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27 de septiembre de 2020

Los pájaros de la cervecería


1.

Era sábado al medio día y me encontraba en el Tianguis Cultural del Chopo conversando con Gerardo Austria (científico y escritor) y Miguel Tajobase (músico y productor). Rafael Catana se acercó y tras los saludos de rigor me hizo una pregunta que me descontroló.

 

– ¿qué estás escribiendo?

– de momento nada – confesé – ni estoy publicando en ningún lado.

– ¿y eso? – insistió…

– no he tenido tiempo – me sinceré de nuevo.

– ese es el pretexto más falso que te he escuchado decir – dijo Rafael tras soltar una de sus características risotadas.

– es la verdad – insistí.

– te voy a demostrar que la falta de tiempo no te justifica: una hoja se escribe en media hora, si te limitas a escribir una al día en un año tienes 365 cuartillas, lo que equivale a una novela, mínimo dos libros de cuentos e incluso tres de poesía – y agregó sin dar pie a discusiones – así que deja de inventar excusas.

 

No tuve argumentos para debatirle, así que bajo aquella premisa escribí mi segunda novela (“En el camino”), en unos seis meses y comencé a colaborar en dos revistas. Al poco, Catana me hizo un par de entrevistas sobre mi obra literaria en su legendario programa de radio “Pueblo de patinetas” y seguí publicando donde se me diera un espacio.

 

2.

Rafael Catana es un artista sin cuya presencia el méxico sonoro y literario no sería el que conocemos: compositor, músico, poeta, integrante del Infrarrealismo, promotor cultural, fundador del movimiento Rupestre, incansable bromista y eterno solidario: si bien se le señala como retratista de la realidad, yo lo defino como un consumado autor.

 

Acerca de él se ha escrito ya en este blog*, y si bien se le conoce sobre todo por su faceta como músico, esta vez abordaré su carrera como escritor por la publicación de su libro “Los pájaros de la cervecería” (una bella coedición entre “Ediciones sin fin” y “La zorra vuelve al gallinero”), el cual tuvo su proceso de creación, irónico, alejado de la anécdota con la que inicia esta entrada.

 

3.

Hablar de poesía en méxico se convierte en algo surrealista: es un género que muchos califican para minorías, aunque este país ha producido una considerable cantidad de poetas que han conseguido grabar su nombre en los anaqueles de la literatura universal, algo que Rafael podría alcanzar en breve si mantiene constante la publicación de sus textos.

 

La afirmación anterior no es gratuita y su currícula lo demuestra: a “Los pájaros de la cervecería” le antecede su poemario “Salón Brasil”, colaboró en las antologías “Perros habitados por las voces del desierto”, “Palabra nueva (Poesía chicana)”, participando también en prestigiadas revistas mexicanas (Casa del tiempo) y europeas (Mensuel 25).

 

Por si lo anterior no fuera suficiente, las letras de sus seis discos como solista están cercanas a ser poesía pura (aunque él no está muy de acuerdo con esto e insiste en llamarlas canciones), de aquí que no es arriesgado afirmar que su producción literaria es más que basta (Bob Dylan dixit).

 

4.

¿Qué caracteriza a Rafael Catana como poeta y qué encontraremos en su nuevo libro?

 

Las dos preguntas tienen la misma respuesta, al igual que todos los caminos llevan a Roma: una lírica precisa cuya universalidad impacta, contundente, en las entrañas del lector, odas producto de un agudo observador de un entorno interpretado bajo un matiz único.

 

Viajero perseverante no solo por su requerida presencia en todos los espacios culturales del país, sino por su imposibilidad de quedarse quieto, sus poemas son a su vez trazos autobiográficos plasmados por 20 años entre su ir y venir bordeando la realidad, metiéndose en esas vísceras y saliendo de ellas con el alma transformada tras las emociones provocadas por los claros/oscuros de sus etéricas vivencias.

 

Por si no fuera suficiente ese rompimiento del equilibrio dinámico de la existencia que el escritor consigue, cada frase plasmada en el poemario conlleva una cadencia que no deja indiferente, mueve, sacude y cuestiona sin tregua: ¿subes o bajas? ¿tienes o falta? ¿vas o vienes? ¿aquí o allá? … ¿vives o mueres?

 

5.

Libro ineludible en todos los sentidos, ya sea para quienes conocen el trabajo de Rafael como músico, o para quienes valoran la auténtica poesía, y para demostrarles que vale la pena conseguirlo, les dejo la siguiente anécdota:

 

Tras batallar un poco lo adquirí en la obligada librería “La Torre de Lulio”, mas luego de leerlo cometí un error: conversando en una tertulia con Elissa, también poeta, destaqué que por si no fuera suficiente su belleza lírica, Catana rompía con los paradigmas de la puntuación, tema que le atrajo, y luego de insistir, me convenció de prestárselo prometiendo regresarlo en breve… algo que no hizo: dejó de contestar mis mails, el teléfono y al final me bloqueó en whatsapp.

