido la suerte de que hasta ahora nadie me tire línea”… Bernardo Fernández, mexicano, su último y ramplón libro se llama “Hielo negro”…

“Carezco de paciencia… Tengo un interés muy limitado en las películas. Las que sí me importan las veo en cuatro o cinco partes. Me suele ocurrir que no recuerdo si las he visto o no, y de qué van”… Patricio Pron, argentino, su último y redundante libro se llama “La vida interior de las plantas de interior”…

“Escribí mi primer cuento corto cuando tenía ocho años y este, ganó un premio en el colegio. No creo que haya existido un periodo de mi vida en el cual haya estado sin escribir”... Juan Gabriel Vásquez, colombiano, su último y sobrevaluado libro se llama ”El ruido de las cosas al caer”…

“Porque soy escritor, deseo hacer novelas, hacer ficción, aunque muchos dicen que son tremendamente políticas. Veo que usted no, lo cual en la ficción está previsto”... Élmer Mendoza, mexicano, su último y oportunista libro se llama “Nombre de perro”…

“He leído tanto y durante tantos años, casi toda mi vida, que sería difícil decirlo con certeza, pero de Monterroso aprendí la importancia de la brevedad y de Rulfo, Poe, Barker y Lovecraft a manejar los ambientes macabros. Uno va captando técnicas en el camino, a veces de manera inconsciente, y tanto lo bueno como lo malo influyen. Hay recursos que no me gustan y los evito como a la peste: los lugares comunes, la cursilería, el sermón paternalista y especialmente las introducciones eternas donde nunca pasa nada y uno termina echando el libro a la basura… en lo personal me parece indigno y poco artístico eso de copiar un estilo en específico, ser discípulo de un autor y seguir sus pasos en vez de abrir una senda propia. También hay que tomar en cuenta que los escritores de mi generación tienen muchas fuentes de inspiración aparte de la literatura: música, cine, comics, pintura y, por trillado que suene, la vida misma, de por sí bastante sucia”… Byron Quiñónez, guatemalteco, al parecer su último e aletargado libro se llama “Aquí siempre es de noche”…

“Soy profesional de la escritura. Para mantener mi nivel de vida, no puedo dejar de escribir, sobre todo en momentos de crisis como éstos. Sí: tengo ideas para más de una novela. Y disfruto mucho de todas ellas”… Andreu Martín, catalán, su último e insaboro libro se llama “Por amor al arte”…

“No, había materias que me gustaban, que tenían que ver con muchas cosas. Por ejemplo, el primer libro que compré no fue de literatura, fue uno de genética. Tenía alrededor de diez años. Me interesó porque yo quería saber cómo nacía la relación entre las personas, qué generaba eso y qué había dentro de cada uno de nosotros. Una cosa me llevaba a la otra, como la astronomía que me gustaba desde niño. Miraba al cielo e imaginaba qué mundos eran los que habían ahí y por supuesto, me lleve una desilusión terrible cuando descubrí que uno podíamos llegar a una estrella, puesto que creía que una estrella era como un planeta y no bolas de fuego”... Álvaro Mata Guillé, costarricense, su último y auto paródico libro se llama “Separata”…

“Porque me da control sobre mí, soy mejor persona desde que escribo. Ha sido como ir a terapia. Económicamente también me ha servido, me ha dado oportunidades que yo jamás hubiera imaginado”… Alberto Fuguet, chileno, su último y atormentado libro se llama “Cinépata”…

“Veo a la gente, hablo con ella, me entero, o intuyo lo que hay en la trastienda de esa persona, y a partir de ahí me inspiro. Eso sí, siempre con el añadido imaginario de rigor. Pero así son también los personajes de Dosroievski, Dickens o Kafka”… Luis Landero, español, su último y deprimente libro se llama “Absolución”…

Jorge Volpi: esta es mi mejor pose? 

“Por ejemplo, en El hombre sentimental, el narrador dice que él siempre escribe con una pluma que debe tener una plumilla de color negro, porque el reflejo lo molesta, y esto lo hago también yo. Pero no se encuentra en el libro porque yo lo haga, sino porque me parecía que quedaba bien desde un punto de vista literario, que podía dar un buen resultado literario”… Javier Marías, español, su último y rutinario libro es “Mala índole, Cuentos aceptados”…

“Nunca he robado ningún libro. Y no por una cuestión ética sino por una cuestión pusilánime. Siempre me ha faltado el valor necesario para robar los libros que, tantas y tantas veces, he querido robarme”… Emiliano Monge, mexicano, su último y sombrío libro se llama “Morirse de memoria”…

“Hay días en que me gustaría vivir de lo que escribo, y hay otros en los que comprendo que la literatura, al no ser un trabajo, es el único espacio de libertad real que existe en mi vida. Ya que no soy libre en la realidad, donde tengo que trabajar y hacer cosas que a veces no me gustan, lo soy en la escritura. Puedo escribir sobre cualquier cosa y de cualquier manera sin miedo a que no esté de moda o no le guste a mis contemporáneos. Pero obvio que me gustaría ganar uno de esos premios increíbles y vivir rascándome todo el día”… Luciano Lamberti, argentino, su último e inconsistente libro se llama “El loro que podía adivinar el futuro”…

“Yo lo que tenía claro desde el principio, desde hace cinco años, es que quería escribir una novela sobre el mundo de la ciencia. Yo estudié Derecho y luego Letras, pero siempre me había interesado la ciencia. Siempre sentí que había habido un momento en el que decidí tomar un camino en vez del otro. Y esta renuncia a la ciencia me hizo siempre estar continuando con lecturas de divulgación científica y de ciencia, de física en general”... “un escritor debería poder escribir sobre lo que quisiera sin que ello tuviera que llamar la atención de una manera tan importante. Yo desde luego que me siento mexicano y mis puntos de vista son mexicanos a pesar de que en mi novela no haya una sola referencia a México”… Jorge Volpi, prosaico simulacro de escritor, su último libro no vale la pena clasificarlo ni mucho menos mencionar su título…


*Por cierto: todos los seres humanos somos intelectuales, usamos el intelecto aunque sea para joder al prójimo, por algo nos autoproclamamos homo-sapiens, lo que quiere decir que ser un “intelectual” es una condición humana, no un don de Dios para pocos…