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21 de mayo de 2023

La vidente


 
1.
Un par de días después de que publiqué la entrada anunciando que el mundo espiritual me negaba mi jubilación (a la que en breve explicaré), Karla, una amiga tarotista, me llamó por teléfono para compartirme la satisfacción que le daba aquella noticia.
 
—No es divertido — me quejé.
—Jamás intentes dejarnos, de nuevo, en el oscurantismo — advirtió.
—Cada quien vive su noche — me quejé — yo tengo la mía y si supieras cuánta flojera me da seguir transitando en ella, así que imagínate cuando la gente me pide ayuda para entender la suya para que al final no me hagan caso.
—¿Por qué quieres abandonarnos? — cuestionó.
—Hay cosas más divertidas que hacer que publicar textos en un blog que nadie se toma en serio, y, aunque lo dudes, esas cosas me quitan provechosa y divertidamente varias horas al día… muchas.
—¿Cosas como qué?
—Unas que no te importan — solté mirando la mitad de la copa de whisky que aún tenía pendiente de beber — ¿qué quieres?
—Tu apoyo en una consulta — aceptó mi decisión de cambiar de tema.
—No.
—Cabrón.
—Sí, y mucho, ya me conoces…
—¡Yaaaa, párale a tu tren sin frenos! — protestó.
—Vete al infierno y de pasó salúdame al “amigo” — le ofrecí un viaje sin boleto de regreso.
—Sí, pero antes de irme te cuento que esto te va a interesar: mi paciente es una vidente a la que se la está cargando la chingada — me provocó.
—¿Será tu tía, la fea de la familia, con la que nadie quiere bailar en las fiestas de quince años, aniversarios, bodas ni bautizos?
—Cabrón, esa se murió hace seis meses.
—Mierda… cuéntame — caí en la provocación y en dos minutos me convenció.
 
2.
Llegué puntual a su departamento, localizado en la calle Georgia, en la complicada colonia Nápoles… toqué el timbre, y, extrañamente, lejos de limitarse a usar el interfón para dejarme pasar, salió a recibirme.
 
—Ya llegaron — avisó en cuanto me vio por las rejas del edificio.
—Hablemos primero — pedí mientras abría la puerta.
 
Subimos los dos bloques de escaleras, entramos y en la sala ya estaba sentada una anciana junto a una joven. Saludé simulando indiferencia (eso tiene una razón y solo la uso cuando la consulta lo amerita) y seguí a la tarotista rumbo a la habitación donde atendía a sus pacientes. Una vez ahí le hice un par de advertencias, las cuales escuchó sin cuestionar y luego preguntó si podíamos empezar.
 
3.
—Ella es Doña Alba y su nieta Judith — hizo las presentaciones.
—¿Así que tú eres el vidente que me va a consultar? — dijo la anciana sin soltar el bastón para ciegos.
—Si no quiere lo podemos parar desde ya — la reté.
—¡Abuela! — protestó la joven, provocando que la mujer soltara una risita.
—Ya, ya — dijo manoteando en el aire.
 
Observé a la vieja y tras ello se ganó mi simpatía.
 
4.
—Cuéntame a qué te dedicas — pidió.
—No estamos aquí para hablar del señor — aclaró su nieta y la mujer soltó otra risita.
—Tal como te dije por teléfono — intervino Karla mirándome — Doña Alba es vidente… era, ya ha dejado el “oficio” pero a partir de que se jubiló está enfrentado algunos problemas de salud.
 
Escudriñé a la tarotista y no supe si se estaba burlando de mi, más no era momento de cuestionarla, así que pasé por alto su insinuación de que la vieja felizmente había recibido permiso de retirarse de cualquier práctica espiritual… y yo no.
 
—En concreto: mi abuela está preocupada porque está perdiendo la vista y quisiera saber el motivo, pues según ella los médicos hablan solo dicen tonterías, pero sin dar una respuesta que la convenza.
—¿Usted es Doña Alba, la famosa vidente de ciudad Hidalgo?, la que recomendó a Francisca Zetina para que se encargara del montaje en la finca del “El Encanto”?
—Eres bueno, muchacho.
—¡Mierda! — exclamé controlando las ganas de largarme de ahí.
—Oye tu palabrita “mierda” no es un buen augurio — protestó Karla.
—¡Mierda! — repetí por molestarla.
 
5.
Durante unos diez minutos Judith hizo un resumen de la rapidez con la que su abuela había perdido la vista, al grado de que ahora, se quejaba, solo veía bultos, principalmente tratándose de personas.
 
La miré durante un par de minutos, solté un quejoso “juumm” y pedí a mi amiga me regalara una taza de café. Se puso de pie, preguntó a las dos mujeres si querían beber algo, se negaron y salió de la habitación.
 
—¿Me vas a decir la verdad? — me cuestionó la vieja.
—Sí, en cuanto regrese Karla… ustedes son sus pacientes y creo que por ética debe escuchar lo que voy a explicarles.
—Tienes miedo — me retó.
—Es por respeto — reiteré.
—Cabrón — protestó.
—¡Abuela! — la regañó su nieta.
—Está bien — la tranquilicé — aunque no lo creas, no se lo tomo a mal, incluso la entiendo… es más, tu abuela es muy agradable.
—Cabrón — repitió y sonrió — en mis tiempos yo era tratada como una reina y no había este tipo de consideraciones pedorras. ¿Sabes a cuántos secretarios de estado, o a gente de la farándula, o deportistas, o militares hacía yo esperar, durante horas, antes de atenderlos, para que les quedara claro “quién mandaba”?
—No hay “sus tiempos “, Doña Alba, ni “mis tiempos”, se trata de un principio fundamental que me enseñó el Curandero Felipe: respeto.
—¿Tú qué diablos sabes de ese gran señor? — cuestionó.
—Todo, era mi tío, así que con el respeto que usted se merece como mujer, y sobre todo, por su leyenda, no quiera sobarme los cojones.
—Eres un grosero — se quejó.
—No, luego de la condena del mundo espiritual a seguir atendiendo necedades, me estoy haciendo muy práctico.
 