 

Así que si ven el libro no duden: cómprenlo, pero nunca lo presten.

 

6.

A manera de posdata: me emociona que Catana y yo tengamos nuevos libros publicados, él con “Los pájaros de la cervecería” y yo con “Mi vida con los muertos”… ya saben, uno que es cursi.

 

* https://basurerodealmas.blogspot.com/2012/10/la–fiesta–del–fin–del–milenio.html

https://basurerodealmas.blogspot.com/2014/11/es–lo–malo–de–los–libros–18–mi–vida–con_19.html

https://basurerodealmas.blogspot.com/2015/09/rupestre–el–libro.html


22 de septiembre de 2015

Rupestre, el libro



No soy contemporáneo de los Rupestres, aunque los conocí a través de mis andanzas el Multiforo Cultural Alicia: espacio que sirvió para mantener más o menos vivo el movimiento lírico-musical encabezado por Rafael Catana y cuyo máximo exponente es el cuestionable “Rockdrigo González”…

El movimiento Rupestre ha sido catalogado de varias maneras, pero Jorge Pantoja (tenaz promotor cultural), los define a la perfección como “el eslabón perdido entre la canción de protesta y el rock urbano”, lo que hace justicia a una de las corrientes musicales más propositivas surgidas en década de los 80s en el méxico urbano… Pantoja señala, además, que son un conjunto de músicos “que a falta de recursos para formar bandas se hacían acompañar de su guitarra, un teclado o una armónica, y su riqueza artística estribaba en sus letras, muchas veces complejas y más cercanas al folk”...

“Rupestre, el libro” es un proyecto coordinado por Pantoja, quien acompañado de musicólogos como Raúl Silva, Felipe Cabello, Rodrigo de Oyarzabal, Liliana García y Juan Pablo Proal llevan de la mano a sus protagonistas, vía entrevistas, a tratar de responder la pregunta: ¿Qué pasó con los Rupestres?

Al pasar las páginas del texto recordé mis vivencias con algunos de ellos: desde mi primera plática con Gerardo Enciso tras un concierto al frente del grupo “Poder ejecutivo”, las dudas que siempre me provocó la actitud de Armando Rosas, mis casuales borracheras con Nina Galindo, los encontronazos ideológicos con Fausto Arrellín y finalmente el par de entrevistas que me hizo Rafael Catana sobre mi obra literaria en su programa de radio “Pueblo de patinetas”…


Originalmente Jorge Pantoja pretendía averiguar qué pasó con los Rupestres?, pero el libro va más allá y se convierte en una interesante, sincera y desmitificadora radiografía de ese Distrito Federal que a lo largo de su historia ha visto brotar diversidad de propuestas artísticas de las que destacan estos originales crooners

En qué sentido el libro es interesante, sincero y desmitificador?

Interesante porque los músicos entrevistados hablan sobre lo que fue (y sigue siendo) su movimiento, pero también de la manera en que ven y retratan a la sociedad mexicana, declaraciones de las que se obtienen definiciones llenas de irrefutable verdad…

Roberto Ponce afirma: “La magia Rupestre floreció en el momento justo de apertura a las tocadas de rock con la voluntad de gente precisa y en el lugar más adecuado” … “los cantautores Rupestres dejaron un sello notable en el historial rockero mexicano. Su influencia puede ser minimizada o soslayada, mas no su existir”...

Rafael Catana describe el contexto en el que se desarrollaron como músicos al definir su surgimiento: “… en una ciudad conservadora como el DF de un país sin autoestima y tan conservador como es México, en donde mientras no toquen a tu familia y no te metas en lo que pasa en el mundo todo parece normal”...

Roberto González apunta: “A veces había cierto rechazo, sobre todo, quizá, de parte del mundo del folklore, que estaba más cercano a la intelectualidad y a la política. Jaime y yo llegamos con nuestras canciones a La Peña del Nagual y de repente había gente que se acercaba como en buena onda y decía: ‘¿Por qué en vez de esas cancionci­tas que haces no las tocas mejor al ritmo de chacarera o con un cuatro?”...

