Es impresionante la cantidad de personas que vinculadas a actividades
ilegales, se someten a rituales “extraños” o se inician en la Santería, Ifa y Palo
Mayombe creyendo que les darán impunidad, aunque también existen aquellos que
piensan que otro tipo de ceremonias les darán inmortalidad, inventadas por
oportunistas, en nombre de la Santa muerte, San Malverde, la Corte Malandra o
San Judas Tadeo.
Mientras se estrenó con más pena que gloria el patético film mexicano “Inquilinos”,
sobre Santería y fantasmas, la
película francesa “Johnny mad dog” (se traduciría como Juanito Perro Loco), sigue siendo un serio ejercicio de los límites
del fanatismo religioso mezclado con la ignorancia en una atemporal África de
los Orishas.
2.
Dirigida por Jean-Stéphane Sauvaire, está basada en la novela “Johnny Chien Méchant” de Emmanuel
Dongala y versa sobre niños soldados que participan en una guerra civil, film
que incluye una inquietante subtrama acerca de la Santería africana y los poderes que otorga portar elekes
para evitar que las balas enemigas acaben con sus vidas.
El uso de talismanes y ebboses es una manipulación que ha existido a lo
largo de la historia de las religiones, por ello no extraña que en la película los
chicos, tras ser iniciados ante
Eleggua, sean “acribillados” con balas de salva por su líder (un general
llamado Never die), para demostrarles
que son inmortales y puedan participar en el asalto final de los guerrilleros a
la capital del país.
La manipulación religiosa que se hace de los niños va más allá de la fe
con la que portan sus collares (con abundante presencia de Yemaya y cruces
cristianas), mismos que llevan a afirmar a Johnny que sus elekes lo hacen
invencible: escudados con ello roban, violan y matan con asombrosa frialdad,
mientras su atavío militar incluye vestidos de novia, alas de hada, uniformes
de futbol o ropas aludiendo a Eleggua.
La contraparte es Laokole: una niña que huyendo de la violencia, pierde
a su hermano y ve morir a su padre. Su primer encuentro hace dudar a Johnny
sobre su modo de vida, pero opta por seguir en el bandidaje, aunque más
adelante otras situaciones hagan cimbrar esa certeza, como sucede al asesinar a
un anciano, con biblia y rosario en mano, lo cual le deja perplejo al constatar
que sus amuletos no le dieron
inmortalidad.
Si bien esos conflictos existenciales son pasajeros, es la entrada a la
ciudad, destruyendo y asesinando, lo que le lleva a enfrentar una realidad que ni
sus creencias religiosas podrán remediar: el fin de la guerra junto con el odio
que Laokole le profesa y que se manifiesta al rechazar un collar de Shango que Johnny
pretende regalarle.
El film incluyó verdaderos ex niños soldado para dar realismo a las
escenas, siendo que en muchas de ellas la presencia de Eleggua en la muerte de milicianos,
y en los escenarios donde se impone la injusticia, lo convierten en un lúcido homenaje
a la ironía.
Una película mordaz y brutal, pero a su vez emotiva y deslumbrante, en
donde cada dosis de violencia da pie a un guiño humanitario, opacado por el
odio irracional de las subsiguientes escenas, mismas que, pese a todo, no hacen
perder la fe de que en algún momento las cosas cambien para los pequeños.
3.
Para los interesados en el tema, otra opción es “Beasts of no nation”, película
dirigida por Cary Joji Fukunaga y ubicada en un país de África Occidental, aborda
el mismo argumento, pero de manera sórdida, mostrando como la inocencia de los
niños (a través del protagonista Agu), es envilecida para convertirlo en
asesino, luego de la muerte de sus padres, tras caer en manos de rebeldes adultos
dirigidos por el perverso líder a quien sólo se le conoce como “Comandante”.
Este film, basado en la aclamada novela del nigeriano Uzodinma Iweala, tiene
interesantes apuntes de iniciaciones en la Osha y el Palo (también al estilo
africano), para conseguir inmortalidad en las batallas, haciendo alusión con
simbolismos a Eleggua y otros Orishas, incluyendo el culto de los Egúngún y destacando
los colores de Orunla y cauris en el uniforme de los niños soldado.
Un film igual de interesante, aunque por momentos no oculte la óptica
yanqui sobre el asunto (fue la primera producción realizada por Netflix), mas a
diferencia del director de “Johnny mad dog”, Cary Joji Fukunaga consigue una desconcertante
belleza visual detrás de la cámara que, junto con una fotografía que por
momentos alcanza matices poéticos, hacen del culto Yoruba, atinadamente, un protagonista
más y no el eje de la retorcida historia.
Es precisamente esa evocación lírica que el director combina con la
mezquindad, el abuso, las mentiras, la crueldad y la violencia del mundo
adulto, en contraposición con la fe, la solidaridad, la ingenuidad y la alegría
de una inocencia infantil que se niega a ser interrumpida, lo que hace de “Beasts
of no nation” una impresionante y recomendable trama shakesperiana (muy
influenciada por Hamlet), cuya finalidad es incomodar al espectador a través de
la ambigua redención de Agu.