6.
—El asunto es sencillo — acaparé la atención de todas tras dar un sorbo a mi taza — su fama como vidente era grande, yo llegué a escuchar historias sobre la certeza de sus revelaciones, pero justamente usted cometió el error de usar permanentemente su videncia, día y noche, incluso mientras dormía, por lo que no dejó que los síntomas del glaucoma que la aqueja se manifestaran, por decirlo así, de manera física.
—No es diabética — avisó Judith, haciendo que la vieja le tocara con autoridad la pierna para que me dejara hablar.
—Lo sé, pero su glaucoma fue... digamos… es una enfermedad de origen natural. No hay brujería, ni maldición, ni problema mayor que no se esté manifestado ahora que ya no usa sus dones para ver, lo que la dejó a expensas “del sentido” de la vista.
—¿Por qué los médicos no dan un diagnostico confiable? — se quejó la nieta.
—Doña Alba aún tiene a sus guardianes, y ellos actúan protegiéndola creyendo que toman las decisiones correctas, ¿me explico?
—No — dijo la nieta.
—No — la secundó Karla.
—Sí — dijo la anciana.
—¿Te suena lógico, abuela? — la cuestionó Judith sin disimular que le urgía terminar con la sesión.
 
La vieja no dijo nada, fijó su vista en mi (quizá acostumbrada a usar su videncia, trató de ver algo) y tras un rato afirmó, con la cabeza, quiero creer, resignada.
 
Después de aquello hice énfasis en algunos aspectos, pero más que nada para tranquilizar a la mujer, porque creo que la respuesta estaba clara.
 
—No sé qué opinen, pero me suena lógica la explicación — dijo Karla.
—Lo importante es que usted acepte su nueva condición física y aprenda a convivir con ella — sugerí — usted ha visto muchas cosas en la vida terrenal y en la inmaterial, así que debe percibir lo que actualmente le sucede como un descanso ante tantos sucesos extraños que presenció.
—No hay vuelta atrás en eso de la “jubilación espiritual” — aceptó la vieja con cierto arrepentimiento.
—Tampoco haga drama — sugerí — aún tiene un par de guías espirituales que le ayudan a tomar decisiones en la vida. Aprovéchelos.
—Cabrón — dijo, sonrió satisfecha y fue cuando su nieta la apresuró, de nuevo, incorporándose de la silla, para insinuar que era la hora de volver a su casa.
 
7.
—¡Eso fue rápido! — exclamó la tarotista, emocionada, una vez que se fueron.
—Casi… no sé hasta qué punto, si la hubieses consultado con tarot —planteé — hubiese quedado ella satisfecha… o todo tan claro.
—Deja de estar chingando — se quejó — bien sabes quién soy, así como sé hasta dónde tú eres capaz de llegar.
—Ándate al carajo — me burlé.
—Me impresiona cómo tras varios años de muerto, el Curandero Felipe sigue siendo una referencia — confesó — y sin que tú te lo propongas.
—Así son las leyendas.
—¿No le dijiste todo a Doña Alba? — me miró con suspicacia, tras poner sus ojos en blanco, viendo al techo, para finalmente mirarme con reproche.
—¿Para qué? — levanté los hombros.
—Dime, ¿qué te guardaste, cabrón? — cuestionó.
—Es vieja, ¿por qué atormentar el último tramo de su manipuladora existencia?
—Cuenta, ¿ya se va a morir? — preguntó alarmada.
—No, aún le falta purgar — dije tras soltar una carcajada pues a Karla el tema de la muerte le incomoda — pero aparte de ver bastantes cosas, la ella abusó de sus dones para cobrar dinero, mucho, y manipular secretos que… bueno, incitaron desenlaces que provocaron que ciertas personas vivieran desprestigiadas el resto de su vida, muchas humillaciones, encarcelamientos injustos y… mierda… a tú sabes cómo es esto.
—Mira, tan encantadora que se veía la viejita.
—La mayoría de los ancianos parecen agradables, la longevidad inspira ternura, respeto o desprecio, depende de los cargos de conciencia de cada quien, pero a veces, detrás de las canas, arrugas y decrepitud se esconden historias llenas de crueldad, prepotencia y maldad. 
—Eso ya no es asunto mío — quiso da por zanjado el tema — tú cada vez te pones más místico y por eso tus lectores te mandan a la chingada y no compran tus libros.
—No vivo de ti ni de nadie, sino de mi trabajo cotidiano, en una oficina de gobierno, en el sector medio ambiente, que atesora un terrorífico catálogo de mezquindades humanas mexicanas — me burlé — el día que la gente entienda que a toda acción, una reacción, que NO debe escupir al cielo, que el mundo espiritual y los dones NO son un negocio, ni un apostolado, sino un karma, dejarán de saturar mis mails llenos de preguntas pendejas.
—Grosero.
—Recuerda, y me canso de repetirlo, en mi última consulta ante Orunla me advirtió: “usted siempre diga la verdad, aunque se quede solo”, y si a eso le agregas que mi signo zodiacal es Acuario, además de mi recóndito autismo, entonces deberías entender que tu opinión, y muchas más, casi todas, me valen el humo de una fumada.
—Cabrón — acusó.
—Lo que sea… volvamos a la vejeta: ¿quién le hará pagar el abuso material de los dones? su nieta — cuestioné — ¿viste su urgencia por irse?
—Ahora que lo mencionas…
—La vieja tiene mucho dinero tras todo lo que abusó de su don… Judith no está con ella porque sea buena persona, sino porque se está frotando las manos con la herencia que cree que recibirá, pero antes...
—Ya entendí la prisa: la chamaca no quería que usaras tu videncia para saber sus intenciones —aceptó — por eso tus advertencias antes de empezar de quedarme callada: ya sabías de qué iba todo.
—Lo vi desde que llegué, pero no adelantaría nada: la nieta debe cumplir con su función para que Doña Alba purgue karma antes de pasar a mejor vida.
—Impresionante —concluyó Karla.
—El mundo espiritual es cabrón… — me quejé.
—Blasfemo — se quejó.
—… y muchas veces los dones no siempre ayudan — la ignoré.
—No entiendo.
—Una consulta no solo debe “diagnosticar” la situación del astral de la persona en el momento actual, ni las causas, debe irse al origen del problema, pero también a las consecuencias.
—¿Acaso causas y origen no son lo mismo?
—Mierda, ni si quiera cuestionaste el tema de las consecuencias — protesté.
—Cabrón.
—Ya me aburriste, mejor pídeme un taxi — solicité — no traje auto… tu colonia es un desmadre para encontrar un lugar donde estacionarse.
—¡Cabrón! — exclamó entre risas — siempre haciéndote el interesante — agregó mientras cogía su celular para contratar el servicio.

10 de febrero de 2021

Extrañas llamadas

1.
El último viernes de un mes que resultó bastante atribulado, mi esposa y yo conversábamos en la recámara al medio día cuando entró una llamada a mi celular: no suelo atender números desconocidos, pero algo me dijo que lo hiciera.
 
– diga – contesté secamente dando a entender que si pretendían venderme algo habían cometido un error.
– ¿puedo hablar con el señor Alfredo? – dudó.
– su servidor – respondí manteniendo el tono neutro – ¿en qué puedo servirle?
– habla la mamá de Samira – dijo y de inmediato sentí una punzada en el estómago. Mi esposa y yo cruzamos miradas, y abrí la bocina para que ella escuchara lo que ya estaba seguro sería una mala noticia.
– disculpe si lo interrumpo en algo… sé que no nos conocemos, pero Samira me habló mucho de usted… y… llamo para decirle que se ha ido, ya no estará más con nosotros.
 
Mi esposa abrió los ojos, soltó un “qué horror”, salió de la recámara y bajó a la sala. Cerré el altavoz, me dispuse a recibir el detalle de tan mala noticia y los siguientes 40 minutos fueron de una difícil conversación con una desconocida, que pese a tener una larga amistad con su hija, nunca me dijo el nombre de su progenitora.
 
2.
Aquella plática (más allá de la advertencia de que a partir de ese día Samira se convertiría en una ausencia), era una llamada que dado el trabajo espiritual que realizo, mismo que me ha enfrentado a casos inverosímiles, no debía desconcertarme, pero tras el detalle de las causas del deceso, algunas anécdotas de sus viajes (que desconocía, salvo las que citó de su paseo por las calles de Paris que ella misma me compartió), así como las rutinas y los ahora espacios vacíos en su casa y con los que su madre no podía lidiar, surgieron un par de referencias que consiguieron conmoverme.
 
Los resumiré en dos temas: el primero, relacionado con pormenores de mi relación con ella y de la cual su madre estaba perfectamente enterada, particularidades que dejaron entrever que entre ambas fui objeto de profundas y extensas conversaciones.
 
Mientras escuchaba estos detalles entendí la forma en la que Samira me miraba (con respeto y cierta admiración, como algunas mujeres ven en un amigo a una figura paterna), durante las largas charlas que solíamos tener, sobre todo al medio día, dado que siempre he comido en mi escritorio, costumbre que con el tiempo ella imitó.
 
El segundo aspecto tiene que ver con el repetitivo agradecimiento que me hizo su madre no solo por mi amistad con su hija, sino también por los consejos que le di durante años (aunque no me imagino una conversación entre ambas, donde Samira pudiera reflejar el cinismo con el que solía darle mi opinión, cuando la pedía, sobre temas un tanto fuera de lo común).
 
3.
Cuando la mujer explicó el motivo del fallecimiento, consecuencia de una operación que originalmente era mero trámite, recordé que desde siempre había lidiado con problemas de salud de los que nunca quería entrar en detalles, discreción que siempre le respeté (y al igual que nunca le pregunté sobre su árbol genealógico, sí que investigué que el origen de su nombre era árabe y que significaba “la que cuenta historias en las noches”).
 
El detalle que me impresionó, por llamarlo de alguna manera, fue cuando citó me algunos títulos de libros que le recomendé a su hija, varios de los cuales llegué a ver en sus manos. La llamada terminó con la promesa de invitarme a una misa en honor de Samira, obviamente en cuanto el COVID lo permitiera.
 
4.
Seguro el lector se preguntará por qué llamar a esta entrada “Extrañas llamadas”, si se supone que estoy acostumbrado a enfrentar situaciones disparatadas, y precisamente ese es el detalle: venir a enterarme que yo era más importante en la vida de una persona de lo que pensaba, rompe con cualquier esquema relacionado con mi ya raquítico vínculo con la humanidad.
 
Ese mismo día por la noche LL me habló por teléfono y durante la conversación surgió el tema del fallecimiento de Samira (tristemente reconoció que no se acordaba de ella), así como las reflexiones acerca de mi desconcierto.
 
– creo que debo ponerle más atención a mi relación con ciertas personas de mi entorno – reconocí en algún momento.
– sí, como a mí – dijo, exigente y vanidosa como es, más de inmediato se arrepintió y señaló que lo había dicho bromeando.
 
Una hora después, mientras cenábamos, entró un mensaje a mi celular: era nuevamente la mamá donde reiteraba su agradecimiento por mis palabras de consuelo y reconocía, una vez más, los consejos y ratos de plática que a lo largo de estos años di a su hija.
 
Se lo mostré a mi mujer y exclamó: “son palabras muy hermosas las que te ha escrito, bellísimas”. Sí, tuve que reconocer, lo borré, vi por última vez la foto del avatar de Samira y la eliminé de mis contactos (luego también de mi agenda del teléfono), opté por cambiar de tema y al poco rato subimos a dormir.
 
Al día siguiente me desperté temprano, bajé a la sala, encendí mi laptop y decidí escribir este texto. Ahora solo me falta decidir si le doy luz a su alma, porque ya hasta de esos asuntos me he desentendido.
 
5.
Semanas después en mi teléfono reapareció el contacto de Samira con su fotografía teniendo de fondo la torre Eiffel, lo que me hizo recordar que en algún momento confesó que conocer París era lo mejor que le había sucedido en su vida.
 
6.
Sigo sin decidir si le doy luz a su alma.

3 de agosto de 2020

En la hora de nuestra muerte



Existen varias formas de vincularse con el mundo de los desencarnados: una es la espiritual, siendo médium, espiritualista, muertero, vidente o espiritista; la otra, siendo artista. Hay más, pero quedémonos con estas.

Para el caso del arte, la fotógrafa norteamericana Sarah Sudhoff* tiene una historia por demás curiosa: al cumplir la mayoría de edad un amigo de la infancia se voló la cabeza de un disparo. Sobre la experiencia comentó: “Mientras visitaba su casa el día después del evento, presencié a un equipo de limpieza limpiando a vapor la alfombra de su habitación. Todos los rastros físicos de las últimas 24 horas habían desaparecido”.

Sudhoff fue testigo del lavado de los restos de sangre acumulados en la alfombra, sillones y paredes, lo que le llevó a cuestionarse sobre las señales que dejan las personas en su entorno en sus últimos momentos de vida: “La muerte, como el nacimiento, es parte de un proceso. Sin embargo, los procesos de muerte a menudo están protegidos de la vista. Hoy en la sociedad occidental, la mayoría de las familias dejan a un completo la tarea de preparar el cuerpo de un ser querido para su lugar de descanso final ... ahora la mancha de la muerte se elimina rápidamente y la escena se limpia y normaliza”.

Fue así que decidió dar inicio a su proyecto “At the Hour of Our Death” (se traduce como “En la hora de nuestra muerte”), el cual consiste en fotografiar a detalle objetos que hayan tenido un último contacto con el fallecido, como sillas, tapices, sábanas, sillones, camas, ropa, mosaico o cobijas, independiente del motivo de la muerte: enfermedad, suicidio, accidente, asesinato o sobredosis, y en donde obviamente destacan sangre, fluidos, residuos, manchas que, según la autora “son obras de arte que sacan de contexto la tragedia y obligan a reflexionar sobre la fisonomía de la muerte”.

Se explaya: “Las imágenes son mi intento de frenar los momentos, antes y después de la muerte, en un solo marco. Ello nos permite contemplar lo que generalmente es invisible y comprometernos con un proceso con el que hemos perdido la conexión. Todos moriremos algún día”.

Sin embargo, no se debe ver a Sudhoff como morbosa o una practicante de parafilia visual: hace años recibió tratamiento para el cáncer uterino y le inspiró otro proyecto “Repository” (traducido como “Repositorio”), donde ella misma se fotografió en hospitales, morgues y galerías médicas.

Es realista sobre los límites a los que está llegando su trabajo artístico: “Al principio era fácil fotografiar esos tejidos manchados. La novedad y la curiosidad me protegían emocionalmente. Ahora, un año después, la brecha entre la cámara y el objeto está desapareciendo y todo se hace emocional, física y mentalmente más difícil”.

Agrega (durante una entrevista que formará parte de un documental sobre su obra fotográfica), sin ocultar ya agotamiento: “Tengo que recorrer grandes distancias para acceder al material, en los almacenes no hay calefacción ni aire acondicionado, el olor de los textiles no es fácil de llevar y psicológicamente es un trabajo cansado”.

Sudhoff remata, sin dar pie a cuestionarla: “No pienso que la muerte sea un tema extremo para explorarlo como fotógrafa. Lo queramos o no, todos moriremos algún día, pero muchos deciden ignorarlo ... por eso la muerte se vuelve fértil como tema de exploración artística”.

* por obvias razones esta entrada no incluyen imágenes de los dos proyectos de la autora, si alguien se interesa, en la web podrá consultarse su obra.

25 de marzo de 2019

Entrevista con una agente literario para publicar mi libro


1.
No estaba planeado, pero de último minuto fuimos a comer a “Casa Toño”, un restaurant cercano a mi casa, y como siempre hacemos en cada visita, entramos a la cafetería/librería “R. Porrúa” para la sobremesa.

Esperando nuestras bebidas atrajo mi atención una pareja femenina sentada frente a nosotros: de un lado de la mesa estaba una elegante joven, mientras que del otro una mujer regordeta, en fachas, despeinada y con neuróticos ademanes.

Cruzaron algunas frases hasta que la rolliza señora explicó que no se podía quedar más tiempo porque tenía un compromiso (entrar a comer al restaurant de donde habíamos salido, constaté al seguirla con la mirada luego de que salió), así que la joven la tranquilizó diciéndole que ya tenía sus datos y en la semana su jefa la contactaría.

2.
– no es tan vieja – comenté a mi esposa – más bien se la chupó la bruja.
– … ¿pero escuchaste lo que conversaban? – intervino mi hija.
– no – respondí.
– la joven busca escritores y estaban hablando de la posibilidad de publicar el libro de la señora.
– no es señora – insistí – será señorita.
– lo que sea – dijo mi hija – ¿quieres que le diga que platique contigo?
– no, ¿para qué?
– ¡para publicar tu libro! – exclamó.
– no vale la pena – aseguré – y si quisiera hablar con ella no necesito andes de entrometida – señalé y solté una carcajada.
– deberías probar – intervino mi esposa – no pierdes nada.
– conozco cómo funciona “R. Porrúa”: tú pagas todo, ellos ponen el renombre de la editorial, sus contactos para “promover” el libro y aparte debes darles un porcentaje de la venta de cada ejemplar.
– eso suena bien – dijo mi hija.
– que noooo – repetí alargando las palabras para zanjar el tema – piden mucho dinero… y sorpresa: nada tiene que ver con la auténtica “Librería Porrúa Hermanos” que tantas maravillas literarias han publicado.
– voy a pedirle que venga a platicar contigo.
– ¡me carga la bruja que espantaba a mi abuela en las madrugadas!... te lo voy a demostrar – avisé cuando la joven se puso de pie.
– ¿disculpa, trabajas aquí? – dije al tiempo que mi esposa y mi hija se levantaban para dejarnos conversar a solas.
– sí, mucho gusto, me llamo Dolores – dijo extendiéndome la mano.


3.
Lo que debía ser una plática de 15 minutos sobre la propuesta editorial, se convirtió en una confesión personal que duró una hora: inició con la presentación de “R. Porrúa”, sus objetivos y demás que ella aderezó con fotos de su teléfono mostrando las “exitosas” promociones de sus autores: en ellas se veían multitudes alrededor de no sé quién, eventos que parecían más la inauguración de un antro que la presentación de un libro; al final mostró imágenes del lugar donde estábamos y en el que se percibí unas cuantas personas si comparamos los gentíos de las otras.

– es raro – dije bebiendo de mi café y ofreciéndole de las galletas que compramos para acompañarlo, mismas que rechazó con una sonrisa y sin perder la postura – no me he enterado de presentaciones aquí.
– las hacemos seguido – se jactó.
– ¿son entre semana?
– exacto – presumió.
– no te había visto antes… y venimos seguido – bebí de mi café.
– vengo de lunes a viernes – aclaró y siguió hablando de cifras del mundo editorial hasta que, aburrido, recité mis datos sobre los promedios de lectura y no tuvo más remedio que cambiar de tema: supo que no podría con mi opinión sobre los desastrosos niveles de lectura en méxico.

Pasaron los minutos mientras mi videncia comenzó a buscar respuesta a la consulta de una lectora del blog, hasta que sonó la palabra “bulímica”: fue cuando puse atención a su nombre, Dolores, y descubrí que me estaba contando su vida.

– me es difícil hablar de esto… no sé quién eres, ni te conozco, pero me inspiras confianza: nací en el norte del país, aquí vivo sola… me estoy abriendo camino en esta ciudad donde no puedes confiar en nadie… en mi soledad enfrenté la bulimia, sin que mis padres sepan hasta la fecha todo lo que he sufrido – ignoró un mensaje en su celular.
– vaya – solté y di un sorbo a mi café.
– los jóvenes son el futuro de este país – dijo Dolores cual slogan televisivo y mientras rechazaba en su celular una llamada entrante – así que escribí un libro sobre mi experiencia sobre la bulimia.
– vaya – repetí y desistí de ofrecer galletas: vi la perfección del lápiz labial, el delicado collar sobre su cuello, su blusa roja debajo de un traje sastre azul marino y pensé “pobre mujer”.
– está terminado – anunció tras decir algo que no atendí y agregó – me falta juntar el dinero para que “R. Porrúa” lo publique*.

Así siguió, contándome durante varios minutos más, hasta que pareció darse cuenta de su error y confirmé lo que yo hacía frente a ella: perder el tiempo, así que dejó de lado las confidencias y regresó al papel de la buscadora de talentos.

– sobre el tema económico, el contrato que firmas y demás, ya te lo platicará mi coordinadora – avisó – ella conoce de esos temas – y completando el discurso**, agregó entre risas – yo soy la head hunter.
– vaya – reprimí un bostezo.
– “R. Porrúa” busca escritores que aporten algo a la sociedad, una experiencia que auxilie al prójimo y para ello tenemos como ejemplo a su director. Se puso de pie, fue hacia un librero y regresó con un texto: “El iluminador de almas” – Arturo quiere textos que ayuden a la superación personal, que den algo a la juventud – avisó – ¿tienes terminado tu libro?
– sí… – di otro trago a mi café.
– ¿has publicado algo más? – siguió retomando el hilo para borrar de mi atención sus confesiones.
– sí, publiqué cuatro libros de manera independiente, textos en revistas, periódicos, compilaciones en la UNAM y di entrevistas de radio y tv.
– eso nos da una ventaja – fingió.
– mi libro gustará a Arturo: soy vidente, muertero y mi texto trata sobre cómo los muertos viven entre nosotros y de qué manera intervienen en nuestra vida – Dolores palideció, abrió los ojos y quedó muda.
– eso ha de ser muy difícil – atinó a decir.
– sí, pero tiene sus beneficios: tengo el don desde niño… puedo ver el futuro y por ello te garantizo que tu libro tendrá éxito – tras lo cual su rostro se congeló, hizo algunos comentarios, me pidió mi número y yo por molestar solicite el suyo. Nos despedimos con su promesa de que su jefa me llamaría para otra entrevista, me besó en la mejilla y se alejó.

– ¿y? – preguntó mi hija una vez que Dolores salió apresurada de la librería y ella y mi esposa regresaron a la mesa.
– te dije: no me hagas perder el tiempo con pendejadas.

4.
Obvio no recibí la llamada telefónica de la jefa de Dolores: la gente se siente en desventaja tras desnudar su alma.

* cuando más adelante Dolores menciona: “solo me falta juntar el dinero necesario para que “R. Porrúa” lo publique”, me reitera en qué consiste el proyecto de la editorial.
** la inversión que debe hacer un escritor en 2018 para que le publiquen un tiraje de mil ejemplares, con la versión en ebook, equivale a $200,000 (unos 10,000 dólares).

19 de diciembre de 2018

No volveré a platicar con desencarnados

seablue y ujulerachid, administradores de este blog, quieren desear a todos los lectores felices fiestas de fin de año, y aprovechando, compartimos una interesante reflexión del escritor dave barry sobre la época decembrina: “una vez más, llegamos a la temporada navideña, una época profundamente religiosa que cada uno de nosotros celebra, a su manera, yendo al centro comercial de su elección”. Nos leemos en enero.


1.
Decidí que aquella tarde sólo sonaría reggae en la casa, así que opté por Yerberos, Ganja y Rastrillos (mexicanos), y por The Slackers, The Sunvizors, Mo'Kalamity y Bob Marley; destaparía un Myer’s Rum (que un ahijado me regaló), y prepararía bocadillos. Iba a iniciar dando play a “Married Girl” cuando se abrió la puerta y vi entrar a mi esposa afligida.

– y ahora? – pregunté (había ido a comer con unas amigas y pensé que tardaría en volver).
– mataron a L y V – dijo conmocionada.

2.
– no se sabe mucho – señaló tras sentarse en un sillón.
– cuándo fue? – pregunté.
– antier… salió en el periódico – sacó uno de su bolso, me lo extendió, pero dudé pues no me gusta la nota roja: veo los reportajes, mi videncia vuela y ve cómo sucedió todo… lo sostuve sin intensión de abrirlo.
– luego – avisé.
– acostúmbrate – avisó – M va a venir: quiere que le digas qué sucedió.
– naaá – anuncié – sabes muy bien que no me gustan los muertos.
– eres muertero: ves muertos, hablas con muertos, trabajas con muertos y hasta espantas muertos.
– no me refiero a desencarnados, sino a cadáveres: el primero lo vi a los 7 años cuando mis primos me llevaron a ver el cuerpo de un tipo apuñalado en la esquina de la calle donde vivíamos…
– pero se trata de L y V – me interrumpió – las conocíamos.
– desde entonces procuro no verlos – seguí argumentando – a veces no hay remedio, como cuando murió mi padre, más me sigue incomodando.
– pero… – quiso agregar cuando sonó el timbre.

3.
M entró tras abrirle la puerta, me saludó (lívida) y se dirigió al sillón donde antes yo estaba sentado: los tres quedamos en silencio.

– ya te dijo? – preguntó al cabo tras ver el periódico en la mesa.
– sí – acepté y me adelanté a cualquier petición – una pena.
– necesito que me digas qué… – soltó.
– olvídalo! – señalé y me puse de pie.
– pero… – trató de convencerme, más la corté de tajo.
– no, tú eres espiritualista… y una bastante buena – aclaré – no me pidas hacer cosas que no me gustan: ya mi esposa se enteró de mis razones.
– primero escúchame… – insistió.
– absolutamente no – me aferré.
– me deben un favor… – soltó con frialdad mirándonos – y en el mundo espiritual los favores son cuestión de honor.

La miré con furia: eso era un chantaje y se lo hice saber, más se limitó a verme en silencio. Mi muerto quiso intervenir, pero era innecesario: era nuestra amiga, el suyo era violento y aquello no terminaría bien.

– no quería llegar a esto – se disculpó.
– ya lo hiciste – me serví un ron sin ofrecerle a ella y regresé al sillón.
– te pido que me escuches – pidió y me resigné.

4.
– la ventaja, como dije, es que mi hermano es el responsable de investigar este crimen, así que “podremos” entrar.
– eso es legal? – cuestioné.
– si ves al asesino lo será, porque aparecerás como un asesor de la policía que ayudó a que lo atraparan.
– qué le dirás a robocop? – me burlé de su pariente – que un brujo entrará a casa de las muertas, usará su videncia y verá qué pasó?
– sólo irán ustedes – aclaró señalándonos.
– a mi esposa no la metas en esto! – le advertí tajante.
– yo no puedo entrar – avisó M.
– si no fuera suficiente que tu hermano no me soporta y dice que no cree en las mamadas de videntes, tendré que aguantar sus burlas y caminar entre cadáveres!?
– ya se los llevaron – me ignoró.
– … voy a “ver” lo que sucedió! – me quejé.
– te puedo asegurar que en el fondo a mi hermano le interesa tu opinión… necesita una pista para aclarar los asesinatos; pero si me dejas terminar de explicarte entenderás por qué te necesito ahí – avisó.

5.
– y somos 9… éramos – corrigió luego de contar esa parte de su vida que hasta entonces no conocíamos.
– oye, a mí no me importa lo que hagas con tu espiritualidad – solté – pero cómo te metiste a esas prácticas tan… oscuras?
– eso es asunto mío.
– no, hemos ido a tus cátedras, bajas a tus guías para nosotros, vamos a tu templo y ahora me sales conque eres discípula de Darth Vadder?
– cada quien busca el modo de evolucionar – se escudó – ve tu caso: de Curandero te hiciste Espiritualista, luego Mayombero, Santero y ahora...
– ya! – la corté y traté de serenarme – así que piensas que el asesinato tuvo que ver con lo que ustedes hacían y no por ser ella prestamista?
– no sé – señaló – créeme: no me puedo involucrar, formo parte de ese círculo de 9 sacerdotisas y mientras no sepa qué sucedió, estoy en…
– párale! – la corté – me vale madre tu club de Harry Potter…
– hay detalles extraños – continuó – en la casa había dinero que el asesino no tocó, la puerta no fue forzada: señal de que ambas lo conocían y lo dejaron entrar, no hubo violencia sexual y lo raro es que…
– fueron tres – la interrumpí.
– comenzaste a ver? – exclamó – no debes hacerlo aquí: es en la casa…
– eres una jodida loca!! – le grité.

6.
El auto de M se detuvo en una esquina: habíamos llegado a la colonia Escandón tras convenir mi participación si mi esposa no se involucraba.

– no puedo acercarme más… ya te expliqué – tomó su celular, marcó a su hermano y al poco él apareció del lado de su portezuela: M bajó el cristal, a ella la saludó y conmigo se limitó a un movimiento de cabeza.
– me vas a meter en problemas – se quejó – y más si tu amiguito hace alguna tontería allá dentro.
– no te preocupes: sabe cómo hacerse invisible – dijo ambigua.
– vamos – ordenó tras resoplar.

Bajé del coche, lo seguí y al caminar sentí una punzada en mi estómago. Llegamos frente a un gran portón, el hermano de M hizo una señal a un uniformado (refiriéndose a mí), se rieron, mi muerto se presentó pero le indiqué que el escarmiento lo dejará para después: le pedí fuera por delante para cualquier sorpresa. Ingresamos.

Ya en el patio vi que todas las habitaciones estaban a oscuras y sentí escalofrío. Era un viejo caserón de dos pisos muy deteriorado. Me quedé en el umbral mientras robocop decía que a ambas las apuñalaron: a “la mujer en el baño, a la hija en la cocina y luego fueron colocadas sobre la cama de la madre en extraña posición”. Los policías entraron, encendieron las luces y los seguí.

Recorrimos la planta baja (en el baño y la cocina las manchas de sangre de las víctimas comenzaba a oxidarse), subimos y en la entrada de la recámara descubrí a L y V abrazadas: apenas me vieron comenzaron a narrar, entre gritos y lloriqueos, lo sucedido.

7.
Volvimos al auto en silencio. Una vez frente a M la náusea que me provocó ver (y escuchar) los detalles, me jugaron una mala pasada y vomité.

– olía feo, verdad? – se burló robocop cuando terminé – le llamamos “olor a muerte”: estuvieron ahí dos días hasta que una compañera del trabajo, extrañada por su ausencia, vino, trató de entrar y...

Me subí al auto y lo ignoré. Pedí a M nos largáramos de ahí, más su hermano no pensaba lo mismo.

– suelta: quién fue? – me preguntó exasperado.
– no sé… no pude ver nada.
– me imaginé que saldrías con esa mamada… valiente tu brujito – dijo, se despidió de M, dio un manotazo en el toldo y se alejó. Lo observé y pedí a mi muerto le diera una lección. Hicimos el trayecto en silencio.

8.
Al llegar me bajé del auto, M descendió pero me planté frente a ella dejándole claro que no iba a permitirle entrar a mi casa.

– fueron tres hombres – repetí y guardé para mi la conversación que tuve con ellas – nada relacionado con su negocio usurero.
– tiene que ver con nuestras ceremonias? – me cuestionó.
– ella se dedicaba a otras cosas esotéricas de las que ustedes no sabían.
– y quién fue? – me cuestionó – por qué no le dijiste a mi hermano?
– no diré más! – avisé y agregué – te he respondido lo que te interesaba, de lo demás no vi nada… con esto está pagado “el favor” – y le advertí – no vuelvas a cruzarte en mi camino!
– podrías convertirte en consultor esotérico de la policía – aventuró.
– vete a la chingada – le grité y me alejé.

Mi esposa observó la conversación desde el balcón de la sala. Abrí la puerta, me dirigí a la ducha y me bañé para quitarme el olor a muertas; me cambié de ropa, fui a la sala, me serví un ron y quedé en silencio: mi mujer me observó y supo que esa noche no se enteraría de lo sucedido. Apuré mi trago, me serví otro y de nuevo sentí la amenaza del vómito.

– no volveré a platicar con desencarnados – me prometí.

20 de agosto de 2018

Y el terremoto que destruirá méxico?



1.
Se acerca septiembre y comienzan a llegarme mails preguntado si ese mes sucederá (ahora sí) el terremoto que destruirá méxico? a lo que siempre reviro: cuál es la prisa de morirse?

Me asombra que se crea que ya es tradición que tiemble en septiembre o que solo será un gran sismo el que afectará parte del país, cuando ya se ha advertido que también habrá otros cataclismos.

Si bien algunos lo cuestionan, millones no ven las señales por estar metidos en trabajar, criar hijos, pagar deudas, soportar a su pareja, ir de compras, dormir, robar, ver televisión, comer, divertirse, vacacionar y/o joder al prójimo, actividades que podrían variar por el disfrute de excesos o al dar rienda suelta a los amores ilícitos.

2.
Antier comenté con una vidente que los mexicanos viven aburridos: existen con una actitud inducida al “aquí no pasa nada”. Me dio la razón, señaló que también lo percibía y que por ello, lo que se nos viene, hará que la sorpresa sea mayúscula.

- vamos a una cita sin remedio, el planeta en cualquier momento generará las peores catástrofes naturales de la historia - señaló.

¿Entonces, se trata de prepararnos para terribles terremotos, extremas sequías, grandes inundaciones y magnas glaciaciones? seré objetivo y diré que ante un embate de la naturaleza no hay prevención que valga.

¿Y por qué escribir de nuevo el tema? porque más que buscar sobrevivir deberíamos entender el origen de estos sucesos, ya que tras el terremoto de septiembre de 2017, por ejemplo, los siguientes dos días hubo temor mezclado con solidaridad, tras lo cual la gente volvió a una mezquindad potencializada: sí, no aprendemos.

3.
El mexicano solo sufre por lo que ve, su inmediatez es lo que le lleva a tratar de reaccionar sólo si su “estar” (su pasividad) se ve alterado; más no habrá lugar hacia donde moverse si las cosas se dan de acuerdo a lo que se percibe: imagínese al sobreviviente del gran terremoto parado ante las costas de Querétaro para tratar de ver hacia el sur y lo único que encontrará será mar… sí, Centroamérica quedará bastante lejos.

Hace tiempo sugerí a mis amistades preparar una despensa con agua embotellada y alimentos en latas: pocos me hicieron caso, más recién un amigo me llamó para burlarse:
- en vista de que no hubo temblores ya di cuenta con los enlatados.
- pero ya los sustituiste?
- no – dijo y soltó una carcajada? – para qué? a poco va a temblar?

4.
Tener videncia es incómodo, a veces, como me sucedió el 15 de julio pasado: me levanté y con esa sensación de que el tiempo se detuvo (aviso de que temblará). Salí rumbo al trabajo y cruzaba un puente cuando el tablero de mi auto se tiñó de rojo, me detuve, bajé, vi hacia el cielo, no hubo nada extraño y regresé a mi coche. Esa noche tembló después de las 20:00 hrs: no cobró desgracias personales, pero los avisos están ahí y pondré ejemplos de que no se necesita ser vidente para darse cuenta que algo sucede, es cuestión de leer las noticias:

- hasta hace poco los movimientos telúricos sucedían primero en Asia, luego en Suramérica y después en méxico.
- ahora se presentan en Medio oriente, se reflejan en Centroamérica, pero siguen terminando en méxico.
- debemos incluir otra novedad: se han dado cuenta que a partir de 2018 estamos padeciendo microsismos en la capital?

Parafraseando a Albert Gozlan: en este país no solo existe la ceguera espiritual, la intelectual avanza a pasos agigantados.

Así, nos enfrentamos a la ignorancia global al pensar que sólo temblará en méxico, cuando el planeta está plagado de sismos como lo demuestran Japón, Costa Rica, Indonesia, Fidji, Alaska y Nueva Zelanda en los últimos 10 días, entendiendo como terremotos a los mayores a 5 grados, aunque no generen víctimas mortales.

5.
También compartí con los cercanos las implicaciones del eclipse lunar del 27 de julio de 2018: mostraron desconcierto y quedaron a la expectativa, pero tras el fenómeno (sin que “pasara nada”), perdieron interés y dejaron de preguntar. Mi hija fue la única que insistió.

- luego del eclipse va a su suceder todo lo que dijiste? – me interrogó.
- lo de terremotos, liberaciones y demás?, sí…
- pero cuándo? - insistió.
- saaaabe – y me reí.
- dime! – reclamó.
- no: a la gente le gusta pensar que los cataclismos son como en las películas de desastres: creen que podrán verlos frente a su televisor o que vendrá a salvarles Dwayne Johnson (si es mujer la que está en peligro) o Gal Gadot (si es hombre).
- cuándo será el terremoto?
- puede ser mañana, en un mes, un año o cinco...
- dime!– insistió.
- si quieres sobrevivir múdate al norte del país y luego regresa a lo que quede de la capital, porque en cuanto comience a hundirse estados unidos méxico se convertirá en una isla.
- qué día sucederá todo eso?! – alzó la voz.
- insisto, no preguntes fechas: no sólo en méxico, sino en todo el planeta, pasarán cosas con el clima, pandemias y amenazas de guerra más interesantes que un sismo – avisé.

6.
Finalmente, sobre el terremoto, se debe señalar lo siguiente: no se piense que sólo sucederá, que con el paso de los meses el país recobrará la calma y que todos viviremos felices para siempre hundidos de nuevo en la adictiva pasividad.

No, tras ello la geografía de méxico cambiará, no viviremos con lo que hasta ahora se conoce y tendremos que adaptarnos a nuevas circunstancias de las que muchos renegarán, mas también debe quedar claro que vendrán otros sismos ya que el destino de este país, y de todo el planeta, es transformarse… ya sea mañana, en un mes, un año o cinco.