Sincero porque muestra a los músicos reflexionando sobre su evolución política, artística y social para después reconocer que son seres de carne y hueso…

Nina Galindo se queja: “Todo el 2012 fue uno de los peores años de mi vida, pues no fue hasta agosto que tuve mi primera tocada. ¡Imagínate! Más de medio año sin nada de nada. No soy de ningún partido; la gente que me conoce sabe bien cuál es mi manera de pensar y mi posición ante la vida. Me gusta la justicia y la igualdad para la gente”…

Hay desenfado como en la anécdota que cuenta Luis Álvarez (El Haragán): “Recuerdo un Festival de Músicos Callejeros de la Ciudad de México… en el momento en que bajé” del escenario y Rafael Cata­na “me dijo: “está bien lo que traes, ¿sabes qué? Si tuviera lana, cabrón, te producía un disco. Nomás porque no tengo”...

Desmitificador porque Rafael Catana (el auténtico pilar del movimiento), expone sin mitos ni leyendas la auténtica personalidad de Rockdrigo González, de quien se refiere como una persona que:

… quería brillar más que John Lennon; algo realmente imposible”… “Rockdrigo era un hijo de la chingada. Todo mundo lo mitifica pero era un hijo de la chingada, en el estricto sentido de la palabra, porque le tocó venir de los setenta, donde en el ambiente del rock te tenías que cuidar la espalda. Afortunadamente, esta generación del Movimiento Rupestre la hicimos para no tener que cuidarnos la espalda del otro músico. Rockdrigo sí se cuidaba la espalda y agandallaba a otros músicos, porque era su lógica de vida y tenía cierta negatividad en ese sentido. Eso no le quita lo gran artista, por supuesto”…

Durante la presentación del libro
Foto: Miguel Dimayuga 

Aparte de las observaciones anteriores, el libro incluye la historia sobre la famosa foto que aglutina a todos los Rupestres tomada por Virginia Rodríguez en 1985…

Así, “Rupestre, el libro” no es un ejercicio melancólico ni solemne (en el medio cultural se le define como “una celebración”), ya que méxico con su raza, historia, cultura y karma ofrece temas para ser escrutados bajo la particular y vigente óptica de estos modernos juglares

El movimiento sigue vigente, y si bien su popularidad no es la que tenía a mediados de la década de los 80s (y hasta principios de los 90s), sus exponentes aún hacen sonar sus notas y dejan escuchar su particular punto de vista sobre la cotidianeidad social

A lo largo de más de 160 páginas los Rupestres tienen su voz: aparte de los más conocidos como Eblen Macari, Rafael Catana, Roberto González, Fausto Arrellín, Nina Galindo y Roberto Ponce también se asoman Iván Rosas, Armando Rosas, Carlos Arellano, Luis Álvarez (El Haragán), Armando Palomas, Arturo Meza e incluso Gerardo Enciso, el gran ausente por decisión propia, tiene su capítulo…

Curiosamente en esta variedad de exponentes encontramos un punto débil no atribuible al proyecto sino a sus protagonistas: el desencanto que se percibe en algunos, quienes en sus testimonios no ocultan su frustración por la falta de espacios y financiamiento para continuar con su quehacer artístico…

La importancia de los Rupestres en la cultura mexicana es fundamental y palpable que además de este libro cuentan con otros testimonios: “Rupestre, El documental” (filmado durante las entrevistas) y “Rupestre, El Cancionero” (una selección de canciones emblemáticas del movimiento), todos de gran valía para comprender al desahuciado, ensangrentado, desesperanzado y sumiso méxico actual…

Jorge Pantoja coordinador, “Rupestre, el libro”, 162 páginas, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2013, distribución gratuita.
Descarga: http://culturaindependiente.mx/descargas/rupestre.pdf

19 de noviembre de 2014

Es lo malo de los libros 19: mi vida con W (final)



13.
A veces W lloraba durante nuestras comidas o cenas mientras me platicaba lo miserable que se sentía a lado de su marido… en cierta ocasión la confesión de una anécdota la afectó tanto que estaba al borde de un colapso nervioso… aquello me desconcertó, así que traté de abrazarla para que se tranquilizara, más no lo permitió y su rechazo fue notorio, provocando que los demás comensales voltearan a vernos…

- soy un cabrón – exclamé…
- de qué hablas? – preguntó W en medio de un mar de lágrimas…
- soy un desgraciado contigo – reiteré…
- por qué dices eso? – me cuestionó tratando de controlar el llanto…
- no sé… tú explícamelo, pero al menos para todos los que nos rodean, incluyendo a los meseros, eso soy por mi manera de tratarte: te he tenido llorando durante la cena…

W se sorprendió, volteó a nuestro alrededor y descubrió que varios pares de ojos nos observaban: a ella compadeciéndola y a mí fulminándome… dejó de gimotear…

14.
- de los textos que he leído éste es el más hermoso de todos – me dijo sosteniendo “El rey en el jardín” de Senel Paz…
- es el mejor libro de la literatura Cubana – comenté satisfecho…
- deja de burlarte de mí – reclamó W divertida…
- no lo hago – aclaré – jamás imaginé encontrarme con una persona que pensara lo mismo que yo…
- gracias por regalármelo – dijo abrazándolo – ahora tengo un dilema…
- cuál? – pregunté intrigado…
- no sé qué me gusta más: si “El rey en el jardín” o la dedicatoria que me escribiste en la primera página…
- eso sólo puedes decidirlo tú – le aclaré…
- te dejaré con la duda - advirtió con una coqueta sonrisa…

15.
Una mañana de principios de septiembre, cuando comenzaba el tercer año de su intento de divorcio, me llamó a mi celular:

- hola – saludó y sin esperar mi respuesta agregó – me urge verte…
- estás bien? – pregunté preocupado…
- puedes ahorita? – ignoró mi pregunta – estoy en la cafetería de la librería del Fondo de Cultura Económica…
- déjame avisarle a mi jefe que saldré al banco…
- te espero – avisó… 


Estaba sentada ante una taza de café, al verme su rostro se iluminó…

- quieres tomar algo? – preguntó…
- otro igual al tuyo – respondí llamando al mesero…
- ya está – avisó…
- qué? – dije extrañado mientras me tomaba de la mano…
- mi divorcio – aclaró – vengo de firmarlo: recuperé todo lo mío…

Me quedé observándola: parecía confundida aunque en su mirada se percibía la certeza de algo, quizá “un futuro”, a saber en qué confiaba… conversamos largamente hasta que metió la mano a su bolso, cosa que cuando pretendió sacar le detuve…

- ni lo intentes – le advertí…
- qué? - preguntó extrañada - cómo lo sabes?!…
- si lo haces me ofenderás – dije mientras me reservaba, una vez más, aquello de mi aún intermitente videncia…
- cómo puedo retribuirte que hayas sufrido conmigo?
- en verdad quieres hacerlo?
- sí – respondió…
- con una sonrisa que refleje el estado de tu alma es suficiente…
- nada más? – me cuestionó extrañada…
- estos años he rezado por ti y en su momento tú también lo harás por mi alma: es lo mejor que puedes darme… aparte de esa sonrisa - y me sonrió: me dio el gesto lleno de luz que quería ver…
- pero fue mucho el tiempo que estuviste junto a mí, te debo tanto…
- si crees en las reencarnaciones o en la “ley del karma”, creas en lo que sea, nada nos debemos…
- eres un verdadero cabrón: siempre lo dije…
- en verdad sabes quién soy? – la cuestioné…
- mentiría si lo afirmo, pero algo me imaginé que tenías en especial cuando acepté que me invitaras a tomar un café la primera vez que te vi – reconoció… le sonreí al tiempo que recargaba mi espalda en el respaldo del sillón: ello significó una alerta para la paz de su alma…
- quién es ella? – dijo percibiendo una leve contrariedad en mi rostro, pero más que nada como buena observadora que siempre fue…
- lo mejor o lo peor de todo es que no lo sé – me sinceré – ha captado mi atención, aunque no hay nada formal…

W clavó la mirada en uno de los estantes llenos de libros que estaba mis espaldas y permaneció en silencio tratando de controlar las lágrimas… una vez que lo consiguió dijo:

- sabes que estoy enamorada de ti? - me preguntó…
- me temo que sí...
- desde cuándo?
- desde cuándo me amas o en qué momento me di cuenta?…
- no importa: yo puse esos límites cuando aclaré que “un futuro” entre nosotros no era seguro - se resignó - yo maldije esa oportunidad
- el futuro no existe – la interrumpí – olvidé decírtelo aquella vez…
- me da gusto que haya alguien – expresó – a cambio de todo lo que me has dado déjame regalarte un libro o tres o diez: los que tú quieras de todos los que hay aquí… por muy caros que sean…
- sólo “Hotel tierra” – respondí tras pensarlo bastante – creo que el autor es Sabino Méndez…
- únicamente ése?! – me cuestionó…
- sí…
- quiero hacerte una pregunta – pidió tras dudar…
- hazla…
- por qué aceptaste quedarte a mi lado?
- por la única razón por la que hago muchas cosas en la vida, pero nadie lo entiende: porque se me dio la gana - W abrió exageradamente sus hermosos ojos…
- lo dicho: eres un cabrón, vamos a buscar “Hotel tierra”…
 
Cuando salimos de la librería el texto de Sabino Méndez iba debajo de mi brazo izquierdo mientras que W afianzaba mi mano derecha… propuso meternos a un motel, garantizándome que mi integridad física estaría a salvo si así yo lo decidía… una vez ahí estuvimos abrazados viendo documentales sobre la vida marina hasta que la pasión nos rebasó… posteriormente ordenamos paella con vino blanco para celebrar su recobrada libertad…

Llegando a la entrada de mi trabajo recordé que iba a necesitar un pretexto para explicarle a mi jefe por qué tardé en regresar a la oficina…

16.
Durante meses nuestras salidas dejaron de ser discretas y nos veíamos casi a diario, adquiriendo el ritmo de una relación sentimental común y corriente: nos fuimos a vacacionar a la playa, concretamente a Ixtapa, donde pasamos 7 días disfrutando del sol, del mar y de largos paseos en lancha recorriendo las hermosas costas de aquella turística zona del estado de Guerrero…

En otra ocasión pasé un fin de semana en su casa… el único pero aquella ocasión fue el breve momento en que se le ensombreció el brillo de su mirada cuando recibí una llamada de la mujer que me tenía inquieto desde hacía meses… la invadió un momento de desánimo, pero de inmediato se recompuso y terminamos disfrutándolo bastante… 


Si bien no hizo ningún comentario, sé que algo se rompió dentro de ella, aunque en ese momento no lo percibí…

17.
Un viernes por la noche fuimos al “MultiForo Cultural Alicia”, donde mis amigos del grupo “Cabezas de Cera” darían un concierto… presenté a W con todos mis conocidos hasta que entramos al auditorio donde me encontré a Rafael Catana…

- mira W: él es mi gran amigo Rafael – señalé cortésmente - te presento a mi novia W…
- mucho gusto – dijo Catana estrechándole la mano para posteriormente darme un efusivo abrazo y decir con malicia – así que por esta belleza fue que me abandonaste? – y agregó - ya le has contado de nuestro romance?

Ella se sorprendió (no estaba acostumbrada a ese tipo de bromas ni a tratar con personajes cómo él), yo solté una carcajada y Rafael se apenó un poco ante la exagerada confusión que le provocó…

- no te lo creas preciosa, es una broma – intervino mi amigo… tras la aclaración ella se relajó e incluso sonrió varias veces divertida a lo largo del concierto…

18.
Tiempo después W cambió de empleo por uno que le llevó a viajar mucho y ausentarse bastante del país, así que los encuentros en su casa y las citas en restaurantes, librerías, cines y cafeterías se fueron diluyendo, siendo sustituidas por divertidos correos electrónicos…

Una noche durante una romántica cena le dejé conocer mis sentimientos a la hermosa mujer que había estado cortejando, confesión que coincidió con una llamada que W me hizo esa misma madrugada, desde Londres, diciéndome que prolongaría su estancia en Europa de manera indefinida…

Por el tono de su voz supe que sufría al comunicármelo: en ese momento comprendí que el cambio de trabajo fue con la intención de alejarse de mí al darse cuenta que tenía que dejarme en libertad… así que no hubo necesidad de decirle que horas antes un “sí” me había hecho un hombre muy feliz… se lo compartí semanas después…

18.
Actualmente la vida de W transcurre entre Lyon, Madrid y Florencia, desde hace varios años, en compañía de un pintor francés de origen aristócrata… sigue siendo una mujer hermosa de acuerdo a las fotografías que ocasionalmente me envía vía mail, junto con alegres descripciones de todo lo que ha descubierto en Europa …

Siempre amenaza con venir a mexiquito para secuestrarme y pasar unos días juntos en Jumiltepec, aunque estoy seguro que lo dice a manera de cumplido… sin embargo, sus textos siempre los termina con un apasionado: jamais va cesser de t'aimer

22 de octubre de 2012

La fiesta del fin del milenio


1.
Por ahí de 1999 el extraordinario músico mexicano Rafael Catana decidió organizar una fiesta por el fin del milenio y pensó que la mejor manera de recibir al temido año 2000 era con un festejo a todo lo que se diera posible… y lo hizo…


2.
En mi trabajo nos “acuartelaron” a todos los responsables de los sistemas durante 2 días y nos advirtieron que había una solicitud de establecer acciones de seguridad informática a nivel nacional, pues se estaba previniendo que el famoso cambio de fechas no contemplado en el código binario de Microsoft de su DOS, le diera al traste a toda la información disponible en todos lados y por ello se había instrumentado un plan de contingencia para prevenir un caos computacional… horror con las mentiras: yo sabía que no pasaría nada pero nos estaban amenazando para seguir al pié de la letra toda esa andanada de sandeces, así que esa presión me llevó a mi instrumentar mi plan de contingencia: respaldar dos juegos de mi sistema en discos compactos, y uno guardarlo en mi escritorio y otro debajo de mi cama… y después lo único a lo que me dediqué fue a esperar que Rafael Catana me diera la dirección del lugar donde sería el gran acontecimiento: no podía aportarles más ayuda que mi presencia con mis ganas de divertirme…

Llegó la dirección de la fiesta por teléfono en voz de Ignacio, junto con la petición de que yo llevara mi auto porque pensaba llevar a Patricia (su novia); la fiesta sería en el sur de la ciudad y el frío ya se dejaba sentir sobre el de efe porque obviamente estábamos ya en el mes de diciembre…

Todo pintaba bien, sobre todo porque el lugar en donde sería la celebración era una casa que se estaba usando para la filmación de un film mexicano que nunca supe con qué nombre se estrenó… pero eso no era lo bueno, lo mejor, dijo Catana, es que también estarían algunos de los actores, entre ellos una guapa actriz que ya no recuerdo su nombre (puff qué emoción)…

Así que ahí íbamos en mi auto, dando algunos traguitos a una botella de ron que yo educadamente había comprado para no llegar con las manos vacías y escuchando a Talking Heads… llegamos relativamente rápido: Ignacio siempre fue un vago y de inmediato ubicó en dónde estaba el lugar, una inmensa casa que por el tamaño de las paredes dejaba ver que el dueño no era afecto a las visitas, pero que para esa ocasión había dejado un gran portón abierto para que los visitantes entraran y salieran a su antojo… o al menos eso creía porque apenas introduje el carro y dos tipos armados y mal encarados hicieron su aparición, pidieron bajara los cristales para observarnos y solicitaron nuestros nombres, mismos que fueron cotejados en una lista y de inmediato esto provocó un sorpresivo cambio de expresión que se transformó en amabilidad…

Entramos…

Nunca me imaginé estar en una gran fiesta con varias fiestas: una, afuera del gran caserón construido hermosamente con piedra de cantera, había una inmensa fogata ante la cual muchas personas conversaban, comían, tomaban tragos o simplemente fumaban… optamos por entrar y descubrimos la otra fiesta: adentro docenas de personas hacía lo mismo, pero aparte de ello algunas bailaban al ritmo que tocaba un grupo de entre cuyas gentes vi rostros familiares, esa era la idea: cualquiera que quisiera podía subir a un pequeño escenario y pedir el instrumento que deseara para unirse al grupo a tocar ya que la condición era que la música no se detuviera toda la noche… y lo mejor: no importaba que no supieras interpretar dos notas seguidas… y la siguiente fiesta, de alguna manera más privada, se daba en las camas de cada una de las recámaras de la casa…

Pero antes que nada y después de todo salió a nuestro paso Rafael Catana para darnos la bienvenida, abrazarnos, quitarnos nuestra botella de ron (no sin antes ver que ya había sido saqueada a sorbitos casi hasta la mitad) y de paso señalarnos que era el único momento en que se acercaría como anfitrión, pues el resto era problema de nosotros: señaló la cocina donde había bastante comida y abundante trago y desapareció tras una guapa mujer que al pasar a nuestro lado le alborotó el cabello con un sensual movimiento de manos…

Obvio que entramos a la cocina con la intención primero de cenar y después de servirnos un trago, pero apenas y veíamos la oferta de comida la misma chica entró tras nuestros pasos, tomó un plato y me preguntó que deseaba comer… señalé algunos bocadillos, mismos que también puso con cierta coquetería en el plato (será posible servir alimentos con sensualidad?), y después procedió a prepararme una cuba sin ni siquiera preguntarme si me gustaba el ron… me dio el vaso, me miró a los ojos, sonrió y salió de la habitación…

Ignacio soltó una carcajada pero Patricia apenas y sonrió… ellos prepararon sus platos y sus bebidas y salimos, pero casi al momento me encontré con Gustavo: un extraño tipo que se dedicaba a conseguir insólitos libros en librerías ubicadas en cualquier parte del mundo (mismos que después revendía), y que al verme de inmediato me gritó: “ya te tengo tu encargo”, así que dejé que mi pareja de amigos siguiera su camino para yo dedicarme a lo que siempre tenía que hacer con Gustavo: la negociación del precio del encargo “Rastros de carmín (una historia secreta del siglo XX)” de ese genio de la crítica cultural llamado Greil Marcus… pero el trato se hizo rápido pues cuando el tenedor de libros estaba tomado solía vender sus adquisiciones casi a precios de risa, y en ese momento él ya estaba algo borracho…

Terminé de cenar, apuré el contenido de mi vaso y fui a guardar la preciada joya a mi auto para evitar cualquier eventualidad etílica… regresé en busca de otra cuba y para mi sorpresa en la cocina estaba la misma chica que me había servido de cenar: estaba terminando de prepararse su bebida, me vio, le dio un pequeño sorbo a su vaso y nuevamente con un movimiento lleno de coquetería me lo entregó: era apenas mi segundo trago y nuevamente había sido servido por ella… salió de la cocina y yo seguí sus pasos, pero no siguiéndola sino en busca de que el baterista o el bajista del grupo que estaba tocando me cediera su instrumento para unirme al sabroso jam que estaban haciendo sobre una rola de Santana…

Pero en el camino nuevamente me interceptó Gustavo para llevarme a un rincón y presentarme no sólo a su bellísima acompañante francesa (quien ostentaba en la mano izquierda "Historia nocturna", del italiano Carlo Ginzburg), sino para abrir también una maleta que tenía tirada sobre el piso llena de los más increíbles libros: me olvidé de la chica-preparadora-de-mis-cubas y del posible jam con el grupo…

Tras media hora cerré un nuevo trato y me convertí en una persona con otro libro nuevo bajo el brazo… fui feliz con mi vaso vacío de nuevo hacia la cocina pero me encontré muy sonriente a Patricia conversando con otra chica (la actriz), pero apenas y me vio se puso seria, la artista se dio cuenta y salió pensando quizá que mi amiga y yo teníamos algún pendiente por aclarar…

- ¿Quieres una cuba? – me preguntó Patricia…

- No es mala idea – le respondí…

- Pues es una lástima, porque el ron se terminó – soltó burlona – si quieres ahí hay una botella de tequila del corriente - dijo dándome la espalda y saliendo de la cocina sin decir más…

Me reí, revisé las botellas y descubrí que debajo de una mesa había varias botellas de un ron fabricado en el Caribe, me preparé un trago y salí nuevamente rumbo hacia donde tocaba el grupo… me senté en un largo sillón frente a ellos y decidí olvidarme del jam: mejor dejarlos que continuaran con ese sabroso blues que estaban interpretando… Rafael Catana se sentó junto a mí y me ofreció una guitarra… decliné… pero mi vecino (un desconocido) aceptó, se colgó la guitarra y subió al escenario para hacer el ridículo: no sabía tocar, pero ante el complot que significaba el fin del mundo ante el fin del milenio, todo estaba permitido, y hasta recibió etílicos y mareados aplausos…

Mientras del otro lado de la casi-mansión y a través de los pasillos que daban hacia las recámaras, parejas iban y venían después de terminar su fiesta privada, algunas, o a punto de comenzar la suya, las otras… yo opté por salir de la casa ante el grotesco sonido que salía de la guitarra…

Greil Marcus

Deambulé por los jardines con mi vaso en la mano y mi libro nuevo en la otra mientras pensaba si habría en algún lugar otro tipo de fiesta, quizá alguna más privada y puede que hasta de tipo “escabroso”: con esas gentes y en ese medio nada se sabe y todo puede pasar… lo que sí me percaté es que discretos se asomaban algunos hombres vestidos de paisano que portaban larguísimos machetes en la cintura: eran otros de los cuidadores de la casa… me acerqué a la fogata para ver sus gigantes y anaranjadas llamas con la punta amarilla, casi al mismo tiempo en que mi cuba se terminaba de evaporar… pero al poco se acercó un tipo con una botella de ron en un mano y un refresco en la otra para ofrecerme un trago… obvio que lo acepté…

Seguí con la terapia de consumir mi cuba con pequeños tragos mientras miraba el fuego, hasta que una sensual voz me dijo casi al oído un “hola”… voltee y descubrí a mi lado a la chica-preparadora-de-cubas… le regresé su “hola” con otro igual, me miró a los ojos, dio una calada más y antes de vaciar sus pulmones me ofreció un gigantesco cigarro de marihuana, mismo al que decliné con educación y cuyo rechazo hizo que la antes-chica-preparadora-de-cubas transformara su mirada sensual en una cercana al desprecio contra mí, se diera media vuelta y se alejara sin decir nada… pero… en el camino se encontró con Patricia, la cual se dirigía hacia donde yo estaba parado, le entregó el cigarro de marihuana y mi amiga lo aceptó gustosa… y no la volví a ver ni a recibir cubas-llenas-de-coquetería el resto de la noche…

Patricia se paró a mi lado con una extraña mirada, fumó largamente en silencio y al final me ofreció el cigarrillo: lo rechacé también, se rio y se lo entregó a una pareja que pasaba cerca de nosotros… nos quedamos mirando la fogata… en silencio… la vi un par de veces de reojo y vi una vaciedad bastante extraña en sus ojos… pero seguimos en silencio hasta que apareció Ignacio detrás de nosotros, la tomó por la cintura, la besó y viéndome también raro, me dijo:

- ¡Ya te vi galanteando con mi novia! – y soltó una carcajada…

- Estás bien pendejo – le dije…

(aunque días después aparentemente ella sí usó su galantería con mi entrañable – por aquello de que ya murió - amigo Jorge en una confusa situación que provocó que Ignacio y Patricia se liaran a golpes dentro del auto de ésta, y que a su vez llevó a que él aceptara como reconciliación irse a vivir con ella a su nebulosa casa llena de fantasmas, propuesta que ella le hacía insistentemente desde hacía meses pero que él rechazaba… vaya con esa otra fiesta del fin del milenio, aunque esta vez en casa de un amigo norteamericano, que también dio muchas anécdotas y que entre otras cosas me permitió conocer a un extraño pero simpático italiano llamado Vittorino que se ganaba la vida vendiendo ropa de piel que traficaba desde áfrica)…

La mirada de Patricia cambió y dio señales de vida de nuevo, los tres nos reímos y ella comenzó a bailar sensualmente ante él hasta que tomándolo de la mano lo jaló hacia la casa, supongo que a bailar con el pegajoso ritmo de Bob Marley que estaba tocando la improvisada banda…

Seguí con mi trago hasta que un joven se acercó discretamente con un cigarro de marihuana, mismo que fumaba con impaciencia… cuando sus pulmones se hartaron de almacenar tanto humo verde, me lo ofreció… una vez más lo rechacé… levantó la mirada, se plantó retador ante mí y me dijo con rabia:

- A una mujer nunca se le dice que “no”, cabrón (haciendo alusión, yo entendí, a la negativa que le di a la preparadora de cubas-llenas-de-coquetería)…

Me le quedé viendo, terminé mi cuba de un solo trago, arrojé el vaso lejos y me disponía a adelantarme en eso de soltar los golpes (y a punto de romper mi regla de no ser yo quien soltara el primero si se trataba de pelear), cuando uno de los tipos vestido de paisano puso una botella de mezcal entre el fumador-de-hierba y yo… él volteó a verlo furioso, pero lo primero que encontró su mirada fue el machete, abrió exageradamente los ojos, bajó la vista, dio media vuelta y se alejó asustado… yo acepté la botella de mezcal, la descorché (estaba nueva), le di un largo trago y se la acerqué al paisano, pero este la rechazó... los dos nos quedamos en silencio viendo la fogata hasta que él se dio media vuelta y se fue sin decir nada… seguí bebiendo del pico la botella hasta que regresaron Ignacio y Patricia… ella me quitó la botella y bebió de ella, después se la pasó a mi amigo y también le dio un largo trago y después nos dedicamos a conversar durante un buen rato mientras ellos fumaban tabaco…

Patricia sugirió entrar a la casa… se supone que los tres nos dirigíamos hacia allá pero por alguna razón volteé hacia el firmamento y vi la difícil señal de que en breve comenzaría a clarear el día… y me sentí cansado… Ignacio y Patricia se detuvieron, voltearon a verme y de pronto los tres sin decirlo coincidíamos en el cansancio…

Saqué las llaves de mi auto y se la entregué a Patricia (Ignacio no manejaba), al mismo tiempo que Catana se asomaba por la puerta de la casa y levantando orgulloso un bajo repetía mi nombre y me hacía señas para que entrara a la casa y me uniera al grupo… le hice una señal con el dedo medio y me reí, Ignacio y Patricia voltearon a ver a Rafael y levantaron los hombres en solidaridad conmigo… me di media vuelta y me encaminé hacia mi auto seguido por mis amigos…

Le entregué a Patricia las llaves…

3.
Una vez que me acomodé en el asiento trasero, arrojé el segundo libro adquirido encima del primero y le pedí a Ignacio un cigarrillo…

- Tú no fumas – protestó Patricia, pero la mirada de Ignacio hizo que mejor se enfocara a encender el auto…

Al tiempo mi amigo me entregó el cigarrillo y yo le di la botella de mezcal… el auto se puso en movimiento e iniciamos un discreto descenso por empinadas calles de la boscosa zona donde estaba la casa… íbamos en silencio mientras en el estéreo ese prodigio llamado Peter Murphy cantaba "Cuts you up" hasta que Patricia se volteó y me preguntó por qué iba tan callado…

- Pienso - le dije…

- ¿Se puede saber en qué? – inquirió ella…

Dudé en la respuesta… reflexioné una vez más sobre las computadoras y en un número 2000 de neón gigante… me reí y le dije:

- En que ojalá en unos días el año 2000 termine con muchas cosas…

Ella levantó los hombros y siguió manejando, Ignacio tomó un trago de mezcal y yo pedí otro cigarrillo mientras terriblemente el cielo comenzó a clarear y mi cuerpo comenzó a temblar en algo parecido a espasmos vampíricos: no soporto ver el amanecer…