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13 de abril de 2020

Santería y niños soldado

1.
Es impresionante la cantidad de personas que vinculadas a actividades ilegales, se someten a rituales “extraños” o se inician en la Santería, Ifa y Palo Mayombe creyendo que les darán impunidad, aunque también existen aquellos que piensan que otro tipo de ceremonias les darán inmortalidad, inventadas por oportunistas, en nombre de la Santa muerte, San Malverde, la Corte Malandra o San Judas Tadeo.

Mientras se estrenó con más pena que gloria el patético film mexicano “Inquilinos”, sobre Santería y fantasmas, la película francesa “Johnny mad dog” (se traduciría como Juanito Perro Loco), sigue siendo un serio ejercicio de los límites del fanatismo religioso mezclado con la ignorancia en una atemporal África de los Orishas.


2.
Dirigida por Jean-Stéphane Sauvaire, está basada en la novela “Johnny Chien Méchant” de Emmanuel Dongala y versa sobre niños soldados que participan en una guerra civil, film que incluye una inquietante subtrama acerca de la Santería africana y los poderes que otorga portar elekes para evitar que las balas enemigas acaben con sus vidas.

El uso de talismanes y ebboses es una manipulación que ha existido a lo largo de la historia de las religiones, por ello no extraña que en la película los chicos, tras ser iniciados ante Eleggua, sean “acribillados” con balas de salva por su líder (un general llamado Never die), para demostrarles que son inmortales y puedan participar en el asalto final de los guerrilleros a la capital del país.

La manipulación religiosa que se hace de los niños va más allá de la fe con la que portan sus collares (con abundante presencia de Yemaya y cruces cristianas), mismos que llevan a afirmar a Johnny que sus elekes lo hacen invencible: escudados con ello roban, violan y matan con asombrosa frialdad, mientras su atavío militar incluye vestidos de novia, alas de hada, uniformes de futbol o ropas aludiendo a Eleggua.

La contraparte es Laokole: una niña que huyendo de la violencia, pierde a su hermano y ve morir a su padre. Su primer encuentro hace dudar a Johnny sobre su modo de vida, pero opta por seguir en el bandidaje, aunque más adelante otras situaciones hagan cimbrar esa certeza, como sucede al asesinar a un anciano, con biblia y rosario en mano, lo cual le deja perplejo al constatar que sus amuletos no le dieron inmortalidad.

Si bien esos conflictos existenciales son pasajeros, es la entrada a la ciudad, destruyendo y asesinando, lo que le lleva a enfrentar una realidad que ni sus creencias religiosas podrán remediar: el fin de la guerra junto con el odio que Laokole le profesa y que se manifiesta al rechazar un collar de Shango que Johnny pretende regalarle.

El film incluyó verdaderos ex niños soldado para dar realismo a las escenas, siendo que en muchas de ellas la presencia de Eleggua en la muerte de milicianos, y en los escenarios donde se impone la injusticia, lo convierten en un lúcido homenaje a la ironía.

Una película mordaz y brutal, pero a su vez emotiva y deslumbrante, en donde cada dosis de violencia da pie a un guiño humanitario, opacado por el odio irracional de las subsiguientes escenas, mismas que, pese a todo, no hacen perder la fe de que en algún momento las cosas cambien para los pequeños.


3.
Para los interesados en el tema, otra opción es “Beasts of no nation”, película dirigida por Cary Joji Fukunaga y ubicada en un país de África Occidental, aborda el mismo argumento, pero de manera sórdida, mostrando como la inocencia de los niños (a través del protagonista Agu), es envilecida para convertirlo en asesino, luego de la muerte de sus padres, tras caer en manos de rebeldes adultos dirigidos por el perverso líder a quien sólo se le conoce como “Comandante”.

Este film, basado en la aclamada novela del nigeriano Uzodinma Iweala, tiene interesantes apuntes de iniciaciones en la Osha y el Palo (también al estilo africano), para conseguir inmortalidad en las batallas, haciendo alusión con simbolismos a Eleggua y otros Orishas, incluyendo el culto de los Egúngún y destacando los colores de Orunla y cauris en el uniforme de los niños soldado.

Un film igual de interesante, aunque por momentos no oculte la óptica yanqui sobre el asunto (fue la primera producción realizada por Netflix), mas a diferencia del director de “Johnny mad dog”, Cary Joji Fukunaga consigue una desconcertante belleza visual detrás de la cámara que, junto con una fotografía que por momentos alcanza matices poéticos, hacen del culto Yoruba, atinadamente, un protagonista más y no el eje de la retorcida historia.

Es precisamente esa evocación lírica que el director combina con la mezquindad, el abuso, las mentiras, la crueldad y la violencia del mundo adulto, en contraposición con la fe, la solidaridad, la ingenuidad y la alegría de una inocencia infantil que se niega a ser interrumpida, lo que hace de “Beasts of no nation” una impresionante y recomendable trama shakesperiana (muy influenciada por Hamlet), cuya finalidad es incomodar al espectador a través de la ambigua redención de Agu